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Televisión Basura: algunas reflexiones

Hoy quiero hacer unas breves reflexiones sobre el tema de la Televisión Basura, tema que preocupa notablemente a un grupo de personas de la sociedad contemporánea y que, de alguna manera, se halla presente de forma muy intensa en los horarios de la televisión de los distintos países, y que son programas que, en general, son mirados por chicos y adolescentes.

Voy a hacer algo inusual: voy a dejar de demonizar a la televisión basura en sí misma, los cuales son esos programas que en cada país tienen sus nombres propios y que cada uno conoce, y en cambio, voy empezar a reflexionar sobre qué nos pasa a nosotros, los seres humanos, que necesitamos o que nos abocamos a mirar este tipo de programas.

Quiero partir con un ejemplo muy elemental y que tiene que ver con el reino animal. Si nosotros vemos o tenemos un animal, un perro por ejemplo, y ese perro lo vemos que periódicamente come basura, tenemos dos maneras de mirar el problema de que el perro come basura: una manera implicará centrarnos en la basura y decir: “¿Qué pasa con la basura? Es mala la basura! Hay que eliminar la basura”. Otro modo implicará centrarnos en el perro y decir: “¿Qué le pasa al perro que come basura?”. ¿Qué pasa con él que come algo que le hace mal, que lo enferma y que lo daña?

Son dos enfoques completamente distintos.

Un modo dice: “Es mala la basura”, y se orienta hacia que el problema es la basura, a la cual hay que sacarla, hay que eliminarla del campo de acción del perro. Y otro modo es pensar en lo siguiente: “¿qué le pasa al perro que come basura?” Porque no es normal que coma basura, porque le hace mal, porque lo daña, porque lo enferma. Aquí el problema ya no será la basura sino el perro.

Y podemos llevar esto al caso que estamos pensando: El ser humano y la televisión basura.
Hablamos de la televisión basura en el sentido de programas de televisión de baja calidad, o de muy baja calidad, que van en contra de los valores y aspiraciones más profundos de los seres humanos, y que incluyen a todos los contenidos que ya conocemos de dudosa calidad, en la consideración de los cuales no vamos a detenernos porque no es el caso. Pero si nosotros vemos un ser humano abocado diariamente a mirar dos, tres, cuatro horas de televisión basura, ¿qué vamos a hacer? ¿Vamos a decir: “Es mala la televisión basura”; “Son malos los que hacen la televisión basura”; “Habría que prohibir los programas de televisión basura”?

Podremos decir también:
“Qué barbaridad este nuevo programa, miren lo que hacen, miren los demonios que han hecho este programa!”, refiriéndonos a los productores y a los conductores de este programa a los cuales a veces se los demoniza. Ese es un modo de plantear el problema, como ya digimos. Y el otro modo es: “¿Qué le pasa al ser humano, qué pasa en su corazón y en su alma con esa persona que pasa tantas horas mirando este tipo de programas?”.

Al igual que el perro que comía basura: ¿qué le pasa a este ser humano que come basura y que la mete por sus ojos y llena su alma y su corazón de este tipo de cosas? Y reo que aquí está la clave del problema. Digamos que no vamos a poder evitar nunca, como el perro no va a poder evitar encontrarse con basura cuando va caminando por la calle, encontrarnos con programas de muy baja calidad, pero sí vamos a poder evitar, o vamos a poder encontrar un camino para poder evitar, a través de la reflexión sobre lo que pasa en nosotros, consumir este tipo de programas.

La pregunta, en definitiva, debe ser: ¿Qué pasa en las familias donde los padres permiten a los hijos ver programas de televisión basura? ¿Por qué los dejan alimentarse con basura, llenar su alma de cosas malvadas o de contenidos de baja calidad? ¿Qué pasa en ellos? Olvidémonos de la basura; orientémonos a preguntarnos qué pasa en el ser humano, en su corazón.

Y de este modo, si nosotros pensamos de esta manera, en realidad debemos agradecerle a la televisión basura. Yo creo que hay que agradecerle. Como hay que agradecerle a la basura que come el perro.

¿Por qué? Porque si yo veo al perro comiendo basura, me voy a dar cuenta que el perro está enfermo. Entonces yo le puedo agradecer a la basura que me haya mostrado que el perro está enfermo, porque si no hubiera existido la basura, yo no me hubiera dado cuenta. No hubiera visto el síntoma que me muestra la enfermedad. El síntoma no es la enfermedad sino un producto de la enfermedad, y generalmente confundimos el síntoma con la enfermedad.

Del mismo modo tenemos que agradecerle a los gestores de la televisión basura que hagan sus miserables programas porque, cuando nosotros consumimos esos programas, podemos darnos cuenta de que nuestro corazón y de que nuestra alma está enferma. Y por eso debemos agradecerles, porque nos invitan a recorrer un camino para descubrir qué nos pasa a nosotros que consumimos esas cosas que nos hacen mal, que nos dañan, que no nos ayudan a crecer, que nos hunden en la depresión, que nos hacen peores seres humanos. ¿Qué pasa con nosotros que consumimos eso? ¿Qué pasa en las familias donde es un hábito durante la cena mirar ese tipo de programas? ¿Qué pasa con estas familias!!!!?

Este es el síntoma no es la enfermedad. La enfermedad está en el corazón del ser humano.

Entonces la idea de estas reflexiones es poder empezar a descubrir que no es mala la basura, ni es mala en sí misma en un sentido que hay que eliminar la televisión basura. Dejémosla porque no la vamos a poder eliminar. Lo que sí vamos a poder cambiar es lo que está en nuestras posibilidades de acción, en nuestro obrar. Nosotros vamos a poder descubrir qué pasa en nosotros que necesitamos llenarnos con estas cosas. Debemos descubrir qué vacíos estamos cubriendo con estos sistemas de evasión y de menosprecio de la naturaleza humana.

¿Qué pasa en nosotros? Esta es la pregunta primordial.

Y este camino es el que tenemos que recorrer: el camino de descubrir qué pasa en nosotros. ¿Qué sentido tiene nuestra vida, qué sentido tiene la de nuestra familia? ¿Realmente amamos a nuestros hijos si los dejamos exponerse a este tipo de programas? ¿Cuál es la enfermedad que tenemos por la cual comemos y nos alimentamos de basura? ¿Cuál es la enfermedad de nuestra alma? ¿Cuál es, el sinsentido, la depresión, cuál es? Eso es en lo que hay que indagar y, en todo caso, nos mostrará lo que hay que curar.

No nos propongamos eliminar la TV Basura, agradezcámosle que nos muestre la enfermedad de nuestra alma porque al mostrárnosla vamos a tener la posibilidad de curarla, de descubrir cuál es esa enfermedad y de recorrer un camino de sanación.

Es fácil demonizar a la TV basura o a sus creadores. Lo difícil es mirar para adentro, a nuestro interior, y comenzar a reflexionar sobre nuestra contingencia existencial, sobre nuestra vida limitada, sobre el sentido de la misma y sobre lo que queremos para la misma.

La hora de evadirse culmina cuando tú lo decides.

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El liderazgo Multifocal

Hoy quiero compartir con ustedes algunas ideas sobre modelos de liderazgo que funcionan mejor que otros que son más antiguos y que yo llamo, a unos “unifocales”, si hablamos de los que no funcionan tan bien y que lamentablemente siguen dominando el liderazgo en las organizaciones y en las empresas, comparado con otro estilo de liderazgo que proviene de un desarrollo conceptual propio, y que llamo “multifocal”.

• Liderazgo unifocal vs. Liderazgo multifocal
Es provechoso comparar los dos modelos, ver qué características tiene cada uno de ellos, y ver cuáles son sus ventajas y desventajas para, finalmente, descubrir por qué uno de ellos es más eficiente que el otro. En función de esta reflexiones podremos darnos cuenta por qué algunas organizaciones siguen teniendo problemas de liderazgo, lo cual nos va a llevar a la idea de que se siguen aplicando estrategias de liderazgo que son, de por sí, ineficientes.

Todo sistema de liderazgo se compone de muchos elementos que se podrían tomar para un análisis, pero vamos a tomar los tres más importantes.

En primer lugar una visión. ¿Qué es la visión en el liderazgo? La visión, dicho en forma sencilla, es aquello que se quiere alcanzar en el futuro, y es sinónimo de objetivo o meta. Es aquello que una organización o una empresa quiere lograr a futuro mediante el ejercicio del liderazgo entre el líder y las personas que son lideradas por el líder. De este modo, la visión es la construcción, si se quiere ideal, de aquél estado futuro que se quiere alcanzar por medio de la organización en donde el liderazgo está funcionando. Esta visión puede ser de mediano o de largo alcance, aunque también de corto alcance. Hay visiones integradas que poseen dentro de sí visiones más pequeñas, pero la idea principal es que la visión es aquello hacia lo cual se aspira llegar, dado que es como el diseño del futuro hacia el cual la organización aspira a acercarse. La organización, como conjunto integrado de personas que persiguen un objetivo, tiene su razón de ser porque dicha visión no se puede alcanzar mediante el acto de una sola persona.

El segundo elemento que vamos a considerar es “el líder” y, el tercer elemento, las personas, los seres humanos, a los que el líder conduce, guía o lidera. Entonces, en función de estos tres elementos, vamos a analizar dos modelos de liderazgo donde, en cada uno de ellos, los tres elementos mencionados se interrelacionan de manera diferente.

El ser humano, por su naturaleza intelectual, por ser un ser racional, tiene que poder entender aquello que persigue, aquello que busca alcanzar, y por entenderlo, si lo considera bueno, puede llegar a desearlo, de tal manera que lo atraiga, y por ende pueda ir en pos de ello. Esto es algo típicamente humano, algo que tiene que ver con su naturaleza racional y con su naturaleza libre. El ser humano tiene que poder elegir los fines hacia los cuales se dirige. Ésta es la clave de la libertad.

¿Qué pasa con respecto a su eficiencia comparada entre lo que yo llamo el “liderazgo antiguo” o “liderazgo a la vieja usanza” o el “liderazgo unifocal”, que es lo que más domina en las empresas y es uno de los sistemas de liderazgo menos eficientes, y el “liderazgo multifocal”?

En el liderazgo unifocal tenemos, por un lado, la visión y tenemos, por otro lado, un líder que funciona como el único que es capaz de ver o contemplar la visión. El líder es un ser “iluminado” -término utilizado en forma peyorativa, porque de iluminado no tiene nada- en estas organizaciones, es el único que sabe, el único que conoce, el que tiene la verdad, el que tiene la “precisa”. Él es el único que está en contacto con la visión. Y este tipo de líderes se hace seguir ciegamente por sus liderados, por las personas a las que guía. Las personas que funcionan dentro de este modelo no están usualmente en contacto con la visión, sino que están en contacto con las órdenes de un líder que se hace seguir ciegamente, porque él es el único “iluminado” que puede llegar a vislumbrar las grandezas de la visión. Ésta es una forma de liderazgo típico que llamo “unifocal”, porque tiene un solo foco de liderazgo que es el líder. Hay un solo líder en este tipo de organizaciones, o en cada grupo de liderazgo dentro de la organización, y las personas que los siguen son seguidores ciegos porque no ven ni comprenden la visión que se aspira a que la organización logre.

Los seguidores son seres humanos transformados en autómatas ciegos que siguen los designios autoritarios de un líder que es un visionario y que es un ser iluminado. Dentro de este modelo, la relación entre el líder y los liderados es pésima, de odio, plena de ocultos rencores, dado que nos encontramos ante el tradicional “jefe”: un jefe malvado y autoritario que utilitariamente abusa de sus subordinados. El precio personal que pagan las personas por estar inmersas en estas organizaciones es terrible: enfermedades, estrés y afecciones similares, porque el ser humano que está diseñado por su naturaleza racional para entender, ser atraído y elegir el fin que persigue, se le niega o se le dificulta esa posibilidad, y no entiende, ni ve, ni se siente atraído por nada, y se transforma en un autómata que no sabe para qué hace lo que hace.

Muchas de las personas que nosotros vemos en las organizaciones donde hay problemas de liderazgo y donde nos consultan, no entienden las razones últimas de su actuar, saben lo que tienen que hacer en lo inmediato, como si fueran una serie de pasos mecánicos, pero no entienden ni comprenden por qué razón última hacen lo que hacen. No comprenden qué finalidad persiguen más allá del hecho concreto de hacer algo, es decir, qué finalidad mayor persigue ese acto de hacer algo. Es un tipo de liderazgo ciego.

Antoine de Saint-Exupéry ilustró magistralmente esta realizada con el siguiente comentario:

“Un montón de piedras dejan de ser simplemente un montón de piedras, en el momento en que un solo hombre las contempla dibujando dentro de sí la imagen de una catedral.”

En el liderazgo unifocal, las personas solo se encuentran acotadas a la visión del mundo inmediato de las “piedras”, pero no pueden acceder a la contemplación “la catedral” posible.

El modelo de liderazgo que propongo, y que se encuentra explicitado en mi libro “La esencia del liderazgo”, es un liderazgo que llamo “multifocal”, de muchos focos. Ya no es el líder el único que está en contacto con la visión, ya no es él el único que vislumbra la catedral, sino que el líder sale de ponerse entre medio de la visión y de los liderados, y se coloca a un costado, y su mayor labor, su tarea más importante, va a ser la de transmitir y despertar el deseo de la visión en sus liderados: mostrarles la catedral posible. Ésa va a ser la tarea del líder en este nuevo modelo de liderazgo multifocal.

El líder debe conectar la visión y los liderados
El líder va a tener la tarea de poner en contacto a cada uno de los liderados con la visión, y mantener viva esa visión en ellos, para que esa visión pueda atraerlos y para que puedan elegirla libremente. Es un modelo completamente diferente al anterior. Aquí el líder no es un ser iluminado, porque no es el único que está en contacto con la visión. Todos de alguna manera son iluminados, cada uno a su modo, cada uno con sus particularidades y con sus especialidades. Todos paulatinamente se van transformando en líderes de la organización. En el liderazgo unifocal esto se nos niega, no podemos elegir lo que hacemos, ya que prácticamente somos autómatas; pero en el liderazgo multifocal vamos transformándonos en líderes de lo que hacemos día a día, y nos encontramos con el desafío adicional de ver cómo integramos en nuestra vida eso que hacemos día a día para alcanzar la visión de la organización. Entonces el líder, en este modelo, se corre a un costado: aparece un acto de humildad del líder ya que dejará de ser el único apto para contemplar la catedral posible. En el modelo anterior, el líder era más bien autoritario porque debía imponer la visión que él veía a sus seguidores ciegos, que pobrecitos no entienden ni ven.

En el nuevo modelo hay un acto de humildad, ya que todos se encuentran en contacto con la visión -con la catedral- y la labor del líder, vuelvo a repetir esto porque es fundamental, es transmitir esa visión a los liderados y mantenerla viva para que la visión trabaje por sí misma atrayendo a los liderados, y no tengan que ser arriados como ganado, como sucede en el liderazgo unifocal, lo cual se realiza a través de premios y castigos, sueldos mayores o menores, y otras estrategias similares. Uno es el ámbito de la animalidad y el otro es el ámbito de la libertad, donde las personas integradas en conjunto pueden desarrollarse en forma simultánea para alcanzar la visión de la organización y, además, algo que es muy importante: la visión personal que cada uno de los liderados tiene y por las cuales están trabajando en esa organización. En el liderazgo unifocal esto último no está contemplado, ya que pareciera que las personas solamente trabajan por un sueldo y que no tienen deseos, visiones o aspiraciones personales. De eso se olvida ese sistema de liderazgo, y es uno de los errores más graves que comete.

La visión personal y la visión organizacional
Las personas, cuando van a trabajar a una organización, llevan consigo sus aspiraciones y sus deseos personales, los cuales quieren lograr conjuntamente conjuntamente con el logro de la visión de la organización. Las dos cosas van juntas y de la mano. ¿Cuáles son esos deseos y aspiraciones personales? El sueldo, pero el sueldo o el dinero que ganan en función de qué pueden lograr con eso, porque no es el dinero en sí mismo a lo que se aspira ya que es un medio para otras cosas. Es la educación que les pueden dar a sus hijos, el hogar que pueden tener, la manutención que podrán proveer a su familia, el auto al que pueden aspirar, su desarrollo profesional, las vacaciones, etc. Todas esas cosas son las que cargan las personas individuales cuando van a una organización. Y juntamente con esos deseos y esas visiones personales, se encuentra la visión de la organización, y ambos tipos de grupos de visiones se tienen que poder ir alcanzando paulatinamente. Esto en el modelo de liderazgo unifocal no existe ni es tenido en cuenta ya que no importan los deseos y las aspiraciones de las personas. Las personas son simplemente algo que se compra por un sueldo y, al comprárselas por un sueldo, el líder o la organización será dueño de la voluntad de esas personas. Por eso esto es violatorio de la naturaleza del ser humano.

Y si empezamos a considerar la efectividad de ambos modelos, es claro y salta a la evidencia de nuestros ojos que el modelo multifocal es muchísimo más eficiente que el modelo unifocal. Lo que sucede, sin embargo, es que algo será difícil: transformar una organización que funciona de un modo en el otro modo. Pero más que eso, ya que el desafío mayor será ver cómo transformamos un líder de un tipo de liderazgo en un líder de otro tipo. Ahí se encuentra el gran desafío. Ése es el trabajo que nosotros hacemos como consultores en las empresas ayudando a transformar un modelo en otro. Pero más que nada, lo que hay que transformar es al líder, porque lo demás se adapta automáticamente a lo que el líder hace.

Ése es el gran desafío: transformar un líder autoritario, iluminado, que él sabe y sólo él a qué se debe aspirar, en un líder humilde, donde todos se transforman en líderes, donde la voz de cada persona cuenta, donde todos tienen algo para decir. Ahí está el desafío de las organizaciones que tienen que transformarse de un modelo hacia el otro.

Sin embargo, este modelo, el liderazgo unifocal donde hay un solo líder, es el que prácticamente sigue dominando, ya bien ingresados en el siglo XXI, las organizaciones. Curiosamente este modelo que no funciona, o que es muy ineficiente, y que se cobra un precio muy alto además de la ineficiencia para la organización, en la salud de las personas, en su felicidad, en su bienestar, es lo que sigue dominando. Y ésta es una pregunta interesante: ¿Por qué un modelo de liderazgo que es tan ineficiente, algo por lo cual hay que pagar un tan alto precio, tanto en la efectividad de la organización como en la de las personas que la integran, se sigue ejercitando? Básicamente porque, nos parece, no se ha sabido proponer un modelo novedoso que lo sustituya. Todas las novedades que hay en liderazgo parecen seguir dando vueltas sobre el viejo modelo, y si uno lee los libros que siguen saliendo sobre liderazgo, cuyos títulos rezan: “10 pasos para transformarse en un líder”, “Los 8 pasos para esto” o “El protocolo para hacer aquello”, vemos dónde está el problema. Porque no se trata de los 10 pasos o del mecanismo que hay que seguir para seguir ejerciendo un modelo de liderazgo que ya no funciona, sino que debe tratarse de cambiar desde la base el modelo de liderazgo en función del cual funciona la organización. Y eso es lo que no se ha hecho porque no hay, nos parece, o hay poca gente que proviene de ámbitos filosóficos reflexionando sobre estos temas.

Entonces la idea básicamente es ésta: si su organización o la organización en la que usted está inmersa no funciona, la gente está disconforme, se la trata mal, el líder es un líder autoritario y que es visionario en el sentido indicado y los seguidores son seguidores ciegos, seguramente se encontrará funcionando bajo el modelo de liderazgo unifocal, y debe saber que es un modelo que al ejercerlo se paga un muy alto precio en distintos aspectos. Debe saber también que este modelo se puede transformar en otro más eficiente. No es difícil, pero debe haber un compromiso de la organización, especialmente de los directivos y de los líderes.

Nosotros nosotros como consultores nos especializamos en ayudar a las organizaciones a transformarse de un modelo hacia el otro. Y para los que no pueden acceder a nuestros servicios de consultoría pueden adquirir el libro “La esencia del liderazgo” donde desarrollo todo este modelo y explico cómo debe entenderse el proceso de pasar de un modelo hacia el otro.

Esto básicamente es todo, quería transmitirles la idea y el concepto de este nuevo desarrollo del liderazgo multifocal y para que empecemos a reflexionar en nuestras organizaciones, en nuestras familias que también es una organización basada en el liderazgo, por qué funcionan, por qué no y por qué a veces encontramos ciertas limitaciones o impedimentos a la hora de alcanzar la visión que esa organización se propone.

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Cómo superar una crisis

Por Hugo Landolfi
Autor del libro “De víctima a protagonista

Hoy quiero explicar mis reflexiones un tema sobre el cual recibo muchas consultas y que se relaciona con lo que las personas llamamos “Crisis”, y que incluye a ciertos tipos de crisis vitales, problemas acuciantes de la vida, que nos colocan frente a un problema ante el cual mostramos serias dificultades para solucionarlo.

¿Qué pasa cuando en la vida estamos ante lo que llamamos una crisis? ¿Qué es una crisis? Habitualmente implica la presencia de un hecho, de algo que sucede o acaece súbitamente, frente a lo cual nuestras estrategias para afrontarlo comienzan a tener dificultades en cuanto a su efectividad porque ese hecho, de alguna manera, atenta contra el modo de pensar o el modo de vivir que teníamos hasta ese momento. Las estrategias que hasta ese momento eran efectivas para vencer las dificultades vitales comienzan a dejar de serlo. La “teoría” con que afrontábamos los problemas de la vida de pronto se muestra insuficiente.

Si ejemplificamos esto mediante una metáfora podemos decir que afrontar una crisis es como perder la seguridad del piso sobre el cual estamos parados. Toda persona en crisis siente que aquellas seguridades, o aquellas firmezas donde se encontraba asentado, empiezan a moverse, comienzan a estar flojas, y ahí empieza a aparecer la incertidumbre, la inseguridad, es decir, todas esas cuestiones que ya conocemos las personas que hemos tenido crisis a lo largo de la vida.

Esto se puede ilustrar mediante un gráfico sencillo en dos ejes, donde ponemos el tiempo en un eje y algo que podríamos denominar “incertidumbre” en el otro, siendo este uno de los elementos que más varía en toda crisis. Normalmente vemos que a lo largo de la vida, en distintos aspectos de la misma, vamos teniendo ondulaciones en cuanto a la certidumbre y a la seguridad. Por ejemplo, uno de los aspectos de la vida que podemos evaluar según este criterio son las relaciones interpersonales. Dichas relaciones nos dan un mayor o menor grado de seguridad o certidumbre, de tal modo que si graficamos a lo largo del tiempo nuestra línea de relaciones vamos a ver que es algo ondulante con algunos picos, algunos valles, pero más o menos se mantiene la variabilidad dentro de una línea y de unos ciertos márgenes.

Podemos graficar otro elemento de la vida como, por ejemplo, el trabajo, que implica el dinero que ganamos, lo que podemos hacer con ese dinero, el hecho de comprarnos una casa, de pagarnos nuestro sustento, el de nuestros hijos y el de nuestras familias; y también vemos que podría asociarse a una curva similar a la anterior con picos y con valles. “Relaciones” por un lado, “trabajo” por otro, y podemos agregar un tercer elemento que podría ser algo relacionado con la “fe religiosa”. Ella también muestra oscilaciones a lo largo de la vida, sube, baja, pero mientras la variabilidad se mantenga más o menos dentro de ciertos márgenes que ya conocemos, la crisis no aparecerá porque ya estamos acostumbrados a esa variabilidad en la certidumbre o en la incertidumbre y podemos hacer pie bastante seguros frente a dichas variaciones.

Ahora bien: ¿qué pasa cuando en algunos de estos aspectos aparece una variación muy intensa? Vamos a poner por ejemplo el caso donde en una de nuestras relaciones, una relación que puede ser con un padre o una madre, una relación de pareja, con hijos o hijas, aparece una pérdida de certidumbre muy importante. Venimos marchando tranquilos por la vida y, de pronto, tenemos una verdadera crisis. Algo importante sucede que nos aumenta la incertidumbre sobre todas aquellas cosas que en la vida nos daban certidumbre, y nos colocan frente a una situación nueva porque, cuando estábamos manejando anteriormente las pequeñas variaciones de incertidumbre, no nos poníamos a pensar determinadas cuestiones sobre la vida, que sí determinadas crisis nos llevan a pensar. Cuando estas cosas pasan, se comienzan a disparar en la vida de las personas lo que yo llamo, o lo que se llama: “Reflexiones filosóficas”. De golpe empezamos a pensar sobre la vida, sobre qué es la vida, sobre para qué estamos aquí, sobre la naturaleza de aquella cosa que generó la crisis, sobre hacia dónde vamos, preguntas que antes de la crisis no estaban presentes en forma consciente en nuestra vida.

O sea que la crisis nos pone de cara, al moverse nuestro piso, frente a las preguntas más importantes de nuestra vida. Preguntas que usualmente son de carácter filosófico. Y preguntas sobre las que habitualmente en la vida normal, de no mediar una crisis, no tenemos presentes en forma consciente. Es como si viviéramos alejados, olvidados, de las cuestiones más importantes de la vida.

Pero: ¿qué sucede si tenemos una crisis en un aspecto o variable de la vida pero en los otros aspectos las cosas se mantienen más o menos similares? Generalmente cuando acaece una crisis importante en uno de los aspectos de nuestra vida, tenemos un gran aumento de la incertidumbre, pero usualmente ese aumento de la incertidumbre no una cosa sumamente grave, aunque en ocasiones puede llegar a serlo. Dicha crisis “menor” nos llevará a cuestionarnos determinadas cosas pero, como todavía podemos hacer pie en otros aspectos de nuestra vida que aún se encuentran firmes, como por ejemplo el conservar un buen trabajo o mantener una fuerte fe religiosa, o si perdemos el trabajo y nuestras relaciones nos siguen apoyando y estimulando, en general se puede salir medianamente airoso de estas situaciones.

Entonces: ¿qué pasará cuando en la vida aparecen crisis graves que son simultáneas? Por ejemplo, supongamos que estamos en una situación en la que tenemos relaciones que vienen más o menos bien y de golpe se derrumban. Además, tenemos un trabajo que viene más o menos bien sostenido y lo perdemos. Y, finalmente, perdemos nuestra fe religiosa. Aquí tenemos una gran crisis, lo cual a algunas personas “se las lleva puestas” porque pierden todas las seguridades y las certidumbres que antes tenían, y se derrumban completamente. Esto pasa cada tanto en la vida y, si bien nos ponen frente a las preguntas más importantes de la vida que son filosóficas, a veces no tenemos herramientas para responderlas. Y no tenemos en ninguno de los aspectos de nuestra vida elementos dónde apoyarnos porque todos han caído. Usualmente la persona que se encuentra en esta situación tampoco puede ver el futuro de un modo optimista. El mismo aparece como una caja negra. Piensa que todo va a quedar derrumbado para siempre. El pesimismo se hace presente.

Pero si miráramos la vida como si pudiéramos abstraernos de la misma para observar estas grandes crisis a distancia, percibiremos que nuestras grandes crisis generalmente llevan hacia una recuperación, e incluso una crisis puede servir para elevar alguno de los aspectos anteriores a una altura mayor de certidumbre. Por esto no debemos olvidarnos que no debemos ser completamente negativos ante una grave crisis porque usualmente el futuro conlleva a una recuperación de esas crisis y a veces, en alguno de sus aspectos, una superación del estado anterior de certidumbre.

Cuando suceden estas crisis “mayores”, aparecen los suicidios, las adicciones, las drogas, el alcohol, etc. Algunas de estas crisis pueden implicar hechos graves como la pérdida de un hijo, de una madre, de un padre, que pueden combinarse con la pérdida de un trabajo muy importante o con la pérdida de la fe, aquella certidumbre más grande que podemos tener sobre la vida.

Hay muchos aspectos de la vida que cuando se juntan en crisis hacen que el desafío de la persona para superarla sea mucho mayor. Entonces: ¿Qué hacer frente a estas cosas?

Primero: no desesperar. ¿Por qué no desesperar? Porque no debemos enfocarnos solamente en el presente de la crisis olvidándonos del futuro. El futuro usualmente nos mostrará que muchos de esos aspectos se van a solucionar y que algunos van a ser incluso superados del estado anterior en el que veníamos. La esperanza en el futuro es clave para superar una crisis.

Segundo: buscar apoyo. Apoyo profesional, un coach, un psicólogo, un filósofo, un terapeuta, un amigo, etc. No quedarnos quietos esperando que las cosas se solucionen “mágicamente”.

Tercero: detenernos a pensar las cuestiones filosóficas de la vida ante la cual la crisis nos pone violentamente de frente. Pensar, reflexionar, volver a conectarnos con las cosas más importantes de nuestra existencia. Recuperar la fe, recuperar aquellas cosas que hemos perdido. Y todo esto seguramente nos va a reorientar hacia una vuelta a la certidumbre y a la seguridad que la crisis de la vida nos ha quitado.

Así que éstas son simplemente algunas ideas para que reflexionemos sobre algo tan importante en la vida del hombre y del ser humano que son las crisis y frente a lo cual ninguna persona puede decirse que se encuentra ajeno a sufrirlas.

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De víctima a protagonista: Explicación de un caso

Uno de los problemas que más habitualmente poseen las personas es que se encuentran estancadas en la vida. Esto se manifiesta ciertamente en diversos aspectos de la misma como el trabajo, las relaciones interpersonales, los proyectos personales de diverso tipo, etc., etc.

¿Quién de nosotros no ha estado en un trabajo donde no era posible progresar? ¿Quién no ha tenido un proyecto personal estancado durante mucho tiempo? ¿Quién no ha tenido dificultades crónicas en sus relaciones interpersonales, especialmente con su pareja, amigos, etc.?

En todo orden de la vida existen dificultades que aparecen periódicamente. El problema no es que las dificultades aparezcan sino que las mismas tengan el poder de detener nuestro avance, de estancarnos.

Aquí debemos reconocer que toda dificultad que nos estanca debe tener nuestro aval para hacerlo. Si nosotros no se lo permitimos, ninguna dificultar podrá detenernos. A lo sumo podrá demorarnos.

¿Cuándo le damos el aval a una dificultad para detener nuestro avance?

Personalmente creo que se lo damos cuando adoptamos una actitud de víctimas frente a dicha dificultad. Veámoslo con un ejemplo tomado de un caso laboral donde una persona, Ariel, se queja de que no puede progresar en su trabajo:

“En la empresa en que trabajo es imposible progresar. Nadie puede hacerlo. Además, mi jefe no me soporta y nada de lo que yo haga le sienta bien. Ya no sé qué hacer para progresar allí, y como cualquier cosa que haga parece no funcionar, me quedo sin hacer nada”.

Ariel explica su imposibilidad para progresar en la empresa donde trabaja mediante factores ajenos a él mismo. Su estancamiento se debe, según su relato, a que “en la empresa en la que trabajo es imposible progresar” y en que “mi jefe no me soporta”.

Lo interesante es que seguramente Ariel tenga razón en lo que dice, pero NO reconoce que esa es solo una parte de la historia. Ariel se victimiza en su relato para manifestar que su estancamiento no depende de él sino de lo que sucede en la empresa y con él mismo. Explica su estancamiento por sus circunstancias.

¿Por qué su relato no incluye alternativas de explicación que lo ayuden a solucionar su problema en vez de mantenerlo estancado?

Victimizarnos es la mejor manera de hacer que nuestros problemas y dificultades se hagan crónicos. Y lamentablemente es una estrategia que utilizamos una y otra vez.

La clave para encontrar una solución a esto es transformar nuestro relato “De víctima a protagonista”. El protagonista no es ingenuo. No dice: “no hay dificultades”, sino que dice “relataré la historia dándole preponderancia a las situaciones que pueden sacarme de mi estancamiento”.

¿Cómo sería el relato de Ariel si hiciera esto? Veamos:

“Sé que en la empresa en que trabajo es imposible progresar pero, si quiero progresar y sé que aquí no puedo, debo comenzar a pensar en irme a trabajar a otra empresa. Además, mi jefe no me soporta y nada de lo que haga parece satisfacerlo. Este es otro motivo que debo tener en cuenta para descubrir que tal vez no sea en mi empresa actual donde deba seguir trabajando”.

Lo que vemos aquí es que el relato de Ariel como protagonista no niega las dificultades sino que las tiene muy en cuenta. La diferencia es que no utiliza las dificultades para mantenerse estancado sino que las utiliza para seguir progresando.

Esta es la esencial diferencia entre víctima y protagonista: mientras que la víctima utiliza las dificultades de su vida como excusa para seguir estancado, el protagonista las utiliza como razones para seguir progresando.

Mi método “De víctima a protagonista” explica un método sencillo y de fácil aplicación para que podamos transformar las explicaciones sobre los problemas de nuestra vida de víctima a protagonista. Al lograr dicha transformación, el estancamiento se transformará automáticamente en movimiento y progreso.

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Puedes ver más detalles sobre el método aquí:
Ver De víctima a protagonista <<<

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¿Cuándo te DECIDISTE a ser inválido?

Reflexionando sobre el tema de la invalidez en el ser humano, vino inmediatamente a mi recuerdo el caso del músico de jazz Michel Petrucciani. Michel, quien ya falleció, llevaba sobre sus espaldas uno de los casos de invalidez corporal más extremos, especialmente incapacitante para una persona que tocaba el piano. Y sin embargo, a pesar de todos sus condicionamientos físicos y seguramente también psicológicos, él no se decidió a ser un inválido. No dió su consentimiento. Nunca admitió para sí mismo la invalidez como una forma de vida. Veanlo ustedes mismos en el siguiente video.


El caso de Petrucciani, y el de tantos otros, me ha llevado a la conclusión de que para vivir la vida como un inválido, entregados displicentemente al simple paso del tiempo y a la depresión, sin hacer nada para sobreponerse a ello, deben concurrir diversos factores. Se requiere, en primer lugar, una privación física, psicológica o de otro tipo. Pero además se requiere de nuestra indelegable decisión de vivir la vida como un inválido. Debemos dar nuestro concentimiento a la invalidez para que ella domine nuestra vida.

A la pianista china GuiGui Zheng le faltan todos los dedos de su mano derecha. Imagínense la cara de sus profesores de piano y de sus padres cuando les dijo, convencida, de que “a pesar de ello” quería ser pianista. Veanla manifestar su decisión de no ser una inválida.

No nos referemos aquí, valga la aclaración, a casos donde la invalidez impide la decisión conciente, sino a aquellos en los cuales la misma no se encuentra disminuída.

De este modo, entonces, me parece que para vivir la vida como un inválido, es decir, bajo la convicción personal de que no tenemos valor para realizar ninguna actividad, lo que debe primar no son los condicionamientos externos de la persona sino la decisión sobre la misma que tome en lo más profundo de su corazón. Cuándo, qué día y a qué hora, nos decidimos a ser inválidos, es la pregunta que debe responderse toda persona que se encuentre en dicha situación.

Le hemos concedido a la invalidez, en forma absolutamente conciente, el permiso de apoderarse de nuestra vida.

Existen numerosos casos, y los psicoterapeutas saben mucho de eso, donde las personas viven como inválidos sin tener ninguna disfunción física, sino psicológica. Enteritos de cuerpo, viven la vida como necesitando una silla de ruedas. Para ellos también caben todas las reflexiones aquí mencionadas, porque no podemos admitir que Michael Petrucciani no tenía que lidiar también, además de con su condicionamiento físico, con un condicionamiento psicológico de suma importancia.

Finalmente: Para quienes no han perdido el poder de decidir sobre su propia vida, la invalidez es una elección consciente y no una trágica broma del destino. A pesar de los innumerables condicionamientos físicos, psicológicos o espirituales que tengamos, que son completamente reales, tenemos también la posibilidad de optar por no concederle a ellos el poder de apoderarse de nuestra vida y dominarla.

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Reflexiones sobre la película: De Dioses y Hombres

De Dioses y Hombres es de esas pelícuas que aparecen cada tanto y que todo ser humano debe ver. Y no solamente porque sea una joya cinematográfica, que ciertamente lo es, sino porque ilustra el abanico de posibilidades del obrar humano de un modo magistral. Por cierto, la historia que relata la película es completamente real y corresponde a un grupo de monjes cistercienses que misionaban en Argelia.


Ciertamente podemos ver allí ejemplos de las más perfectas posibilidades del obrar humano, la santidad, pero también de sus más bajas posibilidades, el asesinato cobarde de inocentes llevado a cabo por terroristas.

No voy a referir la trama aquí, prefiero que la simplemente vea la película. Si, de cualquier modo quiere leer la sinopsis, puede hacerlo aquí. Lo que si voy a hacer es referir el testamento que escribe uno de los monjes, el padre Christián cuando sospecha que sus vidas se encuentran verdaderamente en peligro:

Si me sucediera un día -y ese día podría ser hoy- que llegara a ser víctima del terrorismo que acecha a todos los extranjeros que viven en Argelia, desearía que mi comunidad, mi Iglesia, mi familia, recordaran que mi vida estaba entregada a Dios y a este país. Que aceptaran que el único Señor de toda vida no podría permanecer ajeno a esta partida brutal. Que oraran por mí: ¿cómo podría ser hallado digno de tal ofrenda? Que supieran asociar esta muerte a tantas otras igualmente violentas, relegadas a la indiferencia del anonimato.

Mi vida no tiene más valor que otra vida. Tampoco tiene menos. En todo caso, no tiene la inocencia de la infancia. He vivido bastante como para saberme cómplice del mal que parece, desgraciadamente, prevalecer en el mundo, inclusive del que podría llegar a golpearme ciegamente.

Llegado el momento, quisiera tener ese instante de lucidez que me permitiera solicitar el perdón de Dios y el de mis hermanos en la humanidad, y al mismo tiempo perdonar de todo corazón a quien me hubiera golpeado. Por supuesto, no podría desear una muerte semejante. Me parece importante declararlo. De hecho, no veo cómo podría alegrarme de que este pueblo al que amo fuera acusado de mi asesinato. Sería un precio demasiado alto deberle a un argelino, quienquiera que sea, lo que seguramente algunos llamarán la «gracia del martirio», sobre todo si dice actuar por fidelidad a lo que él cree que es el islam. Conozco el desprecio con el que se ha llegado a considerar a los argelinos globalmente considerados. Conozco igualmente las caricaturas del islam que alienta cierto islamismo. Es demasiado fácil tranquilizar la conciencia identificando esta vía religiosa con los integrismos de sus extremistas.

Mi muerte, evidentemente, parecerá dar la razón a los que me han tratado, a la ligera, de ingenuo o de idealista: “¡qué diga ahora lo que piensa de esto!” Pero ellos tienen que saber que por fin será liberada mi más punzante curiosidad. Entonces podré, si Dios así lo quiere, hundir mi mirada en la del Padre para contemplar con El a Sus hijos del Islam tal como El los ve, enteramente iluminados por la gloria de Cristo, frutos de Su Pasión, inundados por el Don del Espíritu, cuyo gozo secreto será siempre, el de establecer la comunión y restablecer la semejanza, jugando con las diferencias.

Por esta vida perdida, totalmente mía y totalmente de ellos, doy gracias a Dios que parece haberla querido enteramente para este gozo, contra y a pesar de todo.

En este gracias en el que está todo dicho, de ahora en más, sobre mi vida, yo os incluyo, por supuesto, amigos de ayer y de hoy, y a vosotros, amigos de aquí, junto a mi madre y mi padre, mis hermanas y hermanos y los suyos, ¡el céntuplo concedido, como fue prometido!

Y a ti también, amigo del último instante, que no habrás sabido lo que hacías. Sí: también para ti quiero este gracias y este «a-Dios» por ti previsto. Y que se nos conceda reencontrarnos, ladrones felices, en el paraíso, si así lo quiere Dios, Padre nuestro, tuyo y mío. Amén. Insh´allah.

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Sin palabras

En nuestra sección de libros de autoayuda queremos compartir el siguiente chiste humor gráfico para el cual no se necesitan muchas palabras!


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¿Qué es la Iglesia? por Gabriel Zanotti

Los comentarios de la entrada anterior fueron interesantísimos en perspectivas y matices. Hay muchos que merecerían comentarios específicos. Pero, por hoy, he seleccionado un tema que se repetía una y otra vez en casi todos: la Iglesia.

¿Qué es la Iglesia? Viene bien advertir qué respuesta tenemos in mente cuando hablamos de “la Iglesia”.

Varias veces, en conversaciones con diversos amigos, me he encontrado con numerosos casos en los cuales han dejado de ir a Misa o van con disgusto por diversas razones. La tendencia política del sacerdote, sus malos sermones, la ligereza litúrgica, la música espantosa, un edificio mal cuidado, etc. Obviamente muchas veces han intentado ir a otras iglesias, pero siempre “falta algo”.

La respuesta no pasa por ir a otras iglesias. La Misa no es tal o cual edificio, sacerdote, coro o etc. La Misa es (no es la definición estricta) Cristo mismo en cuanto renueva de modo incruento su sacrificio y se nos ofrece nuevamente con su cuerpo y sangre bajo los accidentes del pan y el vino. Por lo tanto, si vas a Misa, el mejor ejercicio sería que buscaras la peor iglesia desde el punto de vista humano, para acostumbrarte a lo sobrenatural. Busca el edificio que menos te guste, el sacerdote cuyo pensamiento y modo de hablar te cause urticaria, la peor música (o intento de ella) que perfore tus oídos. Si el sacerdote está incardinado en su diócesis, si la liturgia cumple con las mínimas exigencias de los signos y palabras exigidas por la Iglesia, y si el sacramento de la Eucaristía está realizado con las palabras y signos correctos, entonces es una Misa católica. Concéntrate desde el principio en el Santísimo, donde está realmente Jesucristo, y espera con santa ansiedad el momento de la consagración. Ya está. Nada más, ni nada menos. Allí está el milagro, lo sobrenatural, la esencia de la Misa. Si Dios te regala, además, un santo sacerdote con la elocuencia de San Ambrosio, una iglesia que nada tenga que envidiar a San Pedro, una liturgia como la que encontrarías en Santa Sabina en Roma, más órgano y canto gregoriano, entonces toma todo ello como un regalo que Dios te ha hecho, pero la falta de todo ello no tiene por qué disminuir tu Fe en el sacramento de la Eucaristía y en tu decisión de ir a Misa como parte de tu amor a Dios y sus mandamientos, independientemente de que el cura piense igual que Aníbal Fernández .

Se imaginarán a dónde apunto. La Iglesia es esencialmente sobrenatural. La Iglesia es el Cuerpo Místico de Cristo. Su cabeza es Cristo y sus miembros son todos los bautizados. Su cabeza visible es el Papa y su jerarquía, a efectos de la sucesión apostólica y el Magisterio, son los obispos legítimamente ordenados. Esa continuidad apostólica es sobrenatural, porque está dada por el sacramento del orden y del bautismo, y por eso los sacramentos, milagros en sí mismos, son la savia de la Iglesia, aquello por lo cual se transmite ordinariamente la Gracia de Dios independientemente de las virtudes humanas de los miembros (decimos ordinariamente porque el Espíritu sopla donde quiere y cuando quiere). No sé si mi caracterización pasará algún examen de algún exigente teólogo pero lo que quiero decir es que la Iglesia es sobrenatural, y ello parece ser olvidado incluso por los creyentes. La Iglesia parece haberse identificado con sus circunstancias históricas. Pero la Iglesia, precisamente por su carácter sobrenatural, es la única que puede superar (no negar) la historicidad propia de cualquier realidad humana intersubjetiva. La Iglesia no es el acuerdo con Constantino, la Iglesia no es el Sacro Imperio, la Iglesia no es ni las cruzadas ni la inquisición, la Iglesia no es, tampoco, el estado del Vaticano. Hay que tener fe, precisamente, para ver que allí donde están los sacramentos, la comunión apostólica y la unidad con el Papa (que tampoco se identifica con tal o cual pontífice), allí está la Iglesia, aunque sea en las catacumbas.

Si la conclusión de esto es que la Fe en la Iglesia no debe temblar ni un milímetro por los escándalos humanos de sus miembros, y por ende la Iglesia sigue siendo siempre Una, Santa, Católica y Apostólica, porque su cabeza es Cristo y su sangre es la Gracia y los sacramentos, sí, esa es la conclusión. Y si la conclusión adicional es, obviamente, que la Fe y el amor a la Iglesia no disminuyen en nada por el dolor profundo al cual aludíamos el Domingo anterior, si, esa es la conclusión también. Pero cuidado: no estamos en la época de los Borgia, y aquí me juego en un tema no dogmático pero importante. Benedicto XVI es un santo varón, y su santidad incluye haber jugado un papel no tan popular como su antecesor. Ratzinger quiso varias veces renunciar como Prefecto de la Sagrada Congregación de la Doctrina de la Fe, y volver a enseñar teología, pero Juan Pablo II le rogó que no, y no le faltaba razón. Ratzinger fue la cabeza de la redacción de aquellos documentos doctrinales más odiados fuera y sobre todo dentro de la Iglesia, esos documentos por los cuales Juan Pablo II cumplía su rol esencial: confirmar a los hermanos en la Fe, Fe que resulta antipática y que no sabe ni debe saber de diplomacia o de política. Ahora Ratzinger continúa esa misión, y las críticas que recibe no son fruto de su candor y sinceridad, que yo admiro, sino del odio acumulado que ahora sale a la luz como estiércol no precisamente fertilizante. Ese odio encuentra en este espantoso escándalo la oportunidad magnífica para atacarlo e intentar que renuncie. No sabemos si Ratzinger, en cuanto humano, soportará todo esto, y rogamos que sí. Pero la Iglesia, en tanto Iglesia, no sufrirá un milímetro. El sacrificio de Cristo vive ahora en la Iglesia peregrinante y en el fin de los tiempos se verá todo el esplendor divino de la Iglesia triunfante.

Artículo original en el Blog de Gabriel Zanotti aquí.

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Sobre le tema del abuso sexual de sacerdotes católicos

Sugiero la lectura de los siguientes artículos:

1) Una dolorosa reflexión: Los abusos por parte de los sacerdotes católicos, por Gabriel Zanotti

2) ¿Cuál debe ser nuestra respuesta ante los terribles escándalos de la Iglesia?, por el sacerdote Roger J. Landry.

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¿Es la religión el producto de una ilusión?

La tesis que mantiene dicha postura puede atribuirse, entre otros, a Sigmund Freud que ha visto en la religión una simple proyección de los deseos infantiles. El siguiente artículo escrito por el teólogo Fernando Ortega trata el tema y lo explica con claridad.

Dios, la religión y la fe

Fernando Ortega

| Opinión | Viernes 26 de febrero de 2010

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