Jul 03

Temo decirles, mis queridos lectores, que hoy que la espiritualidad está de moda (¿puede ponerse de moda algo así? ¡Nuestra cultura occidental da para todo!). Por esto es habitual encontrarnos con que en distintos medios y a través de distintas personas se habla de espiritualidad. Muchos de ellos no saben qué es, pero hablan de ella. Está presente en cada rincón de nuestra vida, lo sepamos o no (al menos así nos quieren hacer creer sus “nuevos” mentores).

Entre las diversas especies de habladores pro espirituales, están los comunicadores sociales (periodistas, locutores de radio, etc.), especie notablemente rara si la hay, con un oficio no menos curioso: hablar largo y tenido, y “en profundidad”, de lo que apenas sospechan, y poco menos que saben. Esta especie, anhelando subirse a la caudalosa corriente comercial que conlleva toda moda, se lanzan a escribir libros de espiritualidad que nos provean de un “combustible” y de otras semejanzas alarmadoramente ficcionales.

Además, en las conversaciones diarias de café o en el gimnasio, entre amigos y conocidos, no puede faltar hoy en día la palabra “espiritualidad”. Se la debe pronunciar indefectiblemente, dicta el imperativo de la moda que nos ocupa, cada unos pocos párrafos, y se la debe colocar como la causa de todo lo que sucede. La espiritualidad es “lo más”.

En las escuelas y universidades asombra la ligereza con que algunos profesores mencionan la palabra. Claro, en dichos espacios es imperdonable no estar a la moda.

Así, se nos conduce a la precaria idea de que hoy todo es “espiritual”. Este mundo material se reduce a lo “espiritual”. “Todo tiene que ver con todo”. Todo lo que nos pasa tiene una causa “espiritual”. Todo es una ilusión salvo lo “espiritual”. Y vamos hacia la “espiritualidad”, el “espíritu”, nuestra verdadera “casa”. Aja.

Al modo de un budismo zen mal entendido, combinado con una ligereza conceptual típica de nuestros tiempos, hoy la espiritualidad es como un “diluyente universal” el cual, al modo de los diluyentes para pinturas, son capaces de diluir toda realidad y hacerla una “nada” o un “todo”. Un curioso caso de panteísmo “a la carta”.

Esta “Pseudo Espiritualidad”, he ahí su verdadero nombre, no es una verdadera espiritualidad, pues no habla de Dios, la verdadera fuente de espiritualidad. Y no habla de Dios pues hoy no está de moda hablar de Dios. Hoy, al que habla de Dios y lo nombra claramente, se lo mira sospechosamente, desconfiadamente. En círculos académicos es poco más que un grave pecado, una declaración de incapacidad intelectual. Entre amigos hace que el que lo nombra corra el riesgo de ser eyectado del grupo. En los medios periodísticos… bueno, están esperando que se ponga de moda.

Ese muchachito humilde, el nazareno, dijo: “A quien me reconozca delante de los hombres, yo también lo reconoceré ante mi Padre, que está en los cielos; pero al que me niegue delante de los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre, que está en los cielos”. Aja.

La verdad es que se oculta a Dios pues su aparición en escena trae consigo una moralidad que no es la nuestra, sino que es la de El. Un camino de vida que no es nuestro. Pero nosotros queremos seguir con nuestra vida según nuestro propio plan, no el de Algún Otro. Por ende, construimos una espiritualidad a nuestra medida, a la carta, que nos brinde ciertos beneficios de trascendencia pero que no nos pida nada a cambio. ¡No sea cosa que tengamos que vivir una vida de santidad!

Inmersos en nuestro hiper narcicismo materialista, construimos una espiritualidad infantil e inmadura, a nuestra pobre medida, para satisfacer nuestras pobres necesidades materialistas y terrenales. Esta “pseudo espiritualidad” está construida para que el hombre pueda lograr bienes materiales en abundancia, pero no para ser cada vez más virtuoso, bueno, santo. ¡A quién le importa el plan de Dios para el Universo! ¡Lo que importa es nuestro propio plan de cosas a tener!

Bien por el hombre que hace esto.

Por Hugo Landolfi

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Jun 22

La esencia del liderazgo de Hugo Landolfi

Me complace comunicarles que nuestro libro “La esencia del liderazgo” ya puede adquirirse en línea en este enlace.

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Jun 18

Seguimos exponiendo la maestría del aquinate (Tomás de Aquino). En este punto, muy vigente hoy en día, la exposición de Tomás es de capital claridad; incluso incluye un indicativo de cuatro puntos los cuales, si se cumplen todos, se nos otorgará siempre lo que pedimos en nuestras oraciones. ¿Nos escucha Dios? ¿Nos da lo que pedimos? El texto corresponde a la parte segunda de la segunda parte de la Suma Teológica, artículo 15, respuesta a la segunda objeción:

El mérito de la oración tiene como objeto principal, a veces, algo distinto de lo que pedimos: pues el mérito se ordena principalmente a la bienaventuranza, mientras que la petición que hacemos en la oración directamente se refiere, a veces, a algunas otras cosas, como consta por lo dicho (a.6). Por tanto, si esas otras cosas que alguien pide para sí no le van a ser útiles para conseguir la bienaventuranza, no sólo no las merece, sino que, a veces, por el mero hecho de pedirlas y desearlas, pierde el mérito: como en el caso de pedir a Dios el cumplimiento del deseo de pecar, modo de orar que nada tiene de piadoso. Otras veces lo que se pide no es necesario para la salvación eterna ni manifiestamente contrario a la misma. En este caso, aunque el orante puede merecer con su oración la vida eterna, no merece, sin embargo, la obtención de lo que pide. De ahí las palabras de San Agustín en el libro Sententiarum Prosperi: A quien pide a Dios con fe verse libre de las necesidades de esta vida, no menor misericordia es desoírle que escucharle. Lo que conviene al enfermo, mejor que él lo sabe el médico. Por esta razón precisamente, porque no le convenía, no fue escuchado San Pablo cuando pidió verse libre del aguijón de la carne. En cambio, si lo que se pide es útil para la bienaventuranza del hombre, como conducente a su salvación, se lo merece en este caso no sólo con la oración, sino también con las demás obras buenas. Recibe por eso, sin la menor duda, lo que pide; pero a su debido tiempo. A este propósito escribe San Agustín, Super lo.: Algunas cosas no se las niega, sino que se las aplaza, para darlas en el momento oportuno. Y aun esto puede frustrarse si no se pide con perseverancia. Es por lo que dice San Basilio : La razón por la que a veces pides y no recibes es porque pides de mala manera, o sin fe, o con ligereza, o lo que no te conviene, o sin perseverancia. Ahora bien: puesto que un hombre no puede merecer con mérito de condigno la vida eterna para otro, como antes se dijo (1-2 q.114 a.6), tampoco, lógicamente, puede merecer en algún caso para otros con mérito de condigno lo que a ella conduce. Por esta razón, no siempre es escuchado quien ruega por otro, como antes se dijo (a.7 ad 2).
Se ponen, en consecuencia, cuatro condiciones para que, si se dan juntas, uno reciba siempre lo que pide, a saber: pedir por sí mismo, pedir cosas necesarias para la salvación, hacerlo con piedad y con perseverancia.

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Jun 15

Tomás de Aquino explica con maestría esta cuestión. El texto que sigue corresponde a la Suma Teológica, primera parte de la segunda parte, cuestión 2, artículo 1:

Es imposible que la bienaventuranza del hombre consista en las riquezas. Hay dos clases de riquezas, como señala el Filósofo en I Polit., las naturales y las artificiales. Las riquezas naturales sirven para subsanar las debilidades de la naturaleza; así el alimento, la bebida, el vestido, los vehículos, el alojamiento, etc. Por su parte, las riquezas artificiales, como el dinero, por sí mismas, no satisfacen a la naturaleza, sino que las inventó el hombre para facilitar el intercambio, para que sean de algún modo la medida de las cosas vendibles. Es claro que la bienaventuranza del hombre no puede estar en las riquezas naturales, pues se las busca en orden a otra cosa; para sustentar la naturaleza del hombre y, por eso, no pueden ser el fin último del hombre, sino que se ordenan a él como a su fin. Por eso, en el orden de la naturaleza, todas las cosas están subordinadas al hombre y han sido hechas para el hombre, como dice el salmo 8,8: Todo lo sometiste bajo sus pies. Las riquezas artificiales, a su vez, sólo se buscan en función de las naturales. No se apetecerían si con ellas no se compraran cosas necesarias para disfrutar de la vida. Por eso tienen mucha menos razón de último fin. Es imposible, por tanto, que la bienaventuranza, que es el fin último del hombre esté en las riquezas.

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Jun 09

El juez de menores español (de la ciudad de Granada) Emilio Calatayud brinda una clase magistral de sentido comun en la educación de menores en nuestras sociedades post modernar, signadas por el relativismo nihilista de sus padres.

Además, tiene un “Decálogo para formar un delincuente“. Dice así:
1: Comience desde la infancia dando a su hijo todo lo que pida. Así crecerá convencido de que el mundo entero le pertenece.
2: No se preocupe por su educación ética o espiritual. Espere a que alcance la mayoría de edad para que pueda decidir libremente.
3: Cuando diga palabrotas, ríaselas. Esto lo animará a hacer cosas más graciosas.
4: No le regañe ni le diga que está mal algo de lo que hace. Podría crearle complejos de culpabilidad.
5: Recoja todo lo que él deja tirado: libros, zapatos, ropa, juguetes. Así se acostumbrará a cargar la responsabilidad sobre los demás.
6: Déjele leer todo lo que caiga en sus manos. Cuide de que sus platos, cubiertos y vasos estén esterilizados, pero no de que su mente se llene de basura.
7: Riña a menudo con su cónyuge en presencia del niño, así a él no le dolerá demasiado el día en que la familia, quizá por su propia conducta, quede destrozada para siempre.
8: Dele todo el dinero que quiera gastar. No vaya a sospechar que para disponer del mismo es necesario trabajar.
9: Satisfaga todos sus deseos, apetitos, comodidades y placeres. El sacrificio y la austeridad podrían producirle frustraciones.
10: Póngase de su parte en cualquier conflicto que tenga con sus profesores y vecinos. Piense que todos ellos tienen prejuicios contra su hijo y que de verdad quieren fastidiarlo.

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Jun 08

José Larralde es uno de esos poetas y guitarreros argentinos de tierra adentro que con su sola guitarra logra transmitir las profundidades, dolores, padecimientos y grandeza del alma humana. Sus letras tienen profunda significación filosófica y humana. A mi, personalmente, me encanta. Aquí, su poema recitado “La pieza de mi amigo”.

La pieza de mi amigo
La pieza de mi amigo me sacudio la cara
con un chirlo de frio
que rodó por la mesa y se quedó conmigo
para dejarme solo en un siglo vacio
con palabras de nada que doblan si yo sigo
y que siguen derecho si yo busco un desvio.

La pieza de mi amigo
me pegó en la cabeza con su pared de pino
me retorció la frente desde atras del olvido
y desde una rendija me empapó de vecinos
con perfume muy alto y goteras de trino
como un jardin de nubes y de sol florecido.

Una cama muy grande para el siempre nacido hijo
de aquellos tiempos cuando el mundo era niño
y una cama chiquita con los flejes vacios
donde duermen sus huesos con temblor de cariño
una dicha redonda apretada de hastio
como una frase humilde que se escapa de un libro
vuela en pos de una boca que lo arranque del frio
para nacer de a poco aunque ya haya nacido.

La pieza de mi amigo tiene un cordel de hilo
donde cuelga un traje un gaban y un suspiro
una paloma blanca con el cuello raido
y un remiendo flojo que tramita el retiro
un escritorio nuevo que cambió por trabajo
una Remington negra que le prestó un amigo
un verso enamorado para una flor de gajo
que muestra en una foto por debajo de un vidrio.

La pieza de mi amigo es del color del tiempo
media gris, media verde, o tal vez transparente
cada cosa es un pajaro con el nido cambiado
se resigna a quedarse y vuela de repente
tiene gusto a cebolla la pieza de mi amigo
que viene desde el fondo de una olla de aluminio
son perumes muy altos porque son sacriicios
con goteras de trino y temblor de cariño
hay un sobre cerrado en la mitad del visio
sin destino de ida ni destino de vuelta
una carilla en blanco sin miedo al desperdicio
y una paloma blanca, raida pero suelta.

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Jun 02

Desde el año pasado venimos proyectando un programa de formación de líderes para personas que se encuentran en posiciones de liderazgo social como profesores, maestros, psicólogos sociales, terapeutas, etc. El motivo de tal proyecto fue que la Sedronar (Secretaría de Programación para la Prevención de La Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico), a través del Secretario de Estado Dr. José Granero y del Subsecretario de lucha contra las adicciones de Gobierno de la Provincia de La Pampa, Lic. Roberto Moro, se puso en contacto con nosotros para proyectar, de la mano del Dr. Jorge Rocco, asesor de dicha institución, un programa de prevención de las adicciones que pudiera abordar las cuestiones relacionadas con los valores humanos y el liderazgo sin resolver en las comunidades, antes de que la adicción sea ya un hecho consumado. Se llama a esto “prevención inespecífica”, a diferencia de la “prevención específica” que ya trata con los adictos que consumen. Este programa busca evitar que las personas lleguen a consumir. Es genuina prevención.

Landolfi Granero Rocco Sedronar

Han contado con nosotros para el desarrollo temático y para el dictado del programa que va a tener una duración de dos años. Este es un verdadero programa piloto que se lleva a cabo con el apoyo del Gobierno de la provincia de La Pampa, y es único y novedoso, no solamente en Argentina, sino casi en todo el mundo. Realizar prevenciones sobre las condiciones previas que llevan a las adicciones, y no en las adicciones en sí mismas, no es algo que a los gobiernos les preocupe; pero en este caso, dada la profunda visión de quienes idearon este proyecto, hemos podido avanzar en este camino. Así las cosas, el pasado viernes dimos comienzo a dicho programa con una concurrencia de más de 120 personas en la Ciudad de Santa Rosa, Capital de la Provincia de La Pampa.

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May 31

Una de las primeras condiciones de la responsabilidad es que exige la libertad, puesto que solamente ante la posibilidad cierta y concreta de poder auto gestionar nuestras propias decisiones voluntarias, traducidas en actos y obras, es que podremos responder sobre las mismas. A ciencia precisa, la libertad es una cierta, aunque no ilimitada, capacidad de gestionar todo los actos voluntarios y espontáneos inherentes a nuestra propia vida, incluyendo, pero no limitándose, a nuestras elecciones, preferencias y decisiones. Esta capacidad no es absoluta, pues existen ciertas elecciones que no podremos realizar, especialmente las referentes a nuestros fines últimos como seres humanos. De esta manera no podemos no elegir el bien o la verdad como aspiraciones últimas de nuestras potencias de conocimiento. Sí podemos elegir, en cambio, los caminos intermedios que nos llevan a esos fines.

De esta manera, nuestra responsabilidad no es completamente incondicional, como quieren algunos consultores , sino medianamente circunscripta y condicionada. Pero no condicionada solamente por el determinismo inferior de las circunstancias que nos presenta la realidad, sino por aquello que en nuestra naturaleza humana no nos permite elegir indiferentemente. Si en nuestros actos no podemos no elegir el bien y la verdad, nuestra capacidad de elección y, por ende, de respuesta, no puede ser incondicional. El ser humano realiza todas sus elecciones libres voluntarias bajo la razón de bien. La voluntad, a la vez, es guiada por una verdad que le otorga la inteligencia al conocer. La víctima elige victimizarse porque cree que eso es bueno para ella. Elige la inocencia bajo una razón de bien, creyendo que es bueno para sí, aunque en el fondo no exista tal bien. Basta con que la persona crea que algo es bueno, para que la voluntad humana se ponga en movimiento tras ello. Y esto siempre funciona así en el ser humano. Nunca podemos elegir algo que no creamos que es bueno, aunque en sí mismo no lo sea; y esto condiciona ciertamente nuestra supuesta responsabilidad incondicional, que en el fondo no es tal.

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May 22

Veamos a nuestra afirmación de ejemplo, “Soy confidente y exitoso”. Como ya hemos descubierto, decir estas palabras una y otra vez no va a ayudarnos a sentirnos confidentes. Pero, solo por un momento, cerrá tus ojos, concéntrate en tus pensamientos, respirá lentamente, y mírate a vos mismo en una situación en donde te falte confianza. Ahora, cambiá la imagen: mírate de pie, en donde la gente te pide consejos y te admira; estas a cargo de la situación, sabés lo que tenés que hacer, te sentís confidente y eso se siente bien. Disfrutá lo que es sentirte bien. Ahora, cada vez que repitas esta afirmación, “Soy confidente y exitoso“, evoca de nuevo a esos sentimientos, levantá la cabeza y sentí esa confianza.

Para muchos de nosotros, hay otro obstáculo que impide que las afirmaciones sean exitosas. Esto se da cuando escuchamos una pequeña voz que está contradiciendo constantemente cada afirmación positiva que hacemos. Si afirmamos “Soy rico”, esta pequeña voz va a responder instantáneamente: “Pero tu cuenta bancaria esta en cero!” Esta contradicción nos crea un conflicto por dentro, no permitiendo ningún sentimiento positivo, y cancelando efectivamente la afirmación.

Hay una buena manera de superar esta crítica interior y es no dándole la oportunidad de contradecirnos. Por lo que en lugar de decir “Soy rico”, cambiamos las palabras de la afirmación a: “¿No sería maravilloso que fuese rico?” Ahora, esto no solo nos permite ver que tan maravilloso podría ser, sino que también hace que sea más fácil tener esos sentimientos positivos que necesitamos para hacer afirmaciones efectivas. Nuestra autocrítica interna no tiene ninguna oportunidad de discutir contra esto!

Cambiar nuestros pensamientos negativos en positivos a través de afirmaciones no va a pasar de la noche a la mañana. Pero, si podemos elegir evocar sentimientos alegres, ya sea visualizándolos o cambiando las palabras que usamos, vamos a tener el poder de cambiar nuestras vidas a través de afirmaciones efectivas.

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May 19

Cada vez que leo y estudio con mayor profundidad a Ken Wilber me doy cuenta de que en su “sistema integral” toda metafísica y filosofía auténtica es imposible, dado que su sistema responde a un tipo de pensamiento que en el fondo es una mezcla de fenomenología y positivismo. En todo caso, su “sistema integral” que propone incluir e interrelacionar las verdades de las grandes tradiciones de pensamiento de occidente y oriente deja de lado una de las tradiciones más suculentas de ambos hemisferios planetarios: la filosofía y la metafísica. En verdad, no es muy integral que digamos. Y curiosamente se lo llama “el filósofo de la conciencia”. Veamos el siguiente video y comentémoslo.


Recordemos, antes de proseguir, que el positivismo del siglo XIX plantea una dualidad entre filosofía y ciencias bajo la cual culturalmente vivimos, y la cual debe ser profundamente revisada. Aristóteles proponía que el conocimiento científico era un conocimiento cierto por la causas, es decir, un conocimiento verdadero de algo en función de sus causas. Se refiere, por supuesto y con primacía, al conocimiento intelectual, propio de la filosofía y de la metafísica. Conociento cierto y no conjetural. Este tipo de conocimiento es absolutamente compatible con el conocimiento probable o conjetural de las ciencias positivas que nacen en el siglo XIX. De este modo, por un lado existe todo un ámbito de conocimiento certero e intelectual, por las causas, llamado filosófico o metafísico. Por otro, existe todo un ámbito del conocimiento probable o conjetural llamado de las ciencias positivas. Ambos pueden convivir en armonía, pero parece que no para Ken Wilber.

Así, tenemos dos ámbitos de conocimiento compatibles entre sí:
1) Filosófico o metafísico: Se llega a verdades con certeza y se busca las causas últimas de lo conocido.
2) De las ciencias positivas: Se llega a un conocimiento no certero sino conjetural o probabilístico. En todo caso se buscan causas inmediatas, no últimas.

Uno de los problemas del positivismo, contradictorio desde su mismo planteo, consiste en que si nos adherimos a rajatabla a su planteo, la metafísica y la filosofía quedan afuera de cualquier tipo de conocimiento válido. No son una especie de conocimiento que deba admitirse. Wilber parece abonar esta línea. La filosofía, sin embargo, admite un conocimiento de tipo científico positivista. Esto significa que la filosofía valida al conocimiento científico pero no al conocimiento científico positivista donde toda metafísica es imposible y carece de sentido. Veamos.

Ken Wilber plantea en el video que hay “tres alas” dentro del conocimiento científico:

1) Paradigma y Prescripción: Se debe hacer un experiemento para verificar un hecho, llegar a una experiencia o lograr una “iluminación”. La atribuye a Thomas Khun.
2) Empirismo: Dice que hay que tener una experiencia para tener un conocimiento válido.
3) Confirmación: La atribuye a Popper con su concepto de falsabilidad.

En el minuto 4:15 dice: “estas tres vertientes científicas pueden ser aplicadas a cualquier ámbito de conocimiento”. Es decir, muestra allí la pretención positivista de llegar su metodología fuera del campo de las ciencias naturales hasta llegar al mismo conocimiento filosófico. Cuando la ciencia se ocupa de los objetos de las ciencias naturales le llama “ciencia estrecha”. Cuando, en cambio, se ocupa de objetos de estudio que propiamente caen dentro del campo de estudio de la filosofía le llama “ciencia profunda”. Estas últimas citas se aprecian al final del video.

En el minuto 5:00 dice “yo simplemente aplico estas tres vertientes de la ciencia a cualquier forma de conocimiento”. Esto vuelve a comprobar el punto anterior.

En el minuto 6:02 dice “lo mismo sucede con el conocimiento místico y contemplativo: no está ahí afuera pero cumple con estas tres vertientes”. Aquí claramente manifiesta la violación metodológica positivista que utiliza su metodo originalmente ideado para la ciencias naturales para alcanzar un objeto de estudio que cae claramente fuera de ese campo de estudio.

En el minuto 6:48 parece asociar al conocimiento contemplativo e intelectual (metafísico) con un cierto tipo de “dogma”. “Eso es dogma”, dice. Esto es claramente positivista donde la metafìsica y la filosofìa carecen de sentido, son dogma.

En el minuto 7:40 dice “Y esto podría ser un resumen de lo que hace la metodología integral. Por eso nos permite probar la existencia de fenómenos en el (cuadrante) superior derecho, el inferior derecho, etc., y entonces unirlos en formar que comienzan a tener sentido.” Aquí finalmente muestra nuevamente sus dientes positivistas.

El problema de este planteo radica en una confusiòn entre el conocimiento intelectual y el experiencial. Reduce el segundo al primero queriendo hacer “ciencia positiva” de objetos que no son de las ciencias naturales. Confunde objetos de estudio, métodos gnoseológicos de estudio y validez del conocimiento haciendo de todo un gran engrudo “integral” que de integral tiene poco y donde el supuesto “filósofo de la conciencia” no es más que un “científico positivista de la conciencia”.

Espero sus comentarios.

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