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Vicky Cristina Barcelona es, como todos saben, la última creación del genial Woody Allen. Una película mayúscula que manifiesta su profundidad en la misma superficialidad en la que acontece. Porque, hay que decirlo, a primera vista la temática es trivial. Dos amigas americanas que viajan a Barcelona y son seducidas por un pintor catalán. Este, entre artificios y sofisticaciones, logra seducir a ambas por separado, las cuales alternan con la visita de la ex mujer del pintor, una Penélope Cruz excelente.

vicky cristina barcelona Woody Allen

En pocas palabras, la película busca expresar el drama de toda mujer (y de todo hombre). La creencia de que al obtener lo que materialmente queremos (sea el cuerpo del ser amado o cualquier otra cosa) seremos felices. La película se encarga de demostrar la falsedad de tal afirmación. El drama acontece entre los protagonistas quienes, uno a uno, van consiguiendo lo que desean, pero al conseguirlo, se dan cuenta de que tan futil era lo anhelado, no adquiriendo la esperada felicidad en su logro sino una infelicidad mayor.

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El problema metafísico que sobrevuela la obra, tal vez inconcientemente planteado por el autor, implica el hecho de que un hambre de inmaterialidad no puede satisfacerse en la materialidad. El deseo de un bien supremo nunca alcanzará satisfacción en un bien terrenal limitado, sean todos los bellos, jóvenes y atractivos que se quiera los bienes terrenales buscados, en este caso, cuerpos de hombres y mujeres. El ser humano, diseñado para acallar sus deseos sus anhelos solo en el bien supremo, permanece afanosomente buscando la satisfacción del mismo en los bienes terrenales; y fracasa.

No pude satisfacerse en este mundo quien tiene hambre de eternidad.