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Carta abierta al señor Julio Cobos, vicepresidente de la República Argentina:

¡Gracias!

Gracias por hacer que sus actos manifiesten las superiores alturas de que es capaz el ser humano; por enseñarnos que, aún frente a las más tenebrosas amenazas, el ser humano puede elegir actuar regido por sus más profundos valores, en función del bien común, jerarquizando la función política de vicepresidente de la Nación para la cual fue elegido.

Gracias por devolvernos la esperanza y la posibilidad de soñar con la utopía de construir una Argentina grande y superior; por demostrarnos que aún existen políticos de raza que pueden conducirnos por ese arduo camino, políticos que quedarán en la historia grande de una Nación que desesperadamente necesita de actos cotidianos de grandeza.

Gracias por ser un político con mayúsculas, una lamentable especie en extinción en nuestro triste país; por no dejarse prostituir, no entregando a cambio de vaya a saber qué bienes terrenales, los bienes espirituales y eternos en que consisten la integridad y la magnanimidad humanas. Gracias por enseñar públicamente un nuevo modelo de acción política, signado por el acto de honrar la verdadera vocación política de servicio social, ya que el resto de toda la clase política podrá, de ahora en más, mirarse en el espejo de lo que un verdadero y genuino político debe ser. Ahora es usted un modelo a seguir.

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Sepa, señor vicepresidente, que millones de argentinos están junto a usted acompañándolo. Tenga en cuenta que cada uno de ellos fue tocado en lo más profundo de su corazón por sus acciones de grandeza, y que les ha dejado una marca indeleble que les dirá constantemente, durante el resto de sus vidas, que la grandeza es posible y se encuentra al alcance de la mano. Gracias por enseñarnos que podemos ser superiores, pero no desde las simples palabras, sino desde los actos comprometidos. Un verdadero ejemplo de liderazgo.

Sepa que todo acto de magnanimidad y grandeza resiste el paso de los años y de los siglos, y dá siempre insospechados frutos en los lugares más inesperados. Tales actos quedan inscriptos en la memoria colectiva como un llamado constante a la auto superación, alejándonos de las tentaciones que nos impone la medianía y la mediocridad.

Usted ha pedido que la historia lo juzgue. La historia ya lo ha juzgado.

Usted ha demostrado que es un político con mayúsculas, y sutilmente ha invitado a toda la clase política a imitarlo. Usted ha demostrado también ser un ser humano con mayúsculas, y sutilmente también nos invita a todos los seres humanos a serlo.

Nuevamente gracias.

Hugo Landolfi
Filósofo

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