Liderazgo según Hugo Landolfi Rotating Header Image

Conciencia

Somos el prójimo de los otros

Cuando nos hacemos dioses a nosotros mismos y nos olvidamos del prójimo, colocándolos a nuestro servicio utilitarista, no nos damos cuenta de que nos colocamos nosotros también al servicio de la explotación utilitarista de los otros. Porque nosotros somos el “prójimo de los otros”. Y si hay que explotar al prójimo, si mi prójimo es simplemente alguien a mi servicio, yo seré también explotado por los otros y me forzarán a colocarme a su servicio. ¿No tiene estas características el mundo en que vivimos?

Pensando sobre grandes y pequeñas decisiones en nuestra vida

La bailarina y coreógrafa Agnes de Mille escribió: “No suenan trompetas cuanto tomamos las decisiones importantes de nuestras vidas. Las decisiones que van conformando nuestro destino se gestan en el más absoluto silencio.

Creo que hay algo de verdad en ese pensamiento. Las decisiones más comprometidas y trascendentes de nuestra vida la hemos de tomar en el más profundo de los silencios y, agrego, en la más extrema de las soledades. No hay tal cosa como decisiones importantes tomadas en conjunto con otros personas, o gestadas en medio del ruido. A veces, luego de tomar una decisión en soledad, la compartimos con otras personas. Pero siempre el silencio está presente cuando las tomamos.

¿Ustedes qué opinan?

¿Vamos a la luna?

Muchas veces en nuestra vida, dentro del ámbito laboral, deportivo o familiar, tenemos en mente un proyecto que requiere de la participación de varias personas para llevarse a cabo. Entonces, uno mismo se entusiasma y le comienza a comentar a ciertas personas sobre el proyecto y, además, las invita a participar del mismo.

Vamos a poner un ejemplo: Supongamos que nuestro proyecto es ir a la luna.

Entusiasmados, llenos de energía, empezamos a realizar cálculos y estrategias, y a pensar con cuáles personas nos gustaría ir allí. Siguiendo con el ejemplo pensamos: “Mi amigo Carlos es ideal, pues tiene conocimiento de técnica y mecánica”. Agragamos: “Mi amiga Gisella sabe cocinar de maravillas, y necesitamos alguien que cocine”. Finalmente: “Mi hermano Pedro siempre me acompaña en mis aventuras”. Así que vamos y les decimos a ellos sobre nuestro proyecto. Usualmente la reacción es tibia, o entusiasta, pero se vuelve tibia en poco tiempo. Aquellos “elegidos” que queríamos como compañeros del viaje a la luna si han ido desembarcando del proyecto, poco a poco, tal vez sin decirlo con palabras, pero diciéndolo con gestos y actitudes.

Finalmente, nosotros como viajeros interestelares nos frustramos y abandonamos momentáneamente el proyecto, pero el mismo siguirá vivo en nuestro interior. Cierto día nos cruzamos con un viejo compañero de secundaria que hacía años que no veíamos. Al preguntarle “en qué andas”, él nos contesta: “siempre igual, soñando con ser astronauta”. A nosotros, ante tal respuesta, se nos ilumina el rostro y la esperanza. Otro día conocemos por accidente a una señorita que tropieza en la calle, de la cual nos hacemos amigos. Al ir conociéndola, descubrimos que su sueño es “viajar a donde sea y cocinar”, y nosotros pensamos “es la mujer perfecta”. Para terminar, un día en el club coincidimos con alguien completamente desconocido en nuestro propio equipo, que entró en reemplazo de alguien lesionado, y a quien algunos le dicen como sobrenombre “el astronauta” por su tendencia a hablar del espacio y del cosmos. “Bingo”, decimos para adentro. Así, con un equipo de completos desconocidos al momento de gestarse el proyecto, el mismo puede comenzar a hacerse realidad.

Este ejemplo intenta ilustrar algo que casi siempre me ha pasado y que seguramente la mayoría de las veces les ha sucedido a ustedes cuando idearon un proyecto. No es con quienes inicialmente pensábamos que nos irían a acompañar con quienes finalmente lo terminaremos haciendo, sino (si la frustración no nos hace abandonar el mismo) con personas tal vez desconocidas en ese momento.

Esta reflexión es importante para saber tres cosas:
1) No debemos frustrarnos cuando invitemos a alguien a un proyecto y este no quiera participar, o diga que sí con la boca pero no con sus actitudes. Esto es lo que más habitualmente sucederá.
2) Debemos tener presente que seguramente las personas ideales para este proyecto aún no las conocemos, y debemos mantener el proyecto vivo y vigente hasta que ellas aparezcan o re aparezcan en nuestra vida.
3) No es inicialmente importante a quien nosotros elegimos, si quién tienes las aptitudes y deseos necesarios para realizar el proyecto, aunque no lo conozcamos.

¿Tienen experiencias al respecto? Si es así y gustan de comentarlas, serán muy bienvenidas.

Allí donde brilla nuestra humanidad

Pensaba que si nuestras actitudes o palabras son reactivas, la agenda de lo que hacemos la dicta otra persona; aquél sobre cuyas acciones o palabras reaccionamos. Así, no somos genuinos. Tampoco humanos. El animal que todos llevamos dentro muestra sus dientes allí.

Sin embargo, si puedo tener acciones y palabras genuinas que no dependan ni estén condicionadas por lo que otros hacen, allí podremos ser genuinos. Allí brillará nuestra humanidad. Habremos colgado en el placard nuestro traje de animal para ser genuinamente seres humanos.

Tal vez eso haya querido decir Jesucristo cuando nos invitó a “poner la otra mejilla”. Poner la otra mejilla indica que si bien podemos devolver el golpe ante el cachetazo, también podemos no hacerlo haciendo otra cosa, dado que finalmente somos nosotros los que elegimos nuestras acciones. “Poner la otra mejilla” significa “tú eliges tus acciones, aunque te peguen“. Vivir en la conciencia constante de que nuestras acciones dependen de nuestra voluntad, de nuestras elecciones, y no de lo que sucede a nuestro alrededor, seguramente nos conducirá por el camino de perfeccionarnos en el difícil arte de ser un ser humano.

Hacia un mundo sin abuelos

“El hombre es la medida de todas las cosas.”
Protágoras

Ciertas campañas publicitarias actualmente en vigencia en diversos medios masivos de comunicación han puesto de manifiesto lo que es un secreto a voces. La tendencia sostenida de las personas integrantes de nuestras sociedades hacia un post narcisismo nihilista, luego de ejercitar durante varias décadas un dedicado narcisismo, va a dejar a los niños que están naciendo sin la posibilidad de conocer a sus abuelos.
Más allá de la terminología psicológica actualmente en vigencia, recordemos que se llama culturalmente narcisismo a una tendencia de la persona a darse demasiada importancia a sí misma, quitando, al hacerlo, importancia al resto de las personas. Así, la balanza entre el sí mismo y el prójimo se encuentra, en el narcisista, totalmente inclinada hacia el sí mismo. Por supuesto, no hablamos aquí ni nos referimos a la patología narcisista propuesta por Freud, de las cual los psicólogos y psiquiatras han de conocer en detalle, sino de una característica social generalmente no patológica —aunque puede llegar a serlo— de las personas. Cuando el narcisista ejerce dicha característica, al modo de una especie de sofisticada egolatría personal, se pone a sí mismo por sobre todas las cosas, restándole relevancia al prójimo y al mundo en que vive. El cree ser como un dios, un dios menor. Todo lo que sucede debe suceder en función de sus necesidades y anhelos; el narcisista se cree el centro del Universo. Por supuesto, pobrecito, en su afán ególatra el narcisista no se da cuenta de que su universo es una esfera que tiene medio metro de radio.


La tendencia actual de las personas a pensar primordialmente en sí mismas, en buscar un bienestar fundamentado en los bienes materiales y en el placer sensible corporal, en evitar olvidarse un poco de sí mismas para ocuparse de otras personsa —lo cual incluye entre otras actividades a la paternidad— está haciendo que el hecho de ser padres se postergue cada vez más, ejercitándose dicha acción sobre el límite de la edad corporal biológica recomendada para ello; usualmente sobre los 40 años e incluso más allá. Padres cuarentones con niños recién nacidos, he ahí una realidad hacia donde la sociedad se conduce. Ciertas medios publicitarios, decíamos, manifiestan este hecho poniendo —en su afán amoral— como modelo paradigmático del ser padre o madre a personas de más de 40 años que tienen hijos recién nacidos. Estos niños, ¡qué triste!, si la tendencia se acentúa, crecerán sin abuelos.

Probémoslo. Si el padre de un niño recién nacido ronda los cuarenta años o los sobrepasa, y el niño adquiere, a su vez, una personalidad narcisista por influjo de sus padres o de las “enseñanzas” de la sociedad, es probable que él también tenga hijos cerca del límite de la edad biológica recomendada para ello. Digamos, entonces, que un hijo de un padre narcisista será probablemente también narcisista y, siguiendo un simple modelo, al nacer su nieto, producto de un hijo que también tuvo su hijo cerca de los cuarenta años, tendrá ochenta años. Cerca de la expectativa de vida actual. Ese niño no tendrá abuelos, y si los tiene, ya al límite de su vida, no podrán “ejercer” de abuelos. La decadencia actual del ser humano se conduce a dejar a los niños sin uno de los elementos más valiosos de su crianza: el tiempo con sus abuelos. Estos, padres experimentados, son un componente vital en la vida de todo niño por la especial relación que se construye entre ellos, relación próspera en la enseñanza de valores, verdades y experiencia de vida.

Pero eso no es todo. El narcisista ve en el hecho de tener a un hijo un “trabajo“ o un “sacrificio“ que le quita tiempo a su auto celebración ególatra, a su búsqueda frenética de bienestar materialista y hedonista. Tener un hijo, para ellos, es tener que “sacrificar” su hedonismo materialista en aras de una tarea menor: criar y educar a otro ser humano. Pero cuando el niño nace, como la magia no existe, el narcisista no deja de ser tal, sino que lo sigue siendo en forma agravada, desarrollándose lo que yo llamo post narcisismo nihilista. Dado que el niño es un “enemigo” que atenta contra la egolatría personal de los padres, y presupuesto el hecho de que un padre no puede permitirse pensar en forma consciente que su propio hijo es un enemigo que atenta contra su estrategia narcisista o contra sus intereses egoístas, construye un nuevo modelo de narcisismo agravado, moderado en las apariencias exteriores pero profundizado en sus disfuncionalidades. Estos padres, así, transcienden el narcisismo clásico llegando a un post narcisismo donde el narcisismo inicial es disimulado, agravándose sin embargo el cuadro de fondo.


Esta perversa simulación no logra que los actos genuinos de criar y educar a los hijos aparezcan en el menú de este tipo de padres. Por ello, el padre post narcisista, nacido del narcisismo clásico, simula cuidar y criar al hijo, pero en el fondo no lo hace. Lo abandona simulando cuidarlo. Se perfecciona como un actor, como un artista de la simulación del ser padre, pero el hijo realmente no tiene ningún padre. La masiva entrada de los pre adolescentes a las drogas no tiene otra causa que esta: el abandono de los padres de sus responsabilidades como padres. Este post narcisismo se hace, por ende, nihilista.

Recordemos que la palabra nihil proviene del latín y significa “nada”. El nihilismo es una postura, explícita o implícita, consciente o inconsciente, en la que nada tiene sentido, en la que no hay valores, no hay moral ni verdad. El padre que “actúa” de padre, que simula serlo, en el fondo es profundamente nihilista pues no encuentra sentido a su vida ni a su ser padre, dado que para él, el nuevo niño lo único que hace es atentar contra su sofisticada estrategia ególatra. Pero debe simular ser padre, es decir, simular algo en lo que no cree, y solamente puede hacerlo sin nada tiene sentido, si todo es vano, salvo él, inmerso en su post narcicismo nihilista. Solamente puede simular aquél en quien la verdad y el bien no se ha encarnado: el nihilista.

Los niños de estos matrimonios aprenden rápidamente la jerarquía de “valores” de sus padres, buscando constantemente el pseudo bienestar que proponen los bienes materiales, ejercitando un individualismo extremo y una desconexión alarmantemente nihilista con respecto a las cosas importantes de la vida y del mundo.
¿Y dónde estarán los abuelos, acaso los únicos que podrían salvarlos del abismo? No los tendrán, y si los tienen serán octogenarios.

Por Hugo Landolfi

Buscando una grieta creativa entre el trabajo y el descanso

Mayormente, las personas de hoy en día alternan sus actividades entre dos ámbitos bien diferenciados. El trabajo, por un lado, y el descanso y el ocio, por el otro. En general, no puede decirse que las personas sean felices en sus trabajos, dado que difícilmente les agradan las actividades que realizan en los mismos. Por supuesto, hay honrosas excepciones, pero temo no equivocarme al pensar que la mayoría de las personas no es feliz en su trabajo, dado que allí hacen cosas que no les gustan.

Dado que el trabajo no solamente es desagradable sino también cansador –y más cansador cuanto más desagradable es–, la máxima aspiración cuando se está dentro del trabajo es estar fuera de él para descansar, anhelando entregarse al ocio y al bienestar de “pasarla bien”, suprema aspiración nihilista de nuestra cultura. La intrascendente rutina repetitiva recientemente manifestada que va desde el trabajo cotidiano desagradable al descanso ocioso extra laboral, no tarda en echar profundas raíces en la vida de las personas, de manera tal que, cuando la mencionada rutina se ha implantado, la vida de la persona puede reducirse simplemente a eso: del trabajo a casa –a descansar– y de casa al trabajo.

No hace falta aclarar la necesidad del trabajo y del descanso para la vida de las personas. No hacemos una crítica de ello aquí. Tanto el trabajo como el descanso y el ocio son actividades esenciales en la vida de las personas y deben tener una prioridad acorde a ello. El problema surge, sin embargo, cuando toda la vida de una persona se reduce a ello: solamente trabajar en una labor que difícilmente le agrade, y como término opuesto, el deseo profundo e inquebrantable de escapar de dicha labor para descansar y pasarla bien. El anhelabo “bienestar” que propone nuestra cultura.

Una grieta

El hombre contemporáneo, de este modo, se encuentra preso en la dinámica ciertamente nociva entre dos polos opuestos: un trabajo de algún modo desagradable, que no lo plenifica, y un tiempo de descanso, que si bien hace que la persona la pase mejor, tampoco lo plenifica. Pues, dada la comentada dinámica, ¿dónde aparece el ser humano genuino, el ser espiritual, que se manifiesta en obras y en actos en este mundo? En ningún lado; y así está nuestro mundo. Renunciando a ser auténticamente humano, el ser humano se ha animalizado pasando sus días alternando entre la labor rutinaria y el descanso, que siempre es un descanso para volver a esa labor.

Quién elige ese modo de vida para sí vive –como dijo un pensador– una vida de silenciosa desesperación. Habiendo renunciado a su humanidad, elige debatir sus días simulando ser más un animal de carga que un ser humano. Trabajo y descanso; eso lo define. El ser humano genuino allí no aparece. Sí lo hace el hombre mediocre que se contenta solamente con eso. Quien no es mediocre ha de haber encontrado la grieta creativa que aquí proponemos para manifestar nuestra humanidad al mundo, nuestro ser interior más profundo y genuino. En actos y en obras.

¿Entonces no debemos trabajar ni descansar? Por supuesto que debemos hacerlo. El problema aparece cuando eso es lo UNICO que hacemos. Cuando nuestra vida se ha reducido solo a eso. Cuando nuestra mediocridad estructural no busca la grieta.

¿Qué es la grieta de la que aquí se habla? Es un espacio intermedio entre el trabajo y el descanso para que el ser humano pleno realice aquellas actividades que lo plenifiquen, para que manifieste su vocación sino puede hacerlo en su trabajo, para que aprenda y estudie lo que le gusta, para que ayude a su prójimo, para que realice actividades sociales significativas, para que pase tiempo en oración al servicio de Dios, etc. En definitiva, para que agregue valor humano al mundo, ni más ni menos.

¿Dónde está la mencionada grieta? Donde nosotros queremos que esté. Nosotros mismos debemos generarla, buscando un espacio entre nuestras actividades rutinarias para que podamos encontrar tiempo para manifestar nuestro ser más pleno, aquellas actividades para las que hemos nacido, las que el mundo espera de nosotros para ser mejor. Si no generamos nuestra grieta, nuestro espacio creativo para ser genuinos y humanos no aparecerá. Si no agregamos valor espiritual al mundo, seguiremos viviendo vidas de silenciosa desesperación, sumidos en la más genuina u auto elegida mediocridad, pues nuestro camino de vida siempre es nuestra propia y auténtica elección.

Por Hugo Landolfi

Motivos para trascender en los medios

Nuestras sociedades están tan enfermas en cuanto a sus valores y aspiraciones, que no nos cansamos de descubrir personas que trascienden a los medios masivos de comunicación en forma constante por los motivos equivocados, por motivos que no son trascendentes. El asunto de fondo que quiero tratar aquí no es la trascendencia de las personas en sí mismas, lo cual es todo lo respetable y admitible que se quiera, sino los motivos de dicha trascendencia. Nuestras sociedades están tan confundidas, que los nuevos (y viejos) ídolos de barro nos siguen mostrando su trascendecia y, a la vez, sus precarios motivos y méritos de trascencia. Hablábamos hace poco de la blogger Cumbio al respecto.

Marcelo Tinelli en la revista Caras

Lamentablemente ya no somos una sociedad que admira lo magnánimo, lo genial y lo grandioso; las manifestaciones más grandes y más puras del espíritu humano; las cumbres supremas de la raza humana. No. Somos una sociedad que admira y desea la mediocridad, el mérito de no tener mérito, la fama gratuita, los bienes materiales que nunca terminan de satisfacer, las cáscaras vacías, los personajes huecos, los maestros de la desgracia y la decadencia.
Bambino Veira

Como padres, maestros y educadores: ¿Qué rol nos toca? Esencialmente denunciar el absurdo de este modus operandi, demostrando en cuanta ocasión sea posible el triste destino al que nos conduce este tipo de actitudes. Recomiendo, al respecto, una relectura de mi artículo: El modus operandi de los gestores de la TV basura es análogo al de los narcotraficantes.

Sobre el conflicto Israel-Palestina y sobre la esencia de cualquier conflicto

Si se pudiera definir en forma simple y sencilla la causa común de cualquier conflicto, ¿cuál sería la misma? Más allá del caso de nuestros hermanos del Medio Oriente que no dejan de apedrearse, la pregunta es: ¿Qué elemento esencial tienen en común todos los conflictos en los que el ser humano es protagonista?

A mi manera de ver, en el plano material, la causa común es la escasez de recursos considerados como buenos por, al menos, dos partes. Así, el conflicto sobreviene cuando un bien de por sí escaso es anhelado por dos partes interesadas en el mismo. Esto se aplica a todos los casos de conflictos en los que intervienen seres humanos. Desde dos amigos, un matrimonio y dos compañeros de trabajo, hasta países y gobiernos de todo el planeta. Siempre, las partes se disputan un bien que es escaso, el cual supuestamente no alcanza para ambas partes. Dos amigos que pelean por una misma novia (porque ella no puede ser plenamente novia de ambos al mismo tiempo), un matrimonio que pelea por tener razón (porque viven en la creencia de que dos personas no pueden tener razón al mismo tiempo), dos compañeros de trabajo que disputan el reconocimiento único de sus superiores (porque sus superiores les han enseñado, como les enseñamos a los alumnos en nuestras escuelas, que dos personas no pueden ser igualmente reconocidas, sino que siempre tiene que haber una superior y otra inferior). También, otro caso se presenta en la disputa de dos gobiernos cuya “tierra prometida” no alcanza para ambos. Israel y Palestina, pobrecitas, conducidas por ciegos que conducen a otros ciegos, anhelan solo para ellas la tierra prometida y… no alcanza para ambas. En síntesis, la clave y la esencia de todo conflicto es la escasez, dado que si ambas partes en conflicto anhelaran un bien, no siendo el mismo escazo, no habría conflicto.

Pero hay otro plano en todo conflicto, superior al plano material en el cual se manifiesta inicialemente. Este otro plano es el que verdaderamente alimenta, sustenta y hace prosperar el conflicto. Todo conflicto, entonces, se manifiesta en un plano material pero se sustenta en un plano espiritual. De ahora en más, luego de conocer estas verdades, no podremos decir que un conflicto se presenta “solamente” en el plano material, sino que “también” se sustenta en un plano espiritual. ¿Qué puede haber o no haber en el plano espiritual que sustente el conflicto? El amor por el prójimo, es decir, considerar si las partes en conflicto se aman o no. El amor, por supuesto, entendido aquí no sexual ni materialmente, sino espiritualmente, como la búsqueda incondicional y desinteresada del bien para el otro, por el prójimo. Y aquí, creo yo, está la clave última y esencial de todo conflicto. Puede haber escasez en el plano material, pero si hay verdadero amor espiritual entre las partes, el conflicto no podrá prosperar. Si no hay amor, en cambio, todo conflicto es posible dado que vivimos en un mundo finito y limitado, repleto de escasez.

Así, las partes en todo conflicto no están en conflicto por la escasez material en sí misma sino porque no se aman o porque no saben amarse; no buscan en forma indiferentemente y desinteresada el bien del otro sino el propio. Quieren el bien para ellos solos, cada uno por su lado. Van contentos y motivados a la batalla con un grito de guerra que dice: “¡Por mi y nada más que por mí!”. Por supuesto, el otro bando hace lo mismo, y así estamos. Cristo (¡cuánto se lo escucha y se lo cita, pero que tan poco caso se le hace!) dijo: “Amense los unos a los otros como yo los he amado”. Es tan sencillo y tan complejo a la vez. ¿O nosotros lo hacemos complejo?

Finalmente entonces, en todo conflicto no importa tanto el bien escaso de que se trate sino del amor que se profesen las partes en conflicto. Por ello no habría que preguntarles a los israelíes y a los palestinos por qué se pelean sino por qué no se aman, pues amándose podrán resolver la escasez material; sin amarse nunca podrán resolver nada, como de hecho sucede. Es menester reflexionar sobre esto en nuestros conflictos cotidianos, con las personas que nos rodean, y centrarnos siempre en el amor al prójimo más que en la escasez de bienes que en este mundo material y finito son y serán moneda corriente.

Recordemos que a veces no amamos al prójimo no porque verdaderamente no lo amemos, sino porque no sabemos amar. ¿Y si aprendemos a amar en vez de vivir en conflicto? ¿No sería ese un extraordinario desafío para plantearnos a nosotros mismos y a nuestras familias?

Por Hugo Landolfi
PD: Espero con ansias sus comentarios.

Del parecer al ser: la locura del ser humano contemporáneo

Un probervio chino dice que “Si no cambiamos la dirección de nuestros pasos, terminaremos llegando allí adonde nos dirigimos”. ¡Cuánto sentido común! Una sencilla definición de locura podría decir que es loco creer que llegaremos a determinado destino cuando nuestro pasos no se realizan en el camino que lleva a dicho destino. Así, no podremos llegar a ser guitarristas si estamos estudiando piano (o si no estudiamos nada), y tampoco llegaremos a ser Arquitectos si estudiamos veterinaria (o si no estudiamos nada). ¿Puede el hombre contemporáneo “llegar a ser” si recorre solamente el camino del parecer? ¿Puede el médico llegar a ser médico si solo simula ser un médico? ¿Puede acaso alguien llegar a algún lado sino no recorre exactamente el camino que conlleva hacia el destino querido? ¿No es ese el drama de nuestro mundo y del ser humano contemporáneo? Veamos.

¿Qué es “llegar a ser” para el ser humano? Si el ser humano es un ser tal que se auto construye en su humanidad, es decir, en su ser auténticamente humano, el “llegar a ser” del ser humano es, justamente, llegar a ser humano, a desarrollar en forma plena y lo más perfectamente posible en este mundo su humanidad )o su esencia) plasmada en actos y en obras. Mi libro “Construye tu obra y rómpete” habla de ello. El ser humano viene al mundo en un estado de escaso desarrollo y perfeccionamiento. Una de las tareas del ser humano en esta vida es desarrollar y perfeccionar todas sus dimensiones, incluyendo la esfera física, la esfera psíquica y emocional, la esfera mental e intelectual, y por último la esfera espiritual.

La diferencia del ser humano con respecto a otros seres de este mundo (como los animales) es que en el ser humano su desarrolo y perfeccionamiento dependen de su inteligencia y voluntad, de tal manera que es algo que él tiene que contruir diarimente. El animal no tiene que hacer nada de por sí, salvo lo que su instinto le manda. El ser humano debe poner todo de sí para perfeccionarse y así llegar a ser cada vez más humano, cada vez más perfecto, manifestando cada vez más las potencialidades que guarda su esencia.

¿Pero qué hace el hombre medio de hoy? Recorriendo un camino que no conduce allí adonde quiere dirigirse, busca llegar a ser desde el parecer. En el fondo, parecería que no quiere ser sino simplemente parecer. Todos sus esfuerzos están permanentemente puestos en simular ser algo que no es; en eso se juega la vida. Quiere ser bueno y virtuoso, pero al no estar dispuesto a realizar el esfuezo voluntario de recorrer el camino que lo conduce allí, se contenta tan solo con parecerlo. Vislumbra el largo y trabajoso camino que le llevará a constituirse como un hombre de raza, y por temor al esfuerzo, renuncia a ese camino y escoje un atajo: el atajo de la mediocridad. Son mediocres de raza. Vagos profesionales.

Quiere saber, pero por no estar dispuesto a realizar el esfuerzo genuino por aprender, simula su saber transformándose en un experto opinador de cuanto tema surja en una conversación. Sí, el mediocre de raza puede opinar con un aire de certeza sobre casi cualquier cosa, trivial o profunda. Habla con majestuosidad tanto de fútbol como de la existencia de Dios; tanto de botánica como de física nuclear; tanto de Aristóteles como de buenos vinos. Ah, ¡qué no daría por conversar con uno de ellos!

¿Creerá, acaso, esta raza de hombres escasamente humanos, que el arte de la simulación le deparará finalmente los bienes anhelados? ¿Creerá que simular saber le otorgará finalmente el conocimiento? ¿Tendrá la íntima convicción de que aparentando ser bueno podrá llegar a serlo genuinamente alguna vez? ¿Creerá, por fin, contradiciendo a la milenaria sabiduría china, que una persona puede llegar al objetivo propuesto sin importar el camino que tome para alcanzarlo?

Finalmente: ¿No está loco el hombre de hoy?

Por Hugo Landolfi

Sobre el tiempo, las celebraciones y el año nuevo

En este artículo sobre la realidad del tiempo hablábamos con respecto a que el tiempo es una creación metal del hombre en al medida en que logra medir las suscesivas etapas de un movimiento. En función de ello preguntábamos en este artículo qué se celebra en el año nuevo si, en definitiva, el tiempo en verdad no existe en la realidad.

Las respuestas han sido variadas y notables. Les agradezco a Anita que plantea la celebración como algo muy personal donde se evaluan las actuaciones pasadas; a Ana de Luz por su extenso y erudito comentario, aunque yo, por cierto, no acuerdo mucho con respecto a las vidas pasadas; a Estela Luz por su cita bíblica muy pertinente; a Alberto Alvari por sus interesantes reflexiones y sobre el sentido de la celebración; a Katerina Maksimenko pues busca indagar filosóficamente sobre el tema (y lo logra muy bien); a Nicolás por su perspectiva social acerca del tiempo; a Walter Lopez que vincula la temporalidad a la finitud, lo cual es muy cierto; a Mary Lou por asociar el tiempo y los ciclos humanos; a Jhon Armstrong porque manifiesta que aunque exista el tiempo el hombre igual puede elegir qué hacer; a Lorenzo Armas que vincula la celebración a los cambios que padece la humanidad; a Antonio Corredor y su explicación sobre las tradiciones humanas, muy pertinente; a Néstor Salgado siempre tan atento al sufrimiento de sus semajantes; a Elizabeth por compartir con nosotros su experiencia familiar: gracias!; y a Jorge Ludewig porque plantea también un tema interesante: la arbitrariedad de las fechas de celebración.

Gracias a todos por tan maravillosos aportes. Esto de hablar del tiempo y de la celebración de año nuevo de esta manera, nos coloca como pintando un cuadro en forma conjunta y colectiva, sobre el cual cada uno de nosotros va dando una muy personal y particular pincelada, el conjunto de las cuales muestra las múltiples facetas y modos de abordarse que tiene el tema en cuestión.

Algo que ha llamado mi atención es que casi todos se refirieron al año nuevo como una fecha para evaluar lo pasado, pero muy pocos plantearon objetivos a futuro para el 2009, lo cual debería ser algo típico para el liderazgo de la propia vida. Como decía Séneca: para quien no sabe adonde va ningún viento le es favorable. Ojo, no digo que esos objetivos no estén en cada uno de nosotros, simplemente digo que me ha llamado la atención que casi todos se manifestaron sobre el pasado, lo que no puede ser cambiado, en vez de manifestarse sobre el futuro, lo que todavía no ha sido realizado. ¿Sabemos adónde vamos o, al menos, adónde queremos ir en este año 2009? ¿Cuáles son nuestros objetivos personales, familiares y sociales en nuestras áreas multidimensionales como seres humanos, entre ellas el cuerpo, la psiquis, la mente y la espiritualidad?

¿Cuál es nuestra visión para nuestra propia vida individual y colectiva para este 2009 con respecto a lo material, lo psíquico, lo intelectual y lo espiritual? ¿Lo sabemos? ¿Lo tenemos claramente a la vista? Pues si no es así, ¿Cómo habremos de alcanzar un objetivo que no vemos?

Saludos a todos, Hugo Landolfi