Oct 21

Si Dios no existe, no hay nada bueno ni malo para el hombre. Todo, absolutamente todo, se transforma en arbitrario. No hay nada que sea específicamente bueno para nosotros, que nos haga bien; ni hay nada específicamente malo y que nos haga mal o nos dañe. Desaparecería incluso el amor.

Suponiendo por un imposible que Dios no fuese para el hombre un bien de verdad, algo que es bueno, no habría para el hombre tampoco razón alguna para amar. Tomás de Aquino, Suma de Teología.

Sin embargo, el hombre sufre un gran daño y perjuicio que se manifiestan en la desesperación y la angustia extrema en que vive cuando vive olvidado de Dios. Si la tesis que sostiene que Dios no existe fuera cierta, el hombre, al elegir arbitrariamente, ya sea cuidar enfermos o conducir a la cámara de gas a millones de inocentes, como diría Camus, no se angustiaría ni se desesperaría. Porque, dijimos, la inexistencia de Dios borra de plano la idea del bien y del mal, lo bueno o malo para el hombre. Pero, sin embargo, el hombre ante la arbitrariedad de sus elecciones, ante la falta de significado de su vida, se angustia y se desespera, pues busca y necesita desesperadamente del bien. Del Bien Supremo, que es Dios. Esto también demuestra, por vía del absurdo, la existencia de Dios. Si Dios no existiese, sin importar lo que hiciéramos, no deberíamos angustiarnos ni desesperarnos, pues nuestra vida misma estaría diseñada para no esperar nada y para no angustiarnos ante lo ausente. No sentiríamos el dolor.

La angustia frente al dolor requiere de la existencia del mal, que, a su vez, requiere de la existencia del bien, pues el mal es un bien ausente y debido. Pero sin Dios no hay mal ni bien, sino solamente arbitrariedad. Pero puesto que existe el dolor, ha de existir el mal y, por ende, el bien. Por ende, ha de existir Dios.

Así como para la delectación se requieren dos cosas, cuales son la unión con el bien y la percepción de esta unión; así también se requieren dos cosas para el dolor, esto es, la unión con algún mal (que es mal por lo mismo que priva de un bien) y la percepción de esta unión. Ahora bien, todo lo que se une, si no tiene razón de bien o de mal respecto de aquel al que se une, no puede causar delectación o dolor. Por lo cual es evidente que el objeto de la delectación y del dolor es algo bajo la razón de bien o de mal. Tomás de Aquino, Suma de Teología.

Si nos desesperamos y nos angustiamos es porque hay algo ausente que el hombre necesita. Un bien debido. Esto ausente no será, tampoco, arbitrario, pues sino ante el olvido de Dios se angustiarían y desesperarían unos pocos y no casi todos, como en efecto sucede. Esa ausencia añorada, esa salvación de la muerte de un ser consciente de la misma que quiere vivir por siempre, no es otro que el rostro de su Dios. Su Creador.

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Ago 10

Filosofar es pensar, encontrar sentido, entender el mundo, buscar la sabiduría y realizar muchas preguntas encontrando algunas respuestas. No filosofar es lo contrario.




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Jun 15

Tomás de Aquino explica con maestría esta cuestión. El texto que sigue corresponde a la Suma Teológica, primera parte de la segunda parte, cuestión 2, artículo 1:

Es imposible que la bienaventuranza del hombre consista en las riquezas. Hay dos clases de riquezas, como señala el Filósofo en I Polit., las naturales y las artificiales. Las riquezas naturales sirven para subsanar las debilidades de la naturaleza; así el alimento, la bebida, el vestido, los vehículos, el alojamiento, etc. Por su parte, las riquezas artificiales, como el dinero, por sí mismas, no satisfacen a la naturaleza, sino que las inventó el hombre para facilitar el intercambio, para que sean de algún modo la medida de las cosas vendibles. Es claro que la bienaventuranza del hombre no puede estar en las riquezas naturales, pues se las busca en orden a otra cosa; para sustentar la naturaleza del hombre y, por eso, no pueden ser el fin último del hombre, sino que se ordenan a él como a su fin. Por eso, en el orden de la naturaleza, todas las cosas están subordinadas al hombre y han sido hechas para el hombre, como dice el salmo 8,8: Todo lo sometiste bajo sus pies. Las riquezas artificiales, a su vez, sólo se buscan en función de las naturales. No se apetecerían si con ellas no se compraran cosas necesarias para disfrutar de la vida. Por eso tienen mucha menos razón de último fin. Es imposible, por tanto, que la bienaventuranza, que es el fin último del hombre esté en las riquezas.

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May 19

Cada vez que leo y estudio con mayor profundidad a Ken Wilber me doy cuenta de que en su “sistema integral” toda metafísica y filosofía auténtica es imposible, dado que su sistema responde a un tipo de pensamiento que en el fondo es una mezcla de fenomenología y positivismo. En todo caso, su “sistema integral” que propone incluir e interrelacionar las verdades de las grandes tradiciones de pensamiento de occidente y oriente deja de lado una de las tradiciones más suculentas de ambos hemisferios planetarios: la filosofía y la metafísica. En verdad, no es muy integral que digamos. Y curiosamente se lo llama “el filósofo de la conciencia”. Veamos el siguiente video y comentémoslo.


Recordemos, antes de proseguir, que el positivismo del siglo XIX plantea una dualidad entre filosofía y ciencias bajo la cual culturalmente vivimos, y la cual debe ser profundamente revisada. Aristóteles proponía que el conocimiento científico era un conocimiento cierto por la causas, es decir, un conocimiento verdadero de algo en función de sus causas. Se refiere, por supuesto y con primacía, al conocimiento intelectual, propio de la filosofía y de la metafísica. Conociento cierto y no conjetural. Este tipo de conocimiento es absolutamente compatible con el conocimiento probable o conjetural de las ciencias positivas que nacen en el siglo XIX. De este modo, por un lado existe todo un ámbito de conocimiento certero e intelectual, por las causas, llamado filosófico o metafísico. Por otro, existe todo un ámbito del conocimiento probable o conjetural llamado de las ciencias positivas. Ambos pueden convivir en armonía, pero parece que no para Ken Wilber.

Así, tenemos dos ámbitos de conocimiento compatibles entre sí:
1) Filosófico o metafísico: Se llega a verdades con certeza y se busca las causas últimas de lo conocido.
2) De las ciencias positivas: Se llega a un conocimiento no certero sino conjetural o probabilístico. En todo caso se buscan causas inmediatas, no últimas.

Uno de los problemas del positivismo, contradictorio desde su mismo planteo, consiste en que si nos adherimos a rajatabla a su planteo, la metafísica y la filosofía quedan afuera de cualquier tipo de conocimiento válido. No son una especie de conocimiento que deba admitirse. Wilber parece abonar esta línea. La filosofía, sin embargo, admite un conocimiento de tipo científico positivista. Esto significa que la filosofía valida al conocimiento científico pero no al conocimiento científico positivista donde toda metafísica es imposible y carece de sentido. Veamos.

Ken Wilber plantea en el video que hay “tres alas” dentro del conocimiento científico:

1) Paradigma y Prescripción: Se debe hacer un experiemento para verificar un hecho, llegar a una experiencia o lograr una “iluminación”. La atribuye a Thomas Khun.
2) Empirismo: Dice que hay que tener una experiencia para tener un conocimiento válido.
3) Confirmación: La atribuye a Popper con su concepto de falsabilidad.

En el minuto 4:15 dice: “estas tres vertientes científicas pueden ser aplicadas a cualquier ámbito de conocimiento”. Es decir, muestra allí la pretención positivista de llegar su metodología fuera del campo de las ciencias naturales hasta llegar al mismo conocimiento filosófico. Cuando la ciencia se ocupa de los objetos de las ciencias naturales le llama “ciencia estrecha”. Cuando, en cambio, se ocupa de objetos de estudio que propiamente caen dentro del campo de estudio de la filosofía le llama “ciencia profunda”. Estas últimas citas se aprecian al final del video.

En el minuto 5:00 dice “yo simplemente aplico estas tres vertientes de la ciencia a cualquier forma de conocimiento”. Esto vuelve a comprobar el punto anterior.

En el minuto 6:02 dice “lo mismo sucede con el conocimiento místico y contemplativo: no está ahí afuera pero cumple con estas tres vertientes”. Aquí claramente manifiesta la violación metodológica positivista que utiliza su metodo originalmente ideado para la ciencias naturales para alcanzar un objeto de estudio que cae claramente fuera de ese campo de estudio.

En el minuto 6:48 parece asociar al conocimiento contemplativo e intelectual (metafísico) con un cierto tipo de “dogma”. “Eso es dogma”, dice. Esto es claramente positivista donde la metafìsica y la filosofìa carecen de sentido, son dogma.

En el minuto 7:40 dice “Y esto podría ser un resumen de lo que hace la metodología integral. Por eso nos permite probar la existencia de fenómenos en el (cuadrante) superior derecho, el inferior derecho, etc., y entonces unirlos en formar que comienzan a tener sentido.” Aquí finalmente muestra nuevamente sus dientes positivistas.

El problema de este planteo radica en una confusiòn entre el conocimiento intelectual y el experiencial. Reduce el segundo al primero queriendo hacer “ciencia positiva” de objetos que no son de las ciencias naturales. Confunde objetos de estudio, métodos gnoseológicos de estudio y validez del conocimiento haciendo de todo un gran engrudo “integral” que de integral tiene poco y donde el supuesto “filósofo de la conciencia” no es más que un “científico positivista de la conciencia”.

Espero sus comentarios.

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May 07

Tomás de Aquino, un filósofo y teólogo medieval, tiene un texto sumamente claro con respecto a la natural aspiración que posee el ser humano al anhelar conocer lo que ve en el mundo por sus causas. Esto lo hace poniendo en ejercicio su potencia más perfecta: su inteligencia. La cita es la que sigue:

Se encuentra naturalmente en todos los hombres el deseo de conocer las causas de aquellos seres que se mueven; de donde en razón de la admiración de aquellos que han sido vistos, cuyas causas se ocultan, los hombres, en primer término han comenzado a filosofar; y encontrando las causas se aquietaba su deseo. La investigación persiste hasta tanto se llegue a la primera causa. Cuando conocemos la primera causa, entonces apreciamos conocer perfectamente. En forma consiguiente, el hombre desea conocer naturalmente la primera causa que es también el último fin.

El texto es sumamente claro y expeditivo con respecto al tema que nos ocupa, pero intentaremos explicitarlo para una mayor comprensión de los lectores. En el ser humano, dice el filósofo, se da naturalmente el deseo de conocer las causas de los seres existentes en el mundo. Al mencionar la palabra “naturalmente”, entendemos que se quiere decir que este anhelo de conocer le es propio y consustancial al ser humano. Es un claro rasgo de su ser esencial más profundo. El ser humano naturalmente quiere conocer lo que ve, y conocer sus causas; saber de dónde ha salido, qué lo ha originado.

Esta actitud es la esencia de la actitud filosófica ya que, según su definición propia, filosofía significa amor a la sabiduría o, lo que es lo mismo, anhelo por saber. Este anhelo por saber, esta tendencia a conocer, no se acaba en el objeto conocido ni se sacia en el mismo sino solamente cuando conocemos su causa. Así, dice Tomás de Aquino, el deseo se aquieta cuando el hombre conoce las causas de lo que conoce. De este modo, podemos avanzar un paso más y mencionar que el anhelo por conocer del modo enunciado solamente se aquietará en forma completa cuando se alcance el conocimiento de la primera causa, de la causa principal y eminente de todo lo que existe.

En consideración de lo dicho podemos concluir que el ser humano se encuentra naturalmente orientado hacia la actitud filosófica de conocer causalmente. Así, ser filósofo, el anhelar saber, profundizar en el conocimiento de lo que ve diariamente, es completamente connatural al ser humano. Su característica más distintiva radica en esto: afanarse por conocer lo que ve y buscar sus causas ocultas, hasta llegar irremediablemente a la primera causa, ocasión en que su apetito por saber se saciará definitivamente.

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Feb 10

A los terapeutas y psicólogos les quita el sueño uno de los problemas con que habitualmente se encuentran más a menudo dentro de sus consultorios: la falta de auto estima de algunos de sus pacientes. En su trabajo cotidiano dentro de sus consultorios, tratan de reforzar y estimular la misma con las técnicas y procedimientos más sofisticados y novedosos. La mayoría de tales procedimientos, a nuestra manera de ver, fracasan en el logro de su intensión –reforzar o consolidar verdaderamente la autoestima– pues fallan inicialmente en el diagnóstico, dado que consideran al origen de la falta de auto estima como un producto de origen meramente psíquico cuando en realidad tiene orígenes antropológicos, filosóficos y metafísicos. Son estos orígenes metafísicos los que luego, en la vida cotidiana de las personas, manifiestan una resonancia dentro del ámbito psíquico. Con esta afirmación no negamos, por supuesto, que el problema de la autoestima tenga manifestaciones y resonancias de importancia dentro del campo psicológico; lo que manifestamos es que su génesis no proviene de dicho campo, y por los tanto, tampoco puede provenir de allí su solución.

San Agustín comienza sus “Confesiones” preguntándose si esta vida humana es una vida mortal o una muerte vital. El obispo de Ipona, lo que pone sobre el tapete con dicho cuestionamiento, es la realidad de la contingencia y de la finitud de la vida terrenal del ser humano. Su modo de ser no es un modo pleno y perfecto de ser, aunque tampoco es una “nada”. La vida del ser humano en esta tierra se encuentra como a medio camino entre la plenitud de ser y la nada. Existe, pero existe limitadamente. De ahí su finitud. Existe, pero podría no existir. De ahí su contingencia. Finitud y contingencia hacen que la identidad del ser humano para sí mismo se vea seriamente comprometida. Su identidad para consigo mismo, su valor propio, su auto estima, emerge entonces inicialmente construida en forma precaria. El ser humano no sabe bien quién es él mismo, pues se sabe existiendo limitadamente. Tampoco sabe cómo es, pues su modo de existir es precario, debatiéndose entre la posibilidad de no ser que le plantea su propia muerte.

Para quien existe, pero podría no existir, y para quien existe, pero lo hace limitadamente, el valor percibido sobre el sí mismo es inicial y contundentemente limitado. ¿Cómo podemos creer que valemos mucho si somos seres limitados, finitos? ¿De qué manera podemos consolidar nuestro valor sobre nosotros mismos si, a la vez que existimos, podríamos nunca haber sido? Y además, nos acecha la idea de la muerte, del fin más supremo, nuestro propio término.

La conciencia de esta realidad, que se debate entre la finitud y la contingencia, es la que construye precariamente nuestra autoestima. Pero, como dijimos, dado que su génesis no es intra psicológica, tampoco lo es su solución, por mucho que les pese a los terapeutas. Ninguna técnica psicológica va nunca a ayudar a alguien a construir realmente su autoestima. Podrá brindar soluciones momentáneas y parciales, que acabarán por derrumbarse en poco tiempo, pero nunca podrá proveer de una solución radical y final.

Para encontrar una verdadera solución a este tema hay que atreverse a filosofar, a tratar filosóficamente los aspectos mencionados sobre la realidad del ser humano. Esto, por supuesto, puede realizarse dentro del espacio terapéutico pero, ¿qué terapeuta o piscólogo se encuentra capacitado para hacerlo?

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Feb 05

Aristóteles decía que la felicidad del hombre consiste en la unión de su potencia de conocimiento más perfecta con su objeto propio. De este modo, para el estagirita, la felicidad se hace presente en el hombre cuando su potencia de conocimiento más perfecta, su inteligencia, se une con su objeto propio, la verdad. El contemplar la verdad de este mundo es, entonces, la actividad suprema del ser humano que lo conduce a la máxima felicidad, es la medida en que eso es posible en este mundo. La felicidad para Aristóteles es intramundana e inmanente al mundo por el sencillo hecho de que las verdades a conocer y a contemplar se encuentran dentro del mundo. Para Aristóteles este mundo se basta a sí mismo, siendo el único mundo en el que podremos vivir.

El teólogo y filósofo medioeval Santo Tomás de Aquino, glosando y completando al estagirita, agregó que solo la contemplación de Dios, suprema verdad trascendente, puede hacer plenamente feliz al hombre. Se pueden contemplar las verdades de este mundo, lo cual nos dará una cierta medida de felicidad. Pero solamente la contemplación de la Verdad suprema, Dios, nos hará plena y perfectamente felices. Dicha contemplación es ultra mundana, como también lo es la felicidad lograda. La contemplación plena de Dios no se da ya en la vida terrenal sino en la vida posterior a la muerte, a la cual esta vida terrenal debe ordenarse y supeditarse. Para el aquinate este mundo no se basta a sí mismo y, aunque tiene un pleno sentido y valor en sí mismo, lo que sucede en él se ordena al otro mundo, al que accederemos luego de la muerte del cuerpo.

Pero además de las potencias de conocimiento intelectuales, el ser humano tiene potencias de conocimiento sensibles que provienen exclusivamente de su cuerpo, al igual que los animales. Los cinco sentidos del cuerpo son las principales fuentes de conocimiento sensible. Estas potencias de conocimiento son las menos perfectas y menos jerárquicas del ser humano.

Si la felicidad consiste en la unión de la potencia más perfecta con su objeto propio, ¿qué puede suceder cuando se unen las potencias menos perfectas –las sensibles– con sus objetos propios? Aparece una delectación y un placer limitados, pobres, cuyos efectos son poco duraderos y escasamente satisfactorios para un ser de aspiraciones como es el ser humano. La desesperación y el tedio no tardan en aparecer dado que los placeres sensibles no terminan de satisfacer a un ser humano hambriento de “algo más”.

Por supuesto, los placeres sensibles del cuerpo son de acceso inmediato, más fáciles de obtener. Es lo que propone nuestra cultura: placeres a la mano, disponibles al instante. De poca cuantía por supuesto, pero disponibles inmediatamente. Alcanzar la felicidad que nos brindan la actividad intelectual es más arduo y no tan inmediato. Se requiere un esfuerzo constante durante algún tiempo para alcanzarlos. Por ejemplo, fumar un cigarrillo o tomar un trago de una bebida alcohólica causan un placer inmediato, comparados con la ardua tarea que conlleva a estudiar algún conocimiento filosófico humano.

Así las cosas, nuestro mundo contemporáneo se ha especializado en poner casi todas sus esperanzas para el logro de la felicidad en los bienes sensibles, corporales y materiales. El resultado es más que obvio: desesperación e infelicidad a mansalva; reincidencia constante en búsqueda infructuosa de la felicidad en los placeres sensibles que lleva al abuso de drogas legales e ilegales; una auto reducción de la vida humana a la animalidad; un hedonismo materialista exacerbado; etcétera. El hombre de hoy es un profesional del nihilismo pues es lo que la cultura imperante le propone. Y él se deja tiernamente conducir.

San Agustín, el obispo de Ipona, decía: “Nos hiciste para ti y nuestro corazón se encontrará inquieto hasta que descanse en ti”. ¿Podrán los líderes del mundo nihilista y materialista en que vivimos, sean ellos políticos, profesores, maestros de escuela y madres y padres, dar un golpe de timón para que sus liderados puedan comenzar a brevar de la fuente de la verdadera felicidad? Nuestra esperanza está puesta en ello.

¿Pero cómo habrán de hacer para ayudar a otros si ellos mismos, los mencionados líderes, tienen encarnados en sí mismos y en sus vidas estos modos materialistas de obrar y de ser? ¿No son, acaso, como ciegos que conducen a otros ciegos? Pobrecito este mundo; es conducido por ciegos, que conducen a otros ciegos directamente hacia el fondo del pozo. ¿Será por eso que Cristo dijo: “mi reino no es de este mundo”?

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Feb 03

Recientemente, algunas ciudades de España, especialmente Barcelona, Málaga y Madrid, se han visto sorprendidas por una singular campaña a favor del ateísmo. La misma tomó forma bajo la colocación de pancartas en los laterales de las principales líneas de ómnibus y colectivos españoles. La pancarta reza: “Probablemente Dios no existe; deja de preocuparte y disfruta de la vida”.

Según nuestras fuentes, la campaña ha sido financiada por miembros de la Unión de Ateos y Librepensadores de España, una asociación que promueve la verdad científica, si es que tal cosa puede ser posible.

A nuestra manera de ver, que intentaremos probar seguidamente, esta asociación y sus dirigentes tienen más disponibilidad de dinero para gastar en esta campaña, que racionalidad propiamente dicha, pues sus argumentos, precarios, caen presos de sus propias premisas. Veamos.

Dios probablemente no existe

1) El planteo probabilista: Toda enunciación científica entendida positivamente ha de ser necesariamente probabilista pues su mismo método inductivo no admite certezas que solo el método deductivo podrá brindarle. Por ello, y con toda coherencia, la propuesta comienza diciendo “Probablemente Dios no existe…” y nunca dice taxativamente “Dios no existe”.
El problema de todo probabilismo es que es posible plantear tanto un argumento como su contrario, debido al carácter probabilista del mismo planteo. Así, por ejemplo, si decimos que “es probable que mañana llueva”, también podremos decir sin contradecir a lo anterior que “es probable que mañana no llueva”. El fundamento de esto es que si es probable que mañana llueva, y tal cosa no puede plantearse con una certeza absoluta, también va a ser probable su contrario.
El planteo probabilista “Es probable que Dios no exista” también admite la afirmación contraria “es probable que Dios exista”, lo cual manifiesta el poco grado de certeza que tienen las afirmaciones científicas en este campo, y la precariedad del planteo mismo.

2) La certeza del método científico: El método de la ciencia positiva es inductivo, y por ende, de conclusiones probables y no necesarias. Siempre falsables y sujetas a contra pruebas y revisión, como quería Karl Popper. Sobre Dios no puede hablar la ciencia positiva sino solamente la filosofía. Cuando la ciencia positiva habla de Dios, no solamente brinda cuestionables afirmaciones probabilistas, sino que viola sistemáticamente su propio método de estudio haciendo a sus afirmaciones inválidas.

3) Las afirmaciones de la ciencia sobre objetos que caen fuera de su campo de estudio son inválidas: Cuando la ciencia positiva trata de temas que caen fuera de su campo de estudio, como es el caso que nos ocupa, sus afirmaciones son completamente inválidas. El método científico ha sido ideado para tratar de estudiar realidades sensibles y materiales mediante la experimentación. Cuando ese método se utiliza para estudiar otras realidades, como la de Dios, el método deja de ser válido pues no ha sido desarrollado para ello. Al ser inválido el método, sus conclusiones son también inválidas.

4) La voluntad de poder: Una de las características de la ciencia positiva es proponerse a sí misma como un dios menor, es decir, como un sistema de conocimientos que paulatinamente va a solucionar todos los problemas de las personas. Es la idea misma de progreso. De este modo, muestra una voluntad de poder que va más allá del simple acto especulativo de conocer si Dios existe o no. Por eso la razón misma de la campaña publicitaria, la cual es la voluntad de poder para imponer este sistema de “creencias”.

5) El imperativo moral y la reducción a la animalidad: Es interesante el planteo moral de la enunciación “Probablemente Dios no existe; deja de preocuparte y disfruta de la vida”. Dicho de otra manera, podrá decirse que ya que es probable que Dios no exista, dejemos de preocuparnos y disfrutemos de la vida. Lamentablemente, el argumento es nuevamente falaz. Si Dios no existe, la vida es pura desesperación y sin sentido. La muerte es algo seguro y final. Como quería Dostoievski, todo está permitido. ¿Podemos dejar de preocuparnos y disfrutar de la vida en un mundo tal? Podemos, pero solamente dejando de ser seres humanos y volviéndonos animales como propone la premisa. El “disfrute” propuesto es solamente del cuerpo, del animal, por lo cual el ser humano queda reducido así a ser un animal más del mundo, que solo debe disfrutar. Cualquier semejanza con los valores propuestos por las sociedades contemporáneas es mera coincidencia.

Como conclusión, debido a las serias limitaciones conceptuales, metodológicas y morales manifestadas en la susodicha campaña publicitaria por la Unión de Ateos y Librepensadores de España, podemos decir que más que bronca y enojo (como han manifestado ciertos grupos cristianos) estas personas deben hacer que nos enternezcamos con ellas, para invitarlas a estudiar con profundidad estas cuestiones que exceden al método científico y se inscriben dentro de las temáticas filosóficas más profundas y perennes.

Haber gastado una buena cantidad de dinero para promover publicitariamente argumentos falaces es notablemente meritorio en los tiempos de crisis económica que nos toca vivir.

Por Hugo Landolfi

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Ene 28

La ciencia positiva nos dice que, tanto el ser humano como el Universo, son un mero producto de la evolución. Como quería Jacques Monod, un producto del azar y la necesidad. La verdad es que lo que propone la ciencia positiva suena convincente, máximamente teniendo en cuenta nuestra formación cultural como científicos positivistas. El siguiente video representa muy bien esta línea de pensamiento.


Lo que propongo a los lectores es indagar sobre los alcances y limitaciones de esta postura para verificar su veracidad y, por ende, si puede ser algo que deba ser tenido en cuenta.

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Ene 18

He tenido la oportunidad de ir al cine a ver con mis hijas la película “Bolt” recién estrenada, la cual es obra de los estudios Disney. Hace tiempo que vengo con ganas de escribir sobre trasfondo ético-filosófico de las películas de Disney, así que voy a aprovechar la oportunidad para hacelo ahora. Casi todas las películas de Disney poseen una serie de elementos fijos e inalterables que guían la trama de la historia. Estos son:
1) Un planteo maniqueo entre el bien y el mal donde aparecen dos bandos bien diferenciados: los buenos y los malos.
2) El grupo de los “buenos” se relaciona entre sí a traves de un sentimentalismo superficial de carácter materialista y, en el fondo, nihilista.
3) Una idea de progreso personal (principalmente de los personajes buenos), que posee raíces positivistas e iluministas.
4) Una moral relativista fundamentada en el sentimentalismo materialista mencionado.

Bolt Disney

Sobre el punto 1: El planteo maniqueo posee ya varios siglos de historia. El mismo se fundamenta en la oposición de dos grandes fuerzas o polos en el Universo: el bien y el mal. Con respecto al bien, no hay problemas. El error del maniqueísmo es otorgarle una entidad propia al mal, como si fuera que el mal existe de por sí y absolutamente. Se pretende mostrar al mal como una fuerza que se opone al bien, pero de signo contrario, con la cual el Universo adquiere una especie de “equilibrio”. No entraremos aquí a elucubrar sobre el tema del mal, que es notablemente complejo de por sí, pero filosóficamente se entiende al mal como la privación de un bien, es decir, como un bien parcial y limitado. No es algo que exista de por sí, sino más bien una carencia parcial de un bien.

Sobre el punto 2: Los personajes “buenos” de las historias de Disney se relacionan entre sí especialmente a través de una emocionalidad sentimentalista de bajo vuelo. Es una emocionalidad que no se trasciende a sí misma y que se queda allí, sin alcanzar nuncá jamás ningún tipo de espiritualidad. Por eso decimos que es de carácter materialista, y en el fondo, como todo lo materialista, nihilista. Todo lo que sucede entre los personajes es de carácter emocional, ya que hay abrazos, lágrimas y otros sentimentalismos que no se resuelven en una dimensión superior. Cabe aclarar que la emocionalidad en sí misma no tiene nada de malo, al contrario. Se torna nociva cuando eso es lo único que hay pues nos arroja al nihilismo.

Sobre el punto 3: Los personajes tienen siempre un carácter progresista frente a las dificultades que la trama les presenta, lo cual me hace acordar a la idea del progreso constante, de carácter también materialista, que propone el positivismo y el iluminismo.

Sobre el punto 4: Dado que todo el planteo de fondo es materialista, la moral de fondo no puede ser más que relativista, dado que no hay valores ni ética absoluta. El bien y el mal se resuelven dentro del individualismo y subjetivismo de cada persona, dando lugar a la idea de que “es bueno o está bien lo que a nosotros (los buenos) nos parece”. Esta es la base de la aberrante moral relativista.

Bueno, es todo por ahora. ¡Pensar que creíamos que estas películas eran buenas y formativas para los niños! Espero comentarios, preguntas y pedido de aclaraciones.

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