nov 25

Dentro del mundo de la consultoría en empresas o dentro del pensamiento de los más grandes “expertos” en liderazgo del mundo, aparece una y otra vez una palabra y una búsqueda: el entusiasmo. También se manifiesta el mismo como un modo de estimular a los alumnos en las escuelas. Todos buscan el entusiasmo como si fuera una piedra preciosa: generarlo, promoverlo, que no decaiga, que se mantenga, que subsista. Es difícil lograrlo realmente. Porque el entusiasmo se comporta siempre como un enfermo terminal que se muere a cada rato y al cual hay que “reanimar”. Por supuesto, los consultores contratados para realizar esta tarea tienen trabajo permanente, para felicidad de ellos. El problema es que no generan nada “sustentable”. Simple venta de humo.

Sin embargo, me permito una reflexión que quiero compartir con ustedes: ¿Fueron logradas en base al entusiasmo las cosas importantes y permanentes que cada uno de nosotros hemos alcanzado en nuestra vida, o en cambio fueron más el producto de lo que hicimos “luego” de que el entusiasmo se apagara?

Los que estamos en pareja o casados hace muchos años y tenemos una familia con niños: ¿El éxito de la misma se debió al entusiasmo o enamoramiento inicial, que duró ciertamente poco, o a lo que supimos hacer luego de que el enamoramiento inicial se desvaneciera?

Los que somos empresarios, escribimos un libro, compusimos canciones, pintamos cuadros o realizamos cualquier proyecto de envergadura: ¿El logro del mismo de debió al entusiasmo inicial o al modo en que mantuvimos nuestro ritmo de trabajo, nuestro compromiso y nuestras convicciones luego de que el entusiasmo se desvaneciera?

Si la mayoría de las cosas importantes y de más valor que una persona hizo en su vida se hicieron, no bajo el influjo del entusiasmo sino, más bien, bajo el influjo de las cualidades operativas que tenía la persona luego de que el entusiasmo se hubiera ido, es menester hacernos una pregunta: ¿Por qué le damos tanta importancia al entusiasmo? La verdad es que no sirve mucho para nada. Es otro modo de adiestramiento educativo y relacional que reduce al ser humano a un simple animal del cual se busca su entusiasmo mediante la provisión de premios adecuados. Entusiasmarlo para utilizarlo. Simple utilitarismo.

Con el entusiasmo se logran inspiraciones de corto alcance: un buen párrafo para quien escribe un libro, pero nunca el libro completo; un buen compás para quien compone música, pero nunca un disco completo; una tarde de pasión para una pareja enamorada, pero nunca una familia con hijos bien educada bajo valores humanos; una breve suba de ventas o de efectividad en un equipo de trabajo, pero nunca una suba sostenida que haga una verdadera diferencia cuando cierre el año fiscal.

No es que el entusiasmo en la vida del hombre no sea importante. El problema radica en cuando confiamos al entusiasmo cosas que no pueden confiársele. El entusiasmo es un epifenómeno emocional del hombre, lo cual lo inscribe dentro del ámbito de su cuerpo animal y no tanto de su alma espiritual. Al hacerse de él un “rey”, lo que hacemos es animalizar al hombre, pues nos olvidamos de su inteligencia pero fundamentalmente de su voluntad, genuina potencia del alma que puede seguir operando cuando el entusiasmo se halla ido.

Por otro lado, estratégicamente, lo que se logra con el entusiasmo es de tiro corto y escasísima duración. El entusiasmo se “nos muere” a cada rato. Parece algo que ni bien nace, se obsesiona por morir. ¿Cómo puede el hombre confiar en una herramienta tal para lograr grandes cosas? Solamente un hombre animalizado, llevado al entusiasmo por educadores o consultores que entienden al hombre como un animal, usualmente provenientes de diversas áreas de la psicología que no entienden mucho del hombre integralmente considerado, puede recorrer ese absurdo camino.

Lo primero en el hombre es su alma espiritual, y solamente con la adecuada educación y formación de la misma puede el hombre ser en verdad hombre y lograr cosas más allá del corto impulso que puede tener la oleada de energía animal que provee el entusiasmo. Por supuesto, bienvenida sea cuando ella venga, pero si confiamos solamente en ella estaremos perdidos de antemano. Como dice el dicho: “Que el entusiasmo nos encuentre trabajando”.

Pero las psicologías que entienden al hombre como un animal se imponen, tanto en educación como en consultoría y liderazgo. Es menester, entonces, que apuntemos a recuperar al ser humano que es el ser humano, y para ello lo primero es que tomemos conciencia del problema.

nov 18

El hombre necesita de un dios, entendido éste como principio último explicativo de la realidad y como legislador del mundo. Esto ya lo dijimos. Pero cuando ese dios no es Dios, es decir, el Dios verdadero y trascendente, el hombre se hace a sí mismo dios. Por supuesto, como también siempre decimos, se transforma en simple dios menor, limitado e ineficiente al modo de los antiguos dioses griegos con caracteres antropomórficos. Cuando el hombre se hace a sí mismo un dios es cuando aparece la egolatría, el narcicismo —en sus variantes patológicas y no patológicas—, y el egoísmo exacerbado.
Por esto es que una característica distintiva tiene nuestro tiempo y nuestra era: los seres humanos lo hemos transformado en la era del egoísmo porque en su mayoría somos egoístas, ególatras y narcisistas. Y es razonable que así suceda. Olvidado el hombre de nuestro tiempo de Dios, habiéndolo perdido y aún necesitándolo, no le queda otra salida que hacerse a sí mismo un dios. Este dios menor que es él mismo, como todo dios, se coloca como principio explicativo último de todo lo que sucede y como legislador moral de lo que ha de estar bien y mal. Relativismo en la más pura expresión. Esta es una de las razones por las cuales nuestro mundo es decadente y se encuentra en franca implosión en cuanto a lo genuinamente humano que hay en él. El hombre, ser finito y limitado si los hay, ha reemplazado al Dios verdadero por el sí mismo. Habiendo matado a Dios, al decir de Nietzsche, se hizo a sí mismo un dios y transmitió sus limitaciones y contingencias al mundo en que vive. Veamos cómo lo hizo.

La regla del ególatra
Hay una característica propia y distintiva que tiene el ególatra: es una persona mezquina y escasamente generosa. Nos es alguien que se dona a su prójimo. No es un dios generoso, como el Dios de verdad, superabundante, sino un dios egoísta, que busca valerse de las relaciones intersubjetivas con el prójimo para ver cuánto de provecho puede sacar de él para sí. Es un dios que casi no califica para ser un dios. Siempre lleva consigo una regla de cálculo, la cual funciona mediante un sencillo algoritmo que califica como valiosa y eficiente para él a toda relación en la cual ha obtenido más de lo que ha tenido que poner. Si la cuenta de su cálculo da positivo, él se siente contento, realizado. En sus maquinaciones egocéntricas piensa para sí: “si pongo 1 y obtengo 2, es un buen negocio”. Y agrega: “—También lo es si pongo nada y obtengo 1”.

Hay otra regla general que respeta el dios ególatra a rajatabla: nunca pone más de lo que ha recibido, de modo tal que su ecuación el peor resultado que puede brindar es cero —puso tanto como obtuvo—, pero nunca dar negativo —poner más de lo que obtuvo—. Es raro verlo poner más de lo que ha obtenido. Esto solamente puede lograrse de él por la fuerza y mediante coacción. Cuando él tiene que poner algo de sí, siempre mide cuidosamente lo que pone para no pasarse. Si el prójimo le dio 2, el se va a cuidar de poner “hasta 2”, como máximo. Es muy obsesivo con esta regla, la cual lo hace verse a sí mismo como una persona justa. No es raro encontrar al narcisista hablando de sí mismo como una persona “extremadamente justa”. “Soy —dice en sus elucubraciones del bajo mundo—, una persona que le da a cada uno según lo que me ha dado”. Y tiene razón. El problema es que eso no está ni cerca de ser justo.

Toda interacción, para el narcisista y el ególatra, pasa a través del filtro de su regla de cálculo que mide lo que da y lo que recibe. A todos lados concurre con su balanza justiciera. Esto se manifiesta en sus relaciones interpersonales, como dijimos, pero no solamente con los extraños a su familia sino especialmente para con ellos. En el núcleo más íntimo de su familia es donde el narcisista despliega los perversos poderes de su regla. Por esto, las víctimas de su exacerbado egoísmo son usualmente las personas que conviven con él, a las que tiene más cerca. El narciso mide hasta lo que da a sus hijos, los cuales por naturaleza demandan más de lo que tienen para dar. Este es uno de los motivos por los cuales los niños de hoy se encuentran huérfanos de padres genuinos que se consagren a ellos, porque hacer tal cosa requiere de una donación personal que los padres ególatras de nuestro tiempo no están dispuestos a realizar. Prefieren pagar dinero a terceros para que críen a sus hijos, pues para ellos el resultado que genera su regla de cálculo en cuanto a criar da permanentemente negativo. Para ellos, criar hijos es un “sacrificio” y no una “bendición”. Por duro que parezca, el hijo, la esposa o el esposo, son los principales obstáculos para la consecución de los deseos personales del egoísta, porque los que más demandan a cada persona son los que se encuentran más cerca, los que conviven con ellas.
Ahora bien, si esto se desarrolla de esta manera en el núcleo más íntimo de la vida del ególatra, imaginemos lo que sucede con los más extraños a su vida: su vecino, sus compañeros de trabajo, sus amigos y conocidos. Bueno, no hace falta imaginarse tanto, miremos cómo es el mundo en que vivimos y advertiremos que lo que sucede es producto del extremo egoísmo de sujetos sociales que solamente buscan obtener más de lo que dan a cambio. Pero es imposible que la cuenta cierre socialmente, ni aun familiarmente. La generosidad se impone. Y la donación personal debe ser la regla.

El camino hacia la generosidad: el donarse
Lo que escapa al cuidadoso cálculo del ególatra es que su mezquindad le impide manifestar su verdadero ser humano en el mundo, por lo cual, lejos de ser una ganancia, es una gran pérdida. Sale ganando en cuanto al comercio de bienes materiales, pero en cuanto al crecimiento y desarrollo de su persona humana, pierde en forma contundente. Todo lo que toca se marchita, o comienza a marchitarse. Tiene en su mano como una varita mágica a la inversa: en lugar de mejorar las cosas, perjudica todo cuanto toca. Porque su acción es veneno. Es difícil crecer y desarrollarse al lado de él puesto que la perversidad de comercio interpersonal inhumano domina sus acciones.

Sin embargo, debemos mencionar que el ser humano está diseñado para ser tanto más pleno y feliz cuanto más se dona gratuitamente a los otros, es decir, cuanto más da sin importar lo que recibe, sin perderse en complejas fórmulas. Puesto en términos de la ecuación del ególatra podemos decir que el hombre es más pleno en tanto el resultado de la ecuación de intercambio con su prójimo da negativo para él. Al donarse, al dar más y mucho más de lo que recibe, el ser humano comienza a crecer notablemente en humanidad y en plenitud, y todo su entorno comienza también a florecer. Su mano deja de ser ya veneno para transformarse en un abono de amor que estimula el crecimiento pleno de todos los que entren en contacto con él, y por supuesto, también estimula el crecimiento hacia la felicidad de él mismo.

Tomado de nuestro libro de próxima aparición: “El hombre ante el olvido de Dios“.

oct 10

Lo primero que debemos preguntarnos es cómo adquiere valor algo, especialmente el ser humano. A primera vista, de manera evidente, nos damos cuenta que algo valioso lo es, no tanto por lo que tiene adherido en su superficie, sino por lo que interna e intrínsecamente es él mismo; por sus perfecciones propias. Por ello, las adherencias exteriores de cosas valiosas que no forman parte de su esencia no agregan ningún valor a la persona. Como dijimos hace un rato, la mona, aunque se vista de seda, mona queda. Esta es la falacia en la que viven quienes practican este tipo de actitudes. Ellos creen, como dice José Ingenieros, que “de tanto oropel se adherirá alguna partícula a su sombra”. Lamentablemente no lo hará. Dichas personas seguirán siendo quieres son; nada cambiará, aunque parezcan haber cambiado o ser algo mejores. Simplemente “lo parecerán”, pero no lo “serán”.

Los jóvenes varones que se suben a potentes automóviles para correr carreras o picadas en la calle, poniendo en riesgo a sus semejantes, conjuntamente con los que transitan temerariamente en motocicletas, haciendo alarde de gran velocidad, ¿son ellos mismos rápidos y poderosos o lo son solamente sus autos y motocicletas? El conducir automóviles o motocicletas veloces y ruidosas, que destilan poder y rigor por todos lados, ¿hace a quienes la conducen rápidos y poderosos? ¿Más varoniles, acaso? Ciertamente que no; más bien al contrario pues, ¿cuánto tiene de genuino varón quien necesita de las apariencias de poder que supuestamente le provee el ruido tronador de los caños de escape de su vehículo? No mucho, ciertamente. “Solo se finge lo que se cree no tener”, al decir de Ingenieros. No hay nada peor para una persona que buscar constantemente algo anhelado para sí mismo allí donde no se encuentra, allí donde nunca se obtendrá. Existen caminos para ser valiosos, pero no son ninguno de estos.

Pero estas reflexiones, para quien se sienta identificado con las mismas, no deben llevarnos a sentirnos mal sobre nosotros mismos, sino al contrario. Si realmente queremos ser valiosos, y nos damos cuenta que las estrategias que estamos siguiendo no lo logran genuinamente, que fracasan tremendamente, podremos de una vez cambiar para poder llegar a ser valiosos de verdad. Si nos damos cuenta que no importa el automóvil o el teléfono celular que tengamos, por más lindo y extraordinario que sea, y si advertimos que en nosotros mismos nada cambiará por la simple adherencia de ello, podremos vislumbrar un camino de cambio. Por lo tanto, podremos comenzar a recorrer el nuevo sendero aparecido ante nuestros ojos por el cual sí podremos llegar a ser más valiosos. Pero, ¿cuál camino es este?

Es un camino de crecimiento interior, por supuesto; y no es algo que necesariamente va a estar a la vista de los otros. ¿Podremos, entonces, tolerar no estar en la vidriera, ante los ojos aprobatorios o descalificatorios de los otros? ¿Podremos tolerar el hecho de no pertenecer a los grupos sociales que se fundan en el status, el los bienes materiales poseidos? El camino que proponemos es el camino que lleva a perfeccionar y actualizar nuestro ser interior, nuestra esencia, quien en verdad somos, y no a simplemente parecerlo, adhiriendo a nuestra superficie elementos supuestamente valiosos ajenos a nosotros. El despliegue de la grandeza que duerme dentro de nosotros es el único camino genuino a través del cual podemos auto valorarnos en la acción cotidiana.

oct 01

La pregunta por la existencia de Dios es, tal vez, la pregunta más importante que puede hacerse un ser humano. Es la pregunta primera, no porque sea la primera pregunta que se haga, sino por la relevancia de la misma para la vida de todo hombre. Su vida, su caminar cotidiano por esta tierra, adquirirá característica completamente contrapuestas, ya sea que se realice dicha pregunta o ya sea que no se realice la misma y se la ignore completamente. Podemos vivir, si queremos, como si dicha pregunta no existiera, es decir, como si no hubiera un cuestionamiento tal para el ser humano. La respuesta a dicha pregunta, o el recorrido mismo de buscar una respuesta, es capaz de cambiar la vida de la persona que la realiza de un modo tal, que la misma ya no volverá a ser la misma. Y no hablamos aquí simplemente de encontrar una respuesta, sino, al menos, de plantear la pregunta que lleva al ser humano a preguntarse por su causa primera y esencial. La causa última que explique en definitiva la razón de su existencia.

El ser humano, necesariamente, ante la conciencia de su existencia precaria, es sutilmente invitado a preguntarse por el origen de la misma. Pero no se habrá de preguntar solamente por el origen físico de su vida, sino también y esencialmente por su origen metafísico. De este modo, no es solamente importante para el hombre conocer su procedencia dentro del mundo físico, sino también encontrar una respuesta final a la incógnita de su origen metafísico. Ambos caminos deben ir de la mano, el físico y el metafísico, pero este último ha de tener preponderancia sobre el primero pues es el único camino capaz de encontrar respuestas finales a algunas de los siguientes cuestionamiento existenciales que duermen dentro del corazón de todo ser humano, y aguardan a ser despertados: ¿Por qué existo yo si no encuentro en mí mismo la necesidad de mi existencia? ¿Por qué soy, si podría no ser? ¿Por qué existo, si todo lo que hay en mí no implica necesariamente mi existencia sino que, más bien y al contrario, se contrapone a ella? ¿Por qué el ser que viene de la nada y es, casi, una nada, sale de allí para existir? Estas preguntas no encuentran respuestas finales y conclusivas en las explicaciones habituales que nos provee el mundo físico.

ago 24

El ser humano de hoy, consumidor de drogas siempre —posible o actual—, es decir, el gran demandante cuya demanda es satisfecha por la oferta de los carteles organizados de tráfico de drogas, va a ser también el centro de nuestro estudio. Porque en definitiva el que consume drogas es un ser humano, es decir, una persona humana que libre y voluntariamente, al menos en principio, entrega su vida en forma voluntaria al consumo de estas sustancias. ¿Por qué haría algo así? ¿Por qué el ser humano de hoy necesita, cada vez con más asiduidad, consumir drogas, consumir productos que le hagan olvidar de sí mismo, que lo anestesien? ¿Qué elementos de su vida lo lleva a eso? ¿Esos elementos, están en todas las personas o solamente en algunos? ¿Dicha persona es la víctima de un sistema perverso que lo oprime y explota o es, en cambio, el protagonista de vivir un modo de vida que requiere, para poder ser vivido, de la existencia de drogas, de sustancias que lo adormezcan? ¿Qué es, en definitiva, una droga? ¿Es solamente el elaborado producto que ofrecen los narcotraficantes o existe otro tipo de drogas que son tan adictivas como las primeras pero que, no solamente no se encuentran prohibidas, sino que ni siquiera las sospechamos nocivas? ¿No será que todos los hombres de hoy necesitan estar drogados, entendiendo la droga de un modo más genérico, como un anestésico general, un anestésico para la vida? ¿Por qué necesitamos anestesia para vivir?

¿Qué dolor queremos evitar? ¿Se puede evitar el dolor? ¿Qué cosa, por más terrible que nos parezca, no queremos enfrentar? ¿La vida misma? ¿Por qué perseveramos en escaparnos de nuestra realidad humana? ¿Son las drogas un escape efectivo? ¿No será que nuestras vidas modernas no tienen sentido y que, para evitar enfrentarnos a dicha supuesta desgracia, buscamos adormecemos, nos auto anestesiamos y nos drogamos mediante el avnegamiento por el trabajo febril, con el híper consumismo materialista, con la devoción por la televisión vacía de contenidos, con la consagración a las apariencias mascaradas, generando y alimentando relaciones superficiales con nuestro prójimo y utilizando el alcohol, el cigarrillo y los estupefacientes para ni siquiera pensar en el profundo sin sentido que tiene nuestra existencia?

jul 27

Estimados amigos, estaré brindando el viernes 7 de agosto a las 20:15 hs el seminario llamado:“Relativismo y valores: Un matrimonio dificil. Claves para pensar un modelo coherente de intervencion educativa y terapeutica centrada en valores”
La entrada es libre y gratuita. La sede de Alternativa Sistémica es Soler 5125 de la ciudad de Buenos Aires.

Relativismo y Valores

jul 03

Temo decirles, mis queridos lectores, que hoy que la espiritualidad está de moda (¿puede ponerse de moda algo así? ¡Nuestra cultura occidental da para todo!). Por esto es habitual encontrarnos con que en distintos medios y a través de distintas personas se habla de espiritualidad. Muchos de ellos no saben qué es, pero hablan de ella. Está presente en cada rincón de nuestra vida, lo sepamos o no (al menos así nos quieren hacer creer sus “nuevos” mentores).

Entre las diversas especies de habladores pro espirituales, están los comunicadores sociales (periodistas, locutores de radio, etc.), especie notablemente rara si la hay, con un oficio no menos curioso: hablar largo y tenido, y “en profundidad”, de lo que apenas sospechan, y poco menos que saben. Esta especie, anhelando subirse a la caudalosa corriente comercial que conlleva toda moda, se lanzan a escribir libros de espiritualidad que nos provean de un “combustible” y de otras semejanzas alarmadoramente ficcionales.

Además, en las conversaciones diarias de café o en el gimnasio, entre amigos y conocidos, no puede faltar hoy en día la palabra “espiritualidad”. Se la debe pronunciar indefectiblemente, dicta el imperativo de la moda que nos ocupa, cada unos pocos párrafos, y se la debe colocar como la causa de todo lo que sucede. La espiritualidad es “lo más”.

En las escuelas y universidades asombra la ligereza con que algunos profesores mencionan la palabra. Claro, en dichos espacios es imperdonable no estar a la moda.

Así, se nos conduce a la precaria idea de que hoy todo es “espiritual”. Este mundo material se reduce a lo “espiritual”. “Todo tiene que ver con todo”. Todo lo que nos pasa tiene una causa “espiritual”. Todo es una ilusión salvo lo “espiritual”. Y vamos hacia la “espiritualidad”, el “espíritu”, nuestra verdadera “casa”. Aja.

Al modo de un budismo zen mal entendido, combinado con una ligereza conceptual típica de nuestros tiempos, hoy la espiritualidad es como un “diluyente universal” el cual, al modo de los diluyentes para pinturas, son capaces de diluir toda realidad y hacerla una “nada” o un “todo”. Un curioso caso de panteísmo “a la carta”.

Esta “Pseudo Espiritualidad”, he ahí su verdadero nombre, no es una verdadera espiritualidad, pues no habla de Dios, la verdadera fuente de espiritualidad. Y no habla de Dios pues hoy no está de moda hablar de Dios. Hoy, al que habla de Dios y lo nombra claramente, se lo mira sospechosamente, desconfiadamente. En círculos académicos es poco más que un grave pecado, una declaración de incapacidad intelectual. Entre amigos hace que el que lo nombra corra el riesgo de ser eyectado del grupo. En los medios periodísticos… bueno, están esperando que se ponga de moda.

Ese muchachito humilde, el nazareno, dijo: “A quien me reconozca delante de los hombres, yo también lo reconoceré ante mi Padre, que está en los cielos; pero al que me niegue delante de los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre, que está en los cielos”. Aja.

La verdad es que se oculta a Dios pues su aparición en escena trae consigo una moralidad que no es la nuestra, sino que es la de El. Un camino de vida que no es nuestro. Pero nosotros queremos seguir con nuestra vida según nuestro propio plan, no el de Algún Otro. Por ende, construimos una espiritualidad a nuestra medida, a la carta, que nos brinde ciertos beneficios de trascendencia pero que no nos pida nada a cambio. ¡No sea cosa que tengamos que vivir una vida de santidad!

Inmersos en nuestro hiper narcicismo materialista, construimos una espiritualidad infantil e inmadura, a nuestra pobre medida, para satisfacer nuestras pobres necesidades materialistas y terrenales. Esta “pseudo espiritualidad” está construida para que el hombre pueda lograr bienes materiales en abundancia, pero no para ser cada vez más virtuoso, bueno, santo. ¡A quién le importa el plan de Dios para el Universo! ¡Lo que importa es nuestro propio plan de cosas a tener!

Bien por el hombre que hace esto.

Por Hugo Landolfi

jun 22

La esencia del liderazgo de Hugo Landolfi

Me complace comunicarles que nuestro libro “La esencia del liderazgo” ya puede adquirirse en línea en este enlace.

jun 02

Desde el año pasado venimos proyectando un programa de formación de líderes para personas que se encuentran en posiciones de liderazgo social como profesores, maestros, psicólogos sociales, terapeutas, etc. El motivo de tal proyecto fue que la Sedronar (Secretaría de Programación para la Prevención de La Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico), a través del Secretario de Estado Dr. José Granero y del Subsecretario de lucha contra las adicciones de Gobierno de la Provincia de La Pampa, Lic. Roberto Moro, se puso en contacto con nosotros para proyectar, de la mano del Dr. Jorge Rocco, asesor de dicha institución, un programa de prevención de las adicciones que pudiera abordar las cuestiones relacionadas con los valores humanos y el liderazgo sin resolver en las comunidades, antes de que la adicción sea ya un hecho consumado. Se llama a esto “prevención inespecífica”, a diferencia de la “prevención específica” que ya trata con los adictos que consumen. Este programa busca evitar que las personas lleguen a consumir. Es genuina prevención.

Landolfi Granero Rocco Sedronar

Han contado con nosotros para el desarrollo temático y para el dictado del programa que va a tener una duración de dos años. Este es un verdadero programa piloto que se lleva a cabo con el apoyo del Gobierno de la provincia de La Pampa, y es único y novedoso, no solamente en Argentina, sino casi en todo el mundo. Realizar prevenciones sobre las condiciones previas que llevan a las adicciones, y no en las adicciones en sí mismas, no es algo que a los gobiernos les preocupe; pero en este caso, dada la profunda visión de quienes idearon este proyecto, hemos podido avanzar en este camino. Así las cosas, el pasado viernes dimos comienzo a dicho programa con una concurrencia de más de 120 personas en la Ciudad de Santa Rosa, Capital de la Provincia de La Pampa.

abr 28

El seminario que di hace poco sobre Filosofía de la Psicología Transpersonal lo hemos grabado en video. También en DVD, para quien le interese. El video se compone de varias partes que hemos de ir subiendo de a poco. Hoy les traigo las tres primera partes que suman unos 30 minutos en total. La primera persona que habla en el primer video es el Dr. Jorge Rocco, director de Alternativa Sistémica, institución donde se llevó a cabo el seminario.



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