“La característica del “cielo” es que allí se cumple indefectiblemente la voluntad de Dios o, con otras palabras, que allí donde se cumple la voluntad de Dios, está el cielo. La esencia del cielo es ser una sola cosa con la voluntad de Dios, la unión entre voluntad y verdad. La tierra se convierte en “cielo” si y en la medida en que en ella se cumple la voluntad de Dios, mientras que es solamente “tierra”, polo opuesto al cielo, si y en la medida en que se sustrae a la voluntad de Dios.”
Joseph Ratzinger, Jesús de Nazaret.

No es raro escuchar mencionar el término “persona de fé“. ¿Pero qué es verdaderamente ser una persona de fé? Y mucho más importante: ¿Qué implica ser una persona de fé? Veamos si podemos encontrar algunas respuestas. Que quede claro que hablamos de fé en sentido religioso, y no en otros sentidos menores relacionados con otros aspectos del ser humano.
La fé es un conocimiento que se dá al ser humano y que sobrepasa su capacidad natural y limitada de conocer. Esto significa que no se opone a la razón o al razonamiento, sino que la supera, no pudiendo nuestro conocimiento finito y limitado acceder a la misma por su intrínseca limitación. Por eso la fé no es algo oscuro, como a veces se la interpreta, como algo que se opone a la razón humana, sino que algo de extrema claridad que nuestra inteligencia limitada no puede abarcar. Es su extrema luminosidad y no su supuesta oscuridad lo que hace que no podamos entenderla con nuestro conocimiento limitado y finito. Los contenidos de fé son sumamente inteligibles en sí mismos pero no lo son para nosotros. Aquí muere toda pretención racionalista del ser humano, dado que una potencia de conocimiento finita y limitada, como lo es nuestra inteligencia, no puede aspirar a conocer lo infinito, lo que la sobrepasa ampliamente. Por eso la autoridad de quien brinda los conocimientos de fé (quien la revela) es esencial para su credibilidad.
Que los contenidos de fé no puedan ser entendidos por nosotros no significa que sean irracionales sino todo lo contrario: deben ser razonables. Aunque ellos mismos no puedan ser entendidos por nosotros, deben ser, sin embargo, “razonables”. En filosofía se llama a estos conocimientos “preámbulos de fé“. Son un grupo de conocimientos filosóficos que nos permiten vislumbrar la razonabilidad de la fé, de lo que revela en ella.
Ser una persona de fé implica tener una férrea confianza en el autor de los contenidos de fé. En el caso de la fé religiosa, el autor es Dios. Pero ser una persona de fé no implica solamente adherir a la confianza en el autor para asimilar los conocimientos revelados, sino que especialmente significa vivir y actuar conforme a ellos. Por eso, la persona de fé no solamente adhiere y está de acuerdo con la verdad revelada sino que vive su vida cotidiana regido por tales principios. La fé en él se hace obras. De este modo podemos entender que la fé no es un ejercicio solamente intelectual, sino que es esencialmente un ejercicio de la voluntad que debe plasmar tales conocimientos en los actos y obras de nuestra vida diaria.
Por ello, las implicancias de ser una verdadera persona de fé son notables ya que es en la vida diaria de quien lo es, en sus actos y obras cotidianos, donde se ha de manifestar la supuesta fé. Si esto no ocurre, no se será una persona de fé genuina, como tampoco es pianista quien sabe tocar el piano pero nunca se sienta a tocar el instrumento. Saber y no actuar en consecuencia, es no saber. Y si la fé nos da un saber pero no actuamos en consecuencia, ¿no será que nuestra supuesta fé tambalea? Sin embargo, no apaguemos la mecha que humea, sino que volvamos a encenderla.

Creemos que hay un mundo, un universo entero que nos rodea. Pero lo que no sabemos es que hay otra parte del universo en la que no creemos. Vamos a llamarlo la parte “superior” del universo.
Actualmente, percibimos que nuestros cinco sentidos pueden absorber, y que sólo nos permiten alcanzar una parte del universo llamado “nuestro mundo”. Sin embargo, los Kabalistas explican que tenemos la capacidad de penetrar mucho más profundo. Podemos ahondar a través de nuestro mundo en la naturaleza y percibir el Mundo Superior. Vamos a examinar más de cerca cómo podemos hacer esto.
Una vez más, todas las investigaciones que conducimos en nuestro mundo están limitadas a nuestros cinco sentidos. Y mientras que estemos limitados a ellos, no podemos empezar a ver, sentir y entender lo que está más allá de nuestros sentidos.
Nuestra imaginación también es producto de nuestros cinco sentidos y las experiencias que se derivan de ellos. No podemos imaginar un objeto o una criatura a menos que se parezca a algo que este familiarizado con nuestros cinco sentidos.
Por ejemplo, si le preguntas a alguien que dibuje a un extranjero de otro planeta, lo va a dibujar en función a los elementos que se conocen de nuestro mundo. Y si le preguntas a alguien para que describa un escenario fantástico, sin duda va a describir algo que es muy similar a este mundo.
Todos vivimos en un mundo pequeño y no somos capaces de sentir o imaginar nada más allá de él. Y desde que nuestra ciencia y filosofía también están limitadas a la percepción de nuestros cinco sentidos; tampoco nos pueden ayudar a comprender lo que hay más allá de este mundo. Por lo tanto, para meternos detrás de la escena de nuestro mundo y reconocer las fuerzas que influyen en él necesitamos un nuevo sentido.
La sabiduría del Kabala o Cábala ofrece un método a las personas para desarrollar su latente sentido adicional, llamado la “pantalla”. Usando la pantalla, se puede penetrar a través de nuestro mundo y revelar las capas interiores más profundas de la realidad, que influyen en nuestro nivel de la realidad. Por lo tanto, los Kabalistas llaman a estas capas el “Mundo Superior”. Estos mundos son como las capas de una cebolla, en donde nuestro mundo se encuentra en medio de todos los mundos.
En resumen, sentimos naturalmente solo la esfera íntima en la existencia de todos, pero los Kabalistas explican que «este mundo» es sólo un pequeño fragmento de la verdadera realidad. Es el fragmento somos capaces de sentir con nuestros cinco sentidos. Pero si queremos desarrollar el sentido adicional llamado “la pantalla”, sentiremos Mundos Superiores. Esto es lo que enseña el Kabala: la forma de adquirir esa pantalla.


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