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La Argentina se ha clasificado para el mundial de futbol de Sudáfrica 2010. ¡Bien por la Argentina! Sin embargo, se nos impone reflexionar sobre si dicho logro ha sido una ayuda para la Argentina, o un simple perjuicio que no hará más que arrojarnos otro salvavidas de plomo para que nos sigamos hundiendo en la mediocridad en la que hemos sabido ser maestros.

Todos los argentinos estamos de acuerdo en que la Argentina se ha clasificado al mundial porque ha tenido suerte y no por sus méritos futbolísticos o directivos. Toda la organización y el funcionamiento del fútbol argentino que hace a la selección nacional se encuentra lamentablemente compuesta por dedicados incompetentes, mediocres e ineficientes. Las excepciones son pocas y se manifiestan por la “pronta eyección” de tales excepciones desde la intimidad del mencionado círculo decadente. Esto no es una crítica, sino una realidad en la cual los argentinos, en su mayoría, estamos de acuerdo. ¿Podrá una organización, cuyo plantel directivo muestra estas “virtudes”, ser eficiente en el logro de sus objetivos? No, será altamente ineficiente, como lo ha demostrado el equipo argentino. Sin embargo, la suerte lo ha acompañado y el equipo se ha clasificado. Aquí, la buena suerte nos ha jugado una muy mala pasada, pues nos dificulta el camino del aprendizaje, el camino de que las personas más incompetentes sean reemplazadas, paulatinamente, por personas cada vez más competentes. Que los peores dejen paso a los mejores.

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Pero los argentinos nos jactamos de los resultados, no del proceso. El proceso no importa sino solo el resultado. Maradona lo ha dicho con sabias palabras: “Al que no creía en mi, que la chupen, que la sigan chupando. Yo soy o blanco o negro, gris nunca. Ustedes me trataron como me trataron, sigan mamándola”.

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Debemos decir que todos los argentinos somos como Maradona. No nos interesa la excelencia manifestada en la maravilla del proceso, sino solamente obtener resultados a cualquier precio. Por eso nos hundimos y nos seguimos hundiendo, dado que esta hubiera sido una buena oportunidad de aprender si no hubiéramos clasificado para el mundial, pero como clasificamos, seguramente los que nos llevaron a esto seguirán en sus sillones, inamovibles. Porque para nosotros el resultado manda. Somos mediocres pero ganamos. Y al argentino medio le gusta ganar, salirse con la suya. No le interesa crecer, desarrollarse y desplegar sus dotes humanas en el proceso. No. Le gusta ganar, solo ganar. Y a veces se gana, injustamente. Y eso nos hunde. Más a nosotros, que necesitamos salir a flote, porque ya estamos muy hundidos.

Pero, debemos preguntarnos, ¿por qué es el argentino como es? ¿Es por ser argentino? No. Es por ser un ser humano. De este modo, podemos concluir que el ser humano todo es como Maradona. Quiere ganar, no ser excelente durante el proceso. Lo es Obama cuando manda miles de nuevas tropas al medio oriente, a la vez que recibe el premio Novel de la paz, premio dudoso, por cierto. Lo es, y pongo el caso paradigmático de Obama por la curiosidad que nos genera dicho premio, cuando compra votos parlamentarios al modo argentino para obtener la votación favorable a las leyes deseadas.

Todos los seres humanos debemos reflexionar sobre el Maradona que llevamos dentro. O si no… que nos la sigan chupando. 😉