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Para quienes sostienen la convicción, como nosotros, de que el elemento diferencial, específico y mas jerarquizado del ser humano es su alma espiritual inmaterial, cuya actividad se puede plasmar a través de los fenómenos llamados inteligencia o conciencia, el hecho de encontrar el punto de interacción entre dicho aspecto inmaterial del ser humano con su correlato material, el cuerpo o el cerebro, no solamente puede ayudar a brindar nuevas claridades al problema de la relación mente-cuerpo sino que también puede hacerse necesario, desde el punto de vista biológico y bioquímico, para explicar una cierta actividad pseudos espontánea cerebral.
La relación mente-cuerpo, como fue llamada por algunos especialistas, plantea el problema elemental de la vinculación técnica entre lo inmaterial y lo material del ser humano, de tal manera que, por ejemplo, cuando la mente piensa “he de mover el dedo”, el dedo efectivamente se mueva.

John Eccles

Desde el aspecto bioquímico y neurobiológico, este problema fue extensamente estudiado por el neurofisiólogo inglés John Eccles, fallecido hace ya casi una década. (Leer una interesante entrevista a Eccles). Eccles recibió en 1963 el premio novel por sus investigaciones relacionadas con la comunicación inter neuronal en el espacio sináptico.
Su tesis principal con respecto al problema que nos ocupa es verificar el punto de inserción material específico de la “orden” mental dentro del cerebro. A la manera de un tecladista invisible, la mente o conciencia de alguna manera da una orden en el plano inmaterial que debe ponerse en contacto con la materialidad del cerebro en algún punto específico del mismo. Es como si la mente o la conciencia fuera, como dijimos recién, un tecladista invisible que en determinado momento presiona una tecla material del cerebro, desencadenando de esta manera toda una serie de intercomunicaciones neuronales que dan lugar al cumplimiento corporal de la orden.
Area motriz suplementaria

Eccles encontró que un área del cerebro llamada “Área motriz suplementaria”, que se muestra en rojo en el esquema precedente, es donde se realiza la interacción específica entre lo inmaterial y lo material, entre la mente y el cerebro, entre la conciencia y las neuronas. Esta área motriz sería como la tecla física y material que el tecladista invisible, la mente, presiona para poner a andar toda la maquinaria cerebral.
El tecladista en el piano

La investigación al respecto ha sido realizada y reproducida en diversos laboratorios alrededor del mundo. Se ha detectado, mediante la utilización de escáneres altamente complejos, que cuando pensamos algo para la realización de una acción, por ejemplo tomar un baso con la mano, unos milisegundos antes de que el proceso cerebral motriz se ponga en marcha, se ponen en funcionamiento algunas neuronas de la mencionada área motriz suplementaria. Lo curioso del hecho es que estas células se activan mucho antes que las neuronas especializadas en el área específicamente motriz del cerebro, que son las que en definitiva dan la orden al sistema nervioso para que el movimiento deseado se produzca.

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El tema de fondo se puede resumir en el hecho de que la actividad que se inicia en el área motriz suplementaria es, considerada desde el punto de vista físico y neuroquímico, completamente espontánea, es decir que no se ha encontrado el desencadenante físico que la produzca. Esta aseveración y algunas otras conclusiones experimentales que no indagaremos aquí por su extensión hacen concluir que la actividad cerebral no es auto generada sino que es activada por un ente inmaterial e intangible que podemos llamar mente o conciencia.

Por Hugo Landolfi
Filósofo