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Como especialista en el ámbito de la docencia y de la pedagogía, me causan constante asombro las técnicas que utilizan nuestros docentes y nuestras instituciones educativas con la intentada finalidad de educar y formar a nuestros alumnos. De hecho, si nos remitimos a la consideración del aspecto funcional de la educación de los países de occidente, la misma parece ejercer más una función de adiestramiento o al menos de instrucción que una función de educación propiamente dicha. Para avanzar en el desarrollo de nuestra tesis debemos primeramente realizar un esbozo de lo que significa, al menos elementalmente, Educar y Adiestrar.

¿Qué es educar?
Somos concientes que la respuesta a esta pregunta puede requerir el espacio de todo un volumen, por lo cual vamos a tratar de rescatar solamente la noción mas elemental y básica sobre lo que es educar de tal manera que nos sea útil para el propósito de este breve artículo.

En primer lugar podemos decir que el arte de educar es una actividad que interrelaciona a los dos polos de la educación, el educador y el educando, y que implica la transmisión de conocimientos verdaderos, valores auténticos y experiencias relacionadas con los mismos con la finalidad de lograr en el educando una mas efectiva auto gestión de su propia vida en función de su naturaleza auténticamente humana o, dicho en términos filosóficos, en función de su fin último como ser humano.

“El fin último del hombre y de toda sustancia intelectual se llama felicidad o bienaventuranza; pues esto es lo que desea de por sí. En consecuencia, la bienaventuranza y felicidad última de cualquier sustancia intelectual es conocer a Dios.” Tomás de Aquino

En función de esto dicho, se desprende que no cualquier transmisión de conocimientos es educación ya que aquella que no apunta a lograr un incremento en la capacidad de auto gestión orientado hacia el fin último de la persona no es propiamente educación. Algunos especialistas en pedagogía distinguen entre educación e instrucción, identificando a esta última como la actividad de transmisión de conocimientos que se ocupa de transmitir nociones de orientación técnica o especulativa que no poseen la finalidad de ampliar la capacidad de auto gestión de las personas sobre su propia vida para alcanzar su desarrollo como seres humanos.

De esta manera, entonces, una educación auténtica será todo aquel conocimiento trasmitido y aprendido que sea capaz de favorecer el hecho de que una persona pueda por si misma, auto gestionando su vida, lograr un paulatino perfeccionamiento de sus competencias en relación a su esencia humana orientada a su fin último.

¿Qué es adiestrar?
Adiestrar es, en cambio, una actividad que busca la obtención de una respuesta de alguien en función de un estímulo otorgado. En el adiestramiento no existe ni es posible la auto gestión de la propia vida sino que, por el contrario, su finalidad busca un automatismo de conductas que se hacen presentes en la medida en que aparecen los estímulos adecuados.

De alguna manera se puede resumir el adiestramiento a la noción de estímulo-respuesta donde un estímulo que convoca a una determinada respuesta se repite una determinada cantidad de veces logrando el “entrenamiento” del sujeto adiestrado. Luego de esto la respuesta se dará casi automáticamente en la presencia del estímulo.

Por esto es muy común y acertado hablar de “adiestramiento canino” cuando se enseña a los canes a realizar determinadas actividades en función de una “orden” que funciona como estímulo. Nos llama la atención, sin embargo, que en el mundo de la empresa y de los negocios se hable de “adiestramiento de personal” ya que la idea de adiestramiento no se relaciona muy bien con la naturaleza y dignidad del ser humano. Lo ideal sería, entonces, hablar de educación o instrucción con respecto al ser humano y de adestramiento con respecto a los animales.

¿Cuáles son las actividades típicas de nuestro sistema educativo?
Los sistemas educativos y la actividad docente de la mayoría de las escuelas de occidente incluyen un conjunto de actividades contradictorias entre si ya que algunas de ellas (muy pocas en realidad) se orientan hacia la educación de los alumnos mientras que otras se orientan claramente a su adiestramiento. Esto sucede, creemos, porque las autoridades educativas no se han planteado a fondo y en serio el problema educativo actual y la finalidad que debe tener la educación.

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Los ejemplos de adiestramiento dentro del mundo educativo son numerosos y nos gustaría nombrar a algunos de ellos a modo de ejemplo:

El timbre de los recreos: este sistema para señalar el comienzo y fin de las horas de clase no hace más que condicionar, al más elemental modo Pavloviano, a los alumnos a responder a los mismos. Tal vez, como la finalidad de la escuela es educar en la auto gestión de la propia vida, debamos simplemente indicar en una tabla los horarios de comienzo y fin de las horas de clase sin que haya necesidad de indicar los mismos con un timbre ensordecedor. De esa manera, sacrificando algo de la disciplina que tanto agrada a los “adiestradores”, podamos con el tiempo y con mucha paciencia lograr que los alumnos aprendan a auto gestionar el manejo del tiempo.

Los gritos y gestos violentos de algunos profesores: Es muy común que algunos profesores griten o miren de mala manera en forma intermitente a ciertos alumnos de los cuales desea obtener determinada “conducta” o “respuesta”. Estos gritos, análogos a los que dan los padres en la propia casa de los niños, buscan condicionar y adiestrar a los niños para que se comporten de una determinada manera en función de un estímulo el cual es en este caso es el grito. Este es otro modo de condicionamiento que aleja al niño de la posibilidad de aprender a gestionar su propio comportamiento y a administrar su propia personalidad.

El sistema de evaluación por puntuación: Siempre me he preguntado: ¿Por qué a los alumnos debe evaluarlo solamente un tercero (un docente) y no puede enseñársele a evaluarse a si mismo (por supuesto que con la supervisión del docente)? Una de las debilidades más grandes que vemos en las personas adultas es que no son capaces de evaluar efectivamente sus actividades y sacar conclusiones al respecto con la finalidad de modificar sus conductas. ¿Cómo podrían hacerlo si la escuela nunca se lo ha enseñado, nunca ha confiado en su capacidad de auto gestión? Por supuesto que esto debe implementarse poco a poco y selectivamente dentro del sistema educativo pero actualmente los sistemas educativos de occidente han dejado de lado las técnicas de auto evaluación. El lema básico sobre el que se basan los “adiestradores” es que el alumno es incapaz de auto evaluarse. Para ellos es, desde el inicio, una causa perdida. Por eso, el fundamento último del adiestramiento es la negación del valor del ser humano como ser humano propiamente dicho.
Efectivamente, el concepto que subyace tras las técnicas, concientes o inconcientes, sistémicas o estructurales, del adiestramiento educativo es la admisión de una incapacidad natural e inherente del ser humano para auto gestionar su propia vida.

¿Cómo vamos a dejar en manos de estos estudiantes—dirían para sí los abogados y defensores adiestramiento—cuestiones de tamaña importancia como el manejo de su propia vida y del camino que debe seguir y orientar la misma?

El trasfondo de este modelo de pensamiento implica una infravaloración del ser humano en cuanto ser humano, al cual ni siquiera se le puede enseñar a gestionar los elementos mas básicos y elementales de su propia vida. De esta manera, la escuela se transforma, no ya en un centro de educación, sino en un centro de adiestramiento donde las formas externas de la disciplina hacen parecer frente a los ojos inexpertos que se ha logrado una educación efectiva. Pero esto no es mas que una completa farsa, pues en todo sistema de adiestramiento humano, cuando se retira el estímulo que genera las respuestas esperadas, cuando el adiestrador no está, el espíritu humano surge salvaje en cada una de las personas “adiestradas” dejando emanar desde sí los más auténticos gestos de libertad y auto determinación.

Para algunos todas estas nociones de liderazgo educativo pueden parecer una utopía o un claro atropello a la razón y al sentido común. Somos concientes de ello, pero no debemos olvidarnos ni por un momento que las escuelas y universidades son laboratorios de ensayo donde las personas deben ser educadas para auto gestionar su propia vida pues esa vida va a estar durante todo el tiempo en que se extienda en esta tierra en las manos de cada uno de nosotros y de nuestros alumnos.

No olvides estas reflexiones la próxima vez que contemples a tus alumnos a los ojos.

Hugo Landolfi
Filósofo

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