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Hoy en día es comun oir hablar hablar de espiritualidad constantemente, ya sea en los diarios, las revistas y en otros medios de comunicación. Pareciera ser que se está convirtiendo en un movimiento muy poderoso, o en una moda. Pero he dejar en claro que cuando digo espiritualidad no estoy hablando necesariamente de religión, sino de algo completamente distinto. Al decir espiritualidad, hago referencia a una conexión con lo divino, y no con las instituciones divinas, lo cual es el caso de la religión; esta conexión es lo que muchos místicos llaman “unión con Dios”. Aunque no es del todo frecuente, es posible que esta conexión se realice a través de un camino religioso.

La paloma de la espiritualidad

Cierta vez, un pastor en una especie de organización de miembros de distintas religiones dijo que el ser pastor espiritual no convierte a esa persona necesariamente en un pastor exitoso. Dicha declaración dice algo profundo en sí misma, creo. La espiritualidad no es algo bueno si solo trata de mantener edificios o sistemas, los cuales son básicamente las pequeñas unidades de poder que todos necesitan con el fin de ser capaces de funcionar en la sociedad actual. Las personas espirituales recurren a otra fuerza de poder que es compartida por todos y todo.

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Uno puede tener una gran carrera trabajando dentro de una institución religiosa, intentando adentrarse en el mundo de la espiritualidad. El propio espíritu puede secarse allí, y esto puede conducir a la desesperación, a la corrupción del alma, e incluso puede desencadenar enfermedades físicas y psicosomáticas que lleven a la muerte del individuo. Pero aún peor que ello, puede llevar a un cambio radical de pensamiento y a un endurecimiento del corazón que llevará a una posterior muerte espiritual.
Por eso reiteraremos que es importante entender la diferencia entre religión y espiritualidad.

Ken Wilber, el llamado filósofo de la conciencia, dice que en espiritualidad hay dos tipos de prácticas: traslativas y transformativas. Las primeras, las traslativas que según él corresponden a la religión, nos mantienen anclados en el mismo nivel en que nos encontramos, sin permitirnos progresar en la espiritualidad. Las segundas, las traslativas o de la espiritualidad genuina, son las que realmente nos hacen avanzar en el camino de la espiritualidad.