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	<title>Sabiduria.com: Liderazgo</title>
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	<description>Blog sobre liderazgo, desarrollo personal, educación y autoayuda.</description>
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		<title>Sin palabras</title>
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		<pubDate>Sat, 05 Jun 2010 14:56:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Prof. Hugo Landolfi</dc:creator>
				<category><![CDATA[Humor]]></category>
		<category><![CDATA[historieta de Dilbert]]></category>

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		<description><![CDATA[]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="float: left;margin: 4px;"><script type="text/javascript"><!--
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		<title>¿Qué es la Iglesia? por Gabriel Zanotti</title>
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		<pubDate>Mon, 12 Apr 2010 16:31:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Prof. Hugo Landolfi</dc:creator>
				<category><![CDATA[religión]]></category>
		<category><![CDATA[Gabriel Zanotti]]></category>

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		<description><![CDATA[Los comentarios de la entrada anterior fueron interesantísimos en perspectivas y matices. Hay muchos que merecerían comentarios específicos. Pero, por hoy, he seleccionado un tema que se repetía una y otra vez en casi todos: la Iglesia. ¿Qué es la Iglesia? Viene bien advertir qué respuesta tenemos in mente cuando hablamos de “la Iglesia”. Varias [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Los comentarios de la entrada anterior fueron interesantísimos en perspectivas y matices. Hay muchos que merecerían comentarios específicos. Pero, por hoy, he seleccionado un tema que se repetía una y otra vez en casi todos: la Iglesia.</p>
<p>¿Qué es la Iglesia? Viene bien advertir qué respuesta tenemos in mente cuando hablamos de “la Iglesia”.</p>
<p>Varias veces, en conversaciones con diversos amigos, me he encontrado con numerosos casos en los cuales han dejado de ir a Misa o van con disgusto por diversas razones. La tendencia política del sacerdote, sus malos sermones, la ligereza litúrgica, la música espantosa, un edificio mal cuidado, etc. Obviamente muchas veces han intentado ir a otras iglesias, pero siempre “falta algo”.</p>
<p>La respuesta no pasa por ir a otras iglesias. La Misa no es tal o cual edificio, sacerdote, coro o etc. La Misa es (no es la definición estricta) Cristo mismo en cuanto renueva de modo incruento su sacrificio y se nos ofrece nuevamente con su cuerpo y sangre bajo los accidentes del pan y el vino. Por lo tanto, si vas a Misa, el mejor ejercicio sería que buscaras la peor iglesia desde el punto de vista humano, para acostumbrarte a lo sobrenatural. Busca el edificio que menos te guste, el sacerdote cuyo pensamiento y modo de hablar te cause urticaria, la peor música (o intento de ella) que perfore tus oídos. Si el sacerdote está incardinado en su diócesis, si la liturgia cumple con las mínimas exigencias de los signos y palabras exigidas por la Iglesia, y si el sacramento de la Eucaristía está realizado con las palabras y signos correctos, entonces es una Misa católica. Concéntrate desde el principio en el Santísimo, donde está realmente Jesucristo, y espera con santa ansiedad el momento de la consagración. Ya está. Nada más, ni nada menos. Allí está el milagro, lo sobrenatural, la esencia de la Misa. Si Dios te regala, además, un santo sacerdote con la elocuencia de San Ambrosio, una iglesia que nada tenga que envidiar a San Pedro, una liturgia como la que encontrarías en Santa Sabina en Roma, más órgano y canto gregoriano, entonces toma todo ello como un regalo que Dios te ha hecho, pero la falta de todo ello no tiene por qué disminuir tu Fe en el sacramento de la Eucaristía y en tu decisión de ir a Misa como parte de tu amor a Dios y sus mandamientos, independientemente de que el cura piense igual que Aníbal Fernández .</p>
<p>Se imaginarán a dónde apunto. La Iglesia es esencialmente sobrenatural. La Iglesia es el Cuerpo Místico de Cristo. Su cabeza es Cristo y sus miembros son todos los bautizados. Su cabeza visible es el Papa y su jerarquía, a efectos de la sucesión apostólica y el Magisterio, son los obispos legítimamente ordenados. Esa continuidad apostólica es sobrenatural, porque está dada por el sacramento del orden y del bautismo, y por eso los sacramentos, milagros en sí mismos, son la savia de la Iglesia, aquello por lo cual se transmite ordinariamente la Gracia de Dios independientemente de las virtudes humanas de los miembros (decimos ordinariamente porque el Espíritu sopla donde quiere y cuando quiere). No sé si mi caracterización pasará algún examen de algún exigente teólogo pero lo que quiero decir es que la Iglesia es sobrenatural, y ello parece ser olvidado incluso por los creyentes. La Iglesia parece haberse identificado con sus circunstancias históricas. Pero la Iglesia, precisamente por su carácter sobrenatural, es la única que puede superar (no negar) la historicidad propia de cualquier realidad humana intersubjetiva. La Iglesia no es el acuerdo con Constantino, la Iglesia no es el Sacro Imperio, la Iglesia no es ni las cruzadas ni la inquisición, la Iglesia no es, tampoco, el estado del Vaticano. Hay que tener fe, precisamente, para ver que allí donde están los sacramentos, la comunión apostólica y la unidad con el Papa (que tampoco se identifica con tal o cual pontífice), allí está la Iglesia, aunque sea en las catacumbas.</p>
<p>Si la conclusión de esto es que la Fe en la Iglesia no debe temblar ni un milímetro por los escándalos humanos de sus miembros, y por ende la Iglesia sigue siendo siempre Una, Santa, Católica y Apostólica, porque su cabeza es Cristo y su sangre es la Gracia y los sacramentos, sí, esa es la conclusión. Y si la conclusión adicional es, obviamente, que la Fe y el amor a la Iglesia no disminuyen en nada por el dolor profundo al cual aludíamos el Domingo anterior, si, esa es la conclusión también. Pero cuidado: no estamos en la época de los Borgia, y aquí me juego en un tema no dogmático pero importante. Benedicto XVI es un santo varón, y su santidad incluye haber jugado un papel no tan popular como su antecesor. Ratzinger quiso varias veces renunciar como Prefecto de la Sagrada Congregación de la Doctrina de la Fe, y volver a enseñar teología, pero Juan Pablo II le rogó que no, y no le faltaba razón. Ratzinger fue la cabeza de la redacción de aquellos documentos doctrinales más odiados fuera y sobre todo dentro de la Iglesia, esos documentos por los cuales Juan Pablo II cumplía su rol esencial: confirmar a los hermanos en la Fe, Fe que resulta antipática y que no sabe ni debe saber de diplomacia o de política. Ahora Ratzinger continúa esa misión, y las críticas que recibe no son fruto de su candor y sinceridad, que yo admiro, sino del odio acumulado que ahora sale a la luz como estiércol no precisamente fertilizante. Ese odio encuentra en este espantoso escándalo la oportunidad magnífica para atacarlo e intentar que renuncie. No sabemos si Ratzinger, en cuanto humano, soportará todo esto, y rogamos que sí. Pero la Iglesia, en tanto Iglesia, no sufrirá un milímetro. El sacrificio de Cristo vive ahora en la Iglesia peregrinante y en el fin de los tiempos se verá todo el esplendor divino de la Iglesia triunfante. </p>
<p>Artículo original en el <a href="http://gzanotti.blogspot.com/2010/04/que-es-la-iglesia.html">Blog de Gabriel Zanotti aquí</a>.</p>
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		<title>Sobre le tema del abuso sexual de sacerdotes católicos</title>
		<link>http://www.sabiduria.com/liderazgo/sobre-le-tema-del-abuso-sexual-de-sacerdotes-catolicos/</link>
		<comments>http://www.sabiduria.com/liderazgo/sobre-le-tema-del-abuso-sexual-de-sacerdotes-catolicos/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 29 Mar 2010 17:56:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Prof. Hugo Landolfi</dc:creator>
				<category><![CDATA[religión]]></category>
		<category><![CDATA[sacerdotes catolicos]]></category>

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		<description><![CDATA[Sugiero la lectura de los siguientes artículos: 1) Una dolorosa reflexión: Los abusos por parte de los sacerdotes católicos, por Gabriel Zanotti 2) ¿Cuál debe ser nuestra respuesta ante los terribles escándalos de la Iglesia?, por el sacerdote Roger J. Landry.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Sugiero la lectura de los siguientes artículos:</strong></p>
<p>1) <a href="http://gzanotti.blogspot.com/2010/03/una-dolorosa-reflexion-los-abusos-por.html"><font color="#0000FF">Una dolorosa reflexión: Los abusos por parte de los sacerdotes católicos</font></a>, por Gabriel Zanotti</p>
<p>2) <a href="http://es.catholic.net/temacontrovertido/331/1571/articulo.php?id=45652"><font color="#0000FF">¿Cuál debe ser nuestra respuesta ante los terribles escándalos de la Iglesia?</font></a>, por el sacerdote Roger J. Landry.</p>
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		<title>¿Es la religión el producto de una ilusión?</title>
		<link>http://www.sabiduria.com/liderazgo/%c2%bfes-la-religion-el-producto-de-una-ilusion/</link>
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		<pubDate>Fri, 26 Feb 2010 15:37:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Prof. Hugo Landolfi</dc:creator>
				<category><![CDATA[religión]]></category>

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		<description><![CDATA[La tesis que mantiene dicha postura puede atribuirse, entre otros, a Sigmund Freud que ha visto en la religión una simple proyección de los deseos infantiles. El siguiente artículo escrito por el teólogo Fernando Ortega trata el tema y lo explica con claridad. Dios, la religión y la fe Fernando Ortega > Ir a la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La tesis que mantiene dicha postura puede atribuirse, entre otros, a Sigmund Freud que ha visto en la religión una simple proyección de los deseos infantiles. El siguiente artículo escrito por el teólogo Fernando Ortega trata el tema y lo explica con claridad.</p>
<div class="nota-LN"><span class="nota-titulo"><a href='http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1237233' target="_blank" title="Ir a la nota en LANACION.com">Dios, la religión y la fe </a></span>
<p>Fernando Ortega </p>
<div class="path-fecha">
<div><span>></span> <a href='http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1237233' target="_blank" title="Ir a la nota en lanacion.com">Ir a la nota</a></div </b>| Opinión | Viernes 26 de febrero de 2010</div>
</div>
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		<title>¿Qué es el cielo?</title>
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		<pubDate>Sat, 20 Feb 2010 20:42:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Prof. Hugo Landolfi</dc:creator>
				<category><![CDATA[religión]]></category>
		<category><![CDATA[Joseph Ratzinger]]></category>

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		<description><![CDATA[&#8220;La característica del “cielo” es que allí se cumple indefectiblemente la voluntad de Dios o, con otras palabras, que allí donde se cumple la voluntad de Dios, está el cielo. La esencia del cielo es ser una sola cosa con la voluntad de Dios, la unión entre voluntad y verdad. La tierra se convierte en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>&#8220;La característica del “cielo” es que allí se cumple indefectiblemente la voluntad de Dios o, con otras palabras, que allí donde se cumple la voluntad de Dios, está el cielo. La esencia del cielo es ser una sola cosa con la voluntad de Dios, la unión entre voluntad y verdad. La tierra se convierte en “cielo” si y en la medida en que en ella se cumple la voluntad de Dios, mientras que es solamente “tierra”, polo opuesto al cielo, si y en la medida en que se sustrae a la voluntad de Dios.&#8221;<br />
<strong>Joseph Ratzinger, Jesús de Nazaret.</strong></p>
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		<title>¿Qué es amar?</title>
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		<pubDate>Thu, 21 Jan 2010 00:31:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Prof. Hugo Landolfi</dc:creator>
				<category><![CDATA[Desarrollo Personal]]></category>

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		<description><![CDATA[Amar perfectamente es buscar el bien supremo de lo amado. Significa conducirlo al fin que le es propio pues allí se encuentra su felicidad completa y duradera. En el caso del hombre, el amor plenamente perfecto hacia él se manifiesta cuando se lo conduce hacia su fin último, que es Dios, pues este es su [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Amar perfectamente es buscar el bien supremo de lo amado. Significa conducirlo al fin que le es propio pues allí se encuentra su felicidad completa y duradera. En el caso del hombre, el amor plenamente perfecto hacia él se manifiesta cuando se lo conduce hacia su fin último, que es Dios, pues este es su bien supremo. Esto es lo que hace Dios con la revelación: nos indica el camino para ir hacia El, que es nuestra felicidad. No lo hace, sin embargo, en forma coactiva, sino respetando siempre nuestro libre albedrío. Un libre albedrío que, curioso misterio, nos posibilita alejarnos de dicho fin último. Sin embargo, Dios mismo nos muestra e indica el camino, y todos los beneficios que este conlleva, por si en una de esas queremos tomarlo.</p>
<p>Amar implica considerar al prójimo “en sí mismo”, y no tanto considerarlo “para mí”. El amor genuino es la superación completa del asesinato menor que se manifiesta por ejemplo en la explotación del hombre por el hombre. Cuando el prójimo es considerado “en sí”, y no como un simple medio al servicio de nuestras necesidades —“para mí”—, es cuando el amor genuino puede aparecer. Es lo que hace Dios con nosotros en la revelación. El acto más pleno de amor. Pues, si como dijimos, amar perfectamente consiste en buscar el bien perfecto de lo amado, Dios nos ama perfectamente en la medida en que se revela para que podamos acceder al bien perfecto que es Dios —El mismo—, nuestro fin último. Y como si esto fuera poco, Dios mismo muere crucificado para que nuestros desvíos en el camino sean perdonados y así no nos perdamos de la posibilidad de acceder a su reino.</p>
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		<title>Un genuino deseo de Año Nuevo</title>
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		<pubDate>Thu, 31 Dec 2009 17:20:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Prof. Hugo Landolfi</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>

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		<description><![CDATA[Muchas personas al brindar piden Paz y Felicidad, pero observando con detenimiento la vida particular de cada una de dichas personas, cuesta verlos trabajar para lograr la Paz y la Felicidad que piden. Mi deseo para este año nuevo es que esta contradicción no se dé también en nosotros. Muy feliz año para todos.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Muchas personas al brindar piden Paz y Felicidad, pero observando con detenimiento la vida particular de cada una de dichas personas, cuesta verlos trabajar para lograr la Paz y la Felicidad que piden. Mi deseo para este año nuevo es que esta contradicción no se dé también en nosotros.</p>
<p>Muy feliz año para todos.</p>
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		<title>El sentido de la Navidad</title>
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		<pubDate>Thu, 24 Dec 2009 14:44:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Prof. Hugo Landolfi</dc:creator>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>

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		<description><![CDATA[En un mundo donde casi todo ha perdido el sentido y el significado genuino, no nos olvidemos del sentido genuino de la Navidad, que no consiste precisamente en hiperestimular el consumo materialista, en el aliento de los desbordes en el comer y en el beber, o en la celebración vana y superficial donde no se [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En un mundo donde casi todo ha perdido el sentido y el significado genuino, no nos olvidemos del sentido genuino de la Navidad, que no consiste precisamente en hiperestimular el consumo materialista, en el aliento de los desbordes en el comer y en el beber, o en la celebración vana y superficial donde no se sabe ni siquiera qué se está celebrando.</p>
<p>La Navidad es, nada más y nada menos, que un nuevo aniversario del nacimiento de Jesús, ese Dios que inexplicablemente se hace hombre. A través de Jesús, Dios muestra su rostro y nos habla de El.</p>
<p>Feliz Navidad.</p>
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		<title>El entusiasmo, nuestro enemigo</title>
		<link>http://www.sabiduria.com/liderazgo/el-entusiasmo-nuestro-enemigo/</link>
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		<pubDate>Wed, 25 Nov 2009 17:07:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Prof. Hugo Landolfi</dc:creator>
				<category><![CDATA[Empresas]]></category>
		<category><![CDATA[Hugo Landolfi]]></category>
		<category><![CDATA[entusiasmo]]></category>

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		<description><![CDATA[Dentro del mundo de la consultoría en empresas o dentro del pensamiento de los más grandes “expertos” en liderazgo del mundo, aparece una y otra vez una palabra y una búsqueda: el entusiasmo. También se manifiesta el mismo como un modo de estimular a los alumnos en las escuelas. Todos buscan el entusiasmo como si [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Dentro del mundo de la consultoría en empresas o dentro del pensamiento de los más grandes “expertos” en liderazgo del mundo, aparece una y otra vez una palabra y una búsqueda: el entusiasmo. También se manifiesta el mismo como un modo de estimular a los alumnos en las escuelas. Todos buscan el entusiasmo como si fuera una piedra preciosa: generarlo, promoverlo, que no decaiga, que se mantenga, que subsista. Es difícil lograrlo realmente. Porque el entusiasmo se comporta siempre como un enfermo terminal que se muere a cada rato y al cual hay que “reanimar”. Por supuesto, los consultores contratados para realizar esta tarea tienen trabajo permanente, para felicidad de ellos. El problema es que no generan nada “sustentable”. Simple venta de humo.</p>
<p>Sin embargo, me permito una reflexión que quiero compartir con ustedes: ¿Fueron logradas en base al entusiasmo las cosas importantes y permanentes que cada uno de nosotros hemos alcanzado en nuestra vida, o en cambio fueron más el producto de lo que hicimos “luego” de que el entusiasmo se apagara?</p>
<p>Los que estamos en pareja o casados hace muchos años y tenemos una familia con niños: ¿El éxito de la misma se debió al entusiasmo o enamoramiento inicial, que duró ciertamente poco, o a lo que supimos hacer luego de que el enamoramiento inicial se desvaneciera?</p>
<p>Los que somos empresarios, escribimos un libro, compusimos canciones, pintamos cuadros o realizamos cualquier proyecto de envergadura: ¿El logro del mismo de debió al entusiasmo inicial o al modo en que mantuvimos nuestro ritmo de trabajo, nuestro compromiso y nuestras convicciones luego de que el entusiasmo se desvaneciera?</p>
<p>Si la mayoría de las cosas importantes y de más valor que una persona hizo en su vida se hicieron, no bajo el influjo del entusiasmo sino, más bien, bajo el influjo de las cualidades operativas que tenía la persona luego de que el entusiasmo se hubiera ido, es menester hacernos una pregunta: ¿Por qué le damos tanta importancia al entusiasmo? La verdad es que no sirve mucho para nada. Es otro modo de adiestramiento educativo y relacional que reduce al ser humano a un simple animal del cual se busca su entusiasmo mediante la provisión de premios adecuados. Entusiasmarlo para utilizarlo. Simple utilitarismo.</p>
<p>Con el entusiasmo se logran inspiraciones de corto alcance: un buen párrafo para quien escribe un libro, pero nunca el libro completo; un buen compás para quien compone música, pero nunca un disco completo; una tarde de pasión para una pareja enamorada, pero nunca una familia con hijos bien educada bajo valores humanos; una breve suba de ventas o de efectividad en un equipo de trabajo, pero nunca una suba sostenida que haga una verdadera diferencia cuando cierre el año fiscal.</p>
<p>No es que el entusiasmo en la vida del hombre no sea importante. El problema radica en cuando confiamos al entusiasmo cosas que no pueden confiársele. El entusiasmo es un epifenómeno emocional del hombre, lo cual lo inscribe dentro del ámbito de su cuerpo animal y no tanto de su alma espiritual. Al hacerse de él un “rey”, lo que hacemos es animalizar al hombre, pues nos olvidamos de su inteligencia pero fundamentalmente de su voluntad, genuina potencia del alma que puede seguir operando cuando el entusiasmo se halla ido.</p>
<p>Por otro lado, estratégicamente, lo que se logra con el entusiasmo es de tiro corto y escasísima duración. El entusiasmo se “nos muere” a cada rato. Parece algo que ni bien nace, se obsesiona por morir. ¿Cómo puede el hombre confiar en una herramienta tal para lograr grandes cosas? Solamente un hombre animalizado, llevado al entusiasmo por educadores o consultores que entienden al hombre como un animal, usualmente provenientes de diversas áreas de la psicología que no entienden mucho del hombre integralmente considerado, puede recorrer ese absurdo camino.</p>
<p>Lo primero en el hombre es su alma espiritual, y solamente con la adecuada educación y formación de la misma puede el hombre ser en verdad hombre y lograr cosas más allá del corto impulso que puede tener la oleada de energía animal que provee el entusiasmo. Por supuesto, bienvenida sea cuando ella venga, pero si confiamos solamente en ella estaremos perdidos de antemano. Como dice el dicho: “Que el entusiasmo nos encuentre trabajando”.</p>
<p>Pero las psicologías que entienden al hombre como un animal se imponen, tanto en educación como en consultoría y liderazgo. Es menester, entonces, que apuntemos a recuperar al ser humano que es el ser humano, y para ello lo primero es que tomemos conciencia del problema.</p>
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		<title>La era del egoísmo</title>
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		<pubDate>Wed, 18 Nov 2009 20:25:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Prof. Hugo Landolfi</dc:creator>
				<category><![CDATA[Hugo Landolfi]]></category>

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		<description><![CDATA[El hombre necesita de un dios, entendido éste como principio último explicativo de la realidad y como legislador del mundo. Esto ya lo dijimos. Pero cuando ese dios no es Dios, es decir, el Dios verdadero y trascendente, el hombre se hace a sí mismo dios. Por supuesto, como también siempre decimos, se transforma en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El hombre necesita de un dios, entendido éste como principio último explicativo de la realidad y como legislador del mundo. Esto ya lo dijimos. Pero cuando ese dios no es Dios, es decir, el Dios verdadero y trascendente, el hombre se hace a sí mismo dios. Por supuesto, como también siempre decimos, se transforma en simple dios menor, limitado e ineficiente al modo de los antiguos dioses griegos con caracteres antropomórficos. Cuando el hombre se hace a sí mismo un dios es cuando aparece la egolatría, el narcicismo —en sus variantes patológicas y no patológicas—, y el egoísmo exacerbado.<br />
Por esto es que una característica distintiva tiene nuestro tiempo y nuestra era: los seres humanos lo hemos transformado en la era del egoísmo porque en su mayoría somos egoístas, ególatras y narcisistas. Y es razonable que así suceda. Olvidado el hombre de nuestro tiempo de Dios, habiéndolo perdido y aún necesitándolo, no le queda otra salida que hacerse a sí mismo un dios. Este dios menor que es él mismo, como todo dios, se coloca como principio explicativo último de todo lo que sucede y como legislador moral de lo que ha de estar bien y mal. Relativismo en la más pura expresión. Esta es una de las razones por las cuales nuestro mundo es decadente y se encuentra en franca implosión en cuanto a lo genuinamente humano que hay en él. El hombre, ser finito y limitado si los hay, ha reemplazado al Dios verdadero por el sí mismo. Habiendo matado a Dios, al decir de Nietzsche, se hizo a sí mismo un dios y transmitió sus limitaciones y contingencias al mundo en que vive. Veamos cómo lo hizo.</p>
<p><strong>La regla del ególatra</strong><br />
Hay una característica propia y distintiva que tiene el ególatra: es una persona mezquina y escasamente generosa. Nos es alguien que se dona a su prójimo. No es un dios generoso, como el Dios de verdad, superabundante, sino un dios egoísta, que busca valerse de las relaciones intersubjetivas con el prójimo para ver cuánto de provecho puede sacar de él para sí. Es un dios que casi no califica para ser un dios. Siempre lleva consigo una regla de cálculo, la cual funciona mediante un sencillo algoritmo que califica como valiosa y eficiente para él a toda relación en la cual ha obtenido más de lo que ha tenido que poner. Si la cuenta de su cálculo da positivo, él se siente contento, realizado. En sus maquinaciones egocéntricas piensa para sí: “si pongo 1 y obtengo 2, es un buen negocio”. Y agrega: “—También lo es si pongo nada y obtengo 1”.</p>
<p>Hay otra regla general que respeta el dios ególatra a rajatabla: nunca pone más de lo que ha recibido, de modo tal que su ecuación el peor resultado que puede brindar es cero —puso tanto como obtuvo—, pero nunca dar negativo —poner más de lo que obtuvo—. Es raro verlo poner más de lo que ha obtenido. Esto solamente puede lograrse de él por la fuerza y mediante coacción. Cuando él tiene que poner algo de sí, siempre mide cuidosamente lo que pone para no pasarse. Si el prójimo le dio 2, el se va a cuidar de poner “hasta 2”, como máximo. Es muy obsesivo con esta regla, la cual lo hace verse a sí mismo como una persona justa. No es raro encontrar al narcisista hablando de sí mismo como una persona “extremadamente justa”. “Soy —dice en sus elucubraciones del bajo mundo—, una persona que le da a cada uno según lo que me ha dado”. Y tiene razón. El problema es que eso no está ni cerca de ser justo.</p>
<p>Toda interacción, para el narcisista y el ególatra, pasa a través del filtro de su regla de cálculo que mide lo que da y lo que recibe. A todos lados concurre con su balanza justiciera. Esto se manifiesta en sus relaciones interpersonales, como dijimos, pero no solamente con los extraños a su familia sino especialmente para con ellos. En el núcleo más íntimo de su familia es donde el narcisista despliega los perversos poderes de su regla. Por esto, las víctimas de su exacerbado egoísmo son usualmente las personas que conviven con él, a las que tiene más cerca. El narciso mide hasta lo que da a sus hijos, los cuales por naturaleza demandan más de lo que tienen para dar. Este es uno de los motivos por los cuales los niños de hoy se encuentran huérfanos de padres genuinos que se consagren a ellos, porque hacer tal cosa requiere de una donación personal que los padres ególatras de nuestro tiempo no están dispuestos a realizar. Prefieren pagar dinero a terceros para que críen a sus hijos, pues para ellos el resultado que genera su regla de cálculo en cuanto a criar da permanentemente negativo. Para ellos, criar hijos es un “sacrificio” y no una “bendición”. Por duro que parezca, el hijo, la esposa o el esposo, son los principales obstáculos para la consecución de los deseos personales del egoísta, porque los que más demandan a cada persona son los que se encuentran más cerca, los que conviven con ellas.<br />
Ahora bien, si esto se desarrolla de esta manera en el núcleo más íntimo de la vida del ególatra, imaginemos lo que sucede con los más extraños a su vida: su vecino, sus compañeros de trabajo, sus amigos y conocidos. Bueno, no hace falta imaginarse tanto, miremos cómo es el mundo en que vivimos y advertiremos que lo que sucede es producto del extremo egoísmo de sujetos sociales que solamente buscan obtener más de lo que dan a cambio. Pero es imposible que la cuenta cierre socialmente, ni aun familiarmente. La generosidad se impone. Y la donación personal debe ser la regla.</p>
<p><strong>El camino hacia la generosidad: el donarse</strong><br />
Lo que escapa al cuidadoso cálculo del ególatra es que su mezquindad le impide manifestar su verdadero ser humano en el mundo, por lo cual, lejos de ser una ganancia, es una gran pérdida. Sale ganando en cuanto al comercio de bienes materiales, pero en cuanto al crecimiento y desarrollo de su persona humana, pierde en forma contundente. Todo lo que toca se marchita, o comienza a marchitarse. Tiene en su mano como una varita mágica a la inversa: en lugar de mejorar las cosas, perjudica todo cuanto toca. Porque su acción es veneno. Es difícil crecer y desarrollarse al lado de él puesto que la perversidad de comercio interpersonal inhumano domina sus acciones.</p>
<p>Sin embargo, debemos mencionar que el ser humano está diseñado para ser tanto más pleno y feliz cuanto más se dona gratuitamente a los otros, es decir, cuanto más da sin importar lo que recibe, sin perderse en complejas fórmulas. Puesto en términos de la ecuación del ególatra podemos decir que el hombre es más pleno en tanto el resultado de la ecuación de intercambio con su prójimo da negativo para él. Al donarse, al dar más y mucho más de lo que recibe, el ser humano comienza a crecer notablemente en humanidad y en plenitud, y todo su entorno comienza también a florecer. Su mano deja de ser ya veneno para transformarse en un abono de amor que estimula el crecimiento pleno de todos los que entren en contacto con él, y por supuesto, también estimula el crecimiento hacia la felicidad de él mismo.</p>
<p>Tomado de nuestro libro de próxima aparición: &#8220;<strong>El hombre ante el olvido de Dios</strong>&#8220;.</p>
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