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Existe una similitud increíble entre el hablar en público y actuar. La representación concisa de un buen guión es igual a dar un discurso frente a un público numeroso. ¿A cuántos críticos has escuchado decir que una película determinada tenía un guión excelente y que la actuación fue impresionante? Esa combinación es realmente magnífica.

Comencemos con el guión. Debes pronunciar las líneas en el momento adecuado. Debes ser fluido y expresivo en la conversación para permitir que el actor adopte el ritmo efectivamente y lo interprete del mejor modo posible. Debe tener un uso apropiado del lenguaje. No hay lugar para palabras demás sino que cada una de ellas debe causar impacto por sí misma. El guión debe además tener pausas, cambios de humor y énfasis, y debes asegurarte de que comunique de una manera eficaz su mensaje.

Ahora añadimos los actores.
El actor, en caso de ser un orador, se está interpretando a sí mismo. Tal vez del modo en que actúa un Robert Redford o un Sean Connery, ellos juegan con un rango amplio de emociones y reacciones en las distintas escenas de las películas. Este fuerte impacto le brinda al guión un efecto increíble. Estos actores utilizan su cuerpo entero, sus expresiones faciales y su voz para dar vida al guión. Este tipo de actores brindan al guión fluidez y espontaneidad, condiciones esenciales para un trabajo de calidad.

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Así mismo, el actor trabaja realmente duro para aprender sus líneas y luego expresarlas con el impacto exacto requerido. Para ellos los guiones no son un texto de lectura rápida. Entonces ¿cómo se relaciona esto como un discurso? Bueno, en realidad nada tiene de asombroso, uno debe conocer su discurso de antemano, y debe practicar la fluidez del mismo; analizar su impacto y encontrar la manera de lograr que el mensaje sea transmitido con claridad y perfección. Revisa el discurso varias veces para asegurarte de que va contigo—de más está decir que por ejemplo si te ves obligado a dar un discurso positivo acerca de algo con lo que no estás de acuerdo, no causarás la mejor de las impresiones. Prueba marcar tu discurso con símbolos para las pausas, los cambios de énfasis, las sonrisas, las miradas con el público, las subidas de tono y cualquier otra indicación que te resulte necesaria. Al igual que un actor marca su propio guión.

Al momento de dar un discurso, eres un actor siendo ellos mismos, utilizando una amplia gama de emociones dentro de un magnífico guión y con la determinación de llegar al público a través del mensaje. Pero eso sí, deberás practicar muy duro para adquirir esa espontaneidad, fluidez y calma que se evidencia en los actores más brillantes.