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Una de las aberraciones más extendidas en las organizaciones tiene que ver con la creencia de que el liderazgo se fundamenta en un rol nominal. Es decir, que con el solo hecho de ser alguien denominado “líder”, esa persona será, automáticamente, líder. Las empresas de hoy en día —que sinceramente no entienden mucho de liderazgo— estimulan a sus empleados que ocupan puestos directivos, o que tienen personas a su cargo, a hacerse llamar líderes. Esta conducta que parecería superficialmente inocua es, en realidad, profundamente nociva. El fundamento del desacierto es creer que el nombre de algo hace al ser esencial de ese algo; cuando, en realidad, es al revés. No por el hecho de que alguien sea llamado líder será líder; sino que, al contrario, podrá ser llamado líder cuando sea genuinamente un líder. Estamos frente al caso del nominalismo aplicado del liderazgo, del que ya hablamos anteriormente.

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El grado de confusión y desconfianza que genera en los equipos organizacionales el ejercicio del nominalismo en el liderazgo es notable. Dado que un nombre o título ficticio es algo que debe imponerse por la fuerza —al contrario de lo que sería un acaecimiento natural en la aplicación de un nombre—, este ejercicio afecta la salud colectiva de los liderados y de toda la organización. Llamar a las cosas —e incluso a los líderes— con nombres que no les corresponden naturalmente, produce notables confusiones, genera desprecio, aumenta la disfuncionalidad y la desorganización operativa. Enferma a la organización; sea una empresa, una familia o un equipo deportivo. Además, el nominalismo brinda un mensaje macabro, ya que dice: “No hace falta transformarse genuinamente en algo para llevar el nombre o título que le corresponde, sino simplemente parecerlo”. El drama de ser o parecer, por ende, también extiende sus tentáculos en nuestra materia.

Otra creencia errónea implica la suposición de que llamar a alguien líder, aunque no lo sea, podrá estimularlo a transformarse en uno. Si seguimos cuidadosamente las explicaciones anteriores respecto de lo que el liderazgo significa, llegaremos a la clara conclusión de que no hay manera de que eso suceda. El liderazgo es una elección consciente que surge desde el interior de la persona y no de los estímulos del medio que la rodea. El nombre nunca llevará a la esencia, pues no es el camino en que se desarrolla el perfeccionamiento personal. Al contrario, es la esencia —lo que genuinamente se es— lo que ha de llevar al nombre.

Tomado de nuestro libro “La esencial del liderazgo” de próxima aparición