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Esta es una bella historia sobre las condiciones personales que hacen de lo imposible algo posible:

“Cuando en los años treinta del siglo XX un nuevo grupo de ingenieros se unió al equipo de lámparas incandescentes de General Electric, al director de la división se le ocurrió hacerles una broma. Les encomendó la tarea de inventar un revestimiento para bombillas que resolviera el problema del “punto caliente” que aún existía en el diseño de bombillas de la época y que hacía que su brillo sea desigual a lo largo de todo el filamento.

La broma consistía en que era “imposible” crear una bombilla de brillo uniforme. Un ingeniero tras otro lo intentó y fracasó. Cuando cada uno de ellos reconocía su fracaso y le comunicaban que era una tarea imposible, el resto del equipo se mataba de risa en su presencia.

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Este fue un milagroso rito de iniciación para todos los nuevos ingenieros de General Electric hasta el año1952. En ese año otro ingeniero novato al que se le había pedido lo mismo, presentó su creación, la enroscó, la encendió y le preguntó al director del proyecto si era eso lo que quería. Al ver funcionando a la “bombilla imposible” el director replico: “pues si, es eso”.

Desde ese entonces, se le escuchaba decir al director cada vez que deseaba lograr una mejora de los diseños: ¡Búsquenme a alguien que no crea que es imposible!