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Una de las primeras condiciones de la responsabilidad es que exige la libertad, puesto que solamente ante la posibilidad cierta y concreta de poder auto gestionar nuestras propias decisiones voluntarias, traducidas en actos y obras, es que podremos responder sobre las mismas. A ciencia precisa, la libertad es una cierta, aunque no ilimitada, capacidad de gestionar todo los actos voluntarios y espontáneos inherentes a nuestra propia vida, incluyendo, pero no limitándose, a nuestras elecciones, preferencias y decisiones. Esta capacidad no es absoluta, pues existen ciertas elecciones que no podremos realizar, especialmente las referentes a nuestros fines últimos como seres humanos. De esta manera no podemos no elegir el bien o la verdad como aspiraciones últimas de nuestras potencias de conocimiento. Sí podemos elegir, en cambio, los caminos intermedios que nos llevan a esos fines.

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De esta manera, nuestra responsabilidad no es completamente incondicional, como quieren algunos consultores , sino medianamente circunscripta y condicionada. Pero no condicionada solamente por el determinismo inferior de las circunstancias que nos presenta la realidad, sino por aquello que en nuestra naturaleza humana no nos permite elegir indiferentemente. Si en nuestros actos no podemos no elegir el bien y la verdad, nuestra capacidad de elección y, por ende, de respuesta, no puede ser incondicional. El ser humano realiza todas sus elecciones libres voluntarias bajo la razón de bien. La voluntad, a la vez, es guiada por una verdad que le otorga la inteligencia al conocer. La víctima elige victimizarse porque cree que eso es bueno para ella. Elige la inocencia bajo una razón de bien, creyendo que es bueno para sí, aunque en el fondo no exista tal bien. Basta con que la persona crea que algo es bueno, para que la voluntad humana se ponga en movimiento tras ello. Y esto siempre funciona así en el ser humano. Nunca podemos elegir algo que no creamos que es bueno, aunque en sí mismo no lo sea; y esto condiciona ciertamente nuestra supuesta responsabilidad incondicional, que en el fondo no es tal.