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Nuestras sociedades están tan enfermas en cuanto a sus valores y aspiraciones, que no nos cansamos de descubrir personas que trascienden a los medios masivos de comunicación en forma constante por los motivos equivocados, por motivos que no son trascendentes. El asunto de fondo que quiero tratar aquí no es la trascendencia de las personas en sí mismas, lo cual es todo lo respetable y admitible que se quiera, sino los motivos de dicha trascendencia. Nuestras sociedades están tan confundidas, que los nuevos (y viejos) ídolos de barro nos siguen mostrando su trascendecia y, a la vez, sus precarios motivos y méritos de trascencia. Hablábamos hace poco de la blogger Cumbio al respecto.

Marcelo Tinelli en la revista Caras

Lamentablemente ya no somos una sociedad que admira lo magnánimo, lo genial y lo grandioso; las manifestaciones más grandes y más puras del espíritu humano; las cumbres supremas de la raza humana. No. Somos una sociedad que admira y desea la mediocridad, el mérito de no tener mérito, la fama gratuita, los bienes materiales que nunca terminan de satisfacer, las cáscaras vacías, los personajes huecos, los maestros de la desgracia y la decadencia.
Bambino Veira

Como padres, maestros y educadores: ¿Qué rol nos toca? Esencialmente denunciar el absurdo de este modus operandi, demostrando en cuanta ocasión sea posible el triste destino al que nos conduce este tipo de actitudes. Recomiendo, al respecto, una relectura de mi artículo: El modus operandi de los gestores de la TV basura es análogo al de los narcotraficantes.