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Con sorpresa, pero en el fondo con no tanta sorpresa, leo una de las conclusiones de un estudio publicado en el reciente XXV Congreso Argentino de Psiquiatría llevado a cabo en la ciudad de Mar del Plata, Argentina. Parte de las mencionadas conclusiones dicen que:

Según estudios realizados en los últimos años, más de la mitad (de los psiquiatras) presenta extenuación emocional, desapego del paciente, insatisfacción y bajo rendimiento laboral, síntomas principales del llamado burnout o síndrome del quemado.

El estudio agrega:

La especialista, a cargo del capítulo de psiquiatría preventiva de la Asociación de Psiquiatría Argentina, resaltó la inquietud que existe por el malestar y la falta de condiciones de trabajo en el sector, semillas para que brote el burnout. “Tenemos colegas que se infartan o padecen cáncer en una media por encima de la población”, dijo. También mencionó casos de invalidez. Y otros todavía peores.

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Es sumamente curioso, pero en el fondo no lo es tanto, que los que tienen la responsabilidad de ayudar a curar y a sanar a la población estén ellos mismos enfermos de las mismas enfermedades que tienen que ayudar a sanar. Son maestros en el arte de lo que ellos mismos no saben y no pueden hacer. Mediocres con título, monos con navaja. Hoy en día cualquier cosa es válida para “ganarse el mango”, incluso ser incompetente. No pueden sanarse a sí mismos pero quieren ayudar a sanar a otros. Una nueva (o no tan nueva) especie de ciegos que conducen a otros ciegos, el drama de nuestro tiempo. Así nos va.

¿Todos los psiquiatras o terapeutas se inscriben dentro de lo que se inscribe aquí? Por supuesto que no; no podemos englobar a todos los psiquiatras dentro de este rubro de ciegos, dado que hay muchos que son excelentes profesionales y personas. Pero, tal vez como en cualquier otra profesión humana, la mayoría de ellos patinan en su propia especialidad.

Enlace al artículo original:
http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1123786