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Todo actor social, como lo son los entes publicitarios, deben estimular las conductas sanas y funcionales de los integrantes de la sociedad a la que se dirigen. Cuando esto no sucede, como he podido apreciar en el reciente corto publicitario del automóvil Fiat Punto, nos encontramos, a mi manera de ver, frente a un acto de distorsión aberrante de lo que debe ser el modelo del ser humano desde el punto de vista social. El corto publicitario en cuestión es el siguiente:


El mensaje transmitido por el corto publicitario es evidente y se puede sisntetizar en los siguientes puntos:

1) No importa el ser sino el parecer.
2) No importa lo que eres sino lo que pareces ser.
3) No importa el contenido sino la cáscara.
4) No importa quien eres sino lo que tienes.
5) Etc.

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Todo lo que transmite el corto no se condice con lo que es el ser humano, y mucho menos con lo que debe aspirar a ser. Entiendo al ser humano como un ser llamado a la grandeza de ser auténtico y genuino, y no de parecer. El ser humano no puede compararse con un simple cascarón sin contenido donde lo único que importa es la apariencia exterior de ese cascarón y no sus valores y calidades más profundas. El ser humano no debe simplemente parecer, sino que debe comprometerse con todas sus energías a ser.

La publicidad enseña en forma aberrante que no importa las deformidades que tengamos (el narigón del corto, pero extensible a deformidades morales y muchas otras), sino que lo que importa es el bien material que tengamos para ostentar.

Por supuesto, el mensaje sirve, tal vez, para vender una mayor cantidad de automóviles, pero de un modo maquiavélico, donde solamente importa el fin que se persigue y los medios se encuentran a su completo servicio, erigiéndose estos como un fin en sí mismos: el fin justifica cualquier medio. Con tal de vender más autos, cualquier medio y proceso se encuentra permitido. Bien por Fiat.