Liderazgo según Hugo Landolfi Rotating Header Image

Espiritualidad

Felicidad y desesperación en el mundo contemporáneo

Aristóteles decía que la felicidad del hombre consiste en la unión de su potencia de conocimiento más perfecta con su objeto propio. De este modo, para el estagirita, la felicidad se hace presente en el hombre cuando su potencia de conocimiento más perfecta, su inteligencia, se une con su objeto propio, la verdad. El contemplar la verdad de este mundo es, entonces, la actividad suprema del ser humano que lo conduce a la máxima felicidad, es la medida en que eso es posible en este mundo. La felicidad para Aristóteles es intramundana e inmanente al mundo por el sencillo hecho de que las verdades a conocer y a contemplar se encuentran dentro del mundo. Para Aristóteles este mundo se basta a sí mismo, siendo el único mundo en el que podremos vivir.

El teólogo y filósofo medioeval Santo Tomás de Aquino, glosando y completando al estagirita, agregó que solo la contemplación de Dios, suprema verdad trascendente, puede hacer plenamente feliz al hombre. Se pueden contemplar las verdades de este mundo, lo cual nos dará una cierta medida de felicidad. Pero solamente la contemplación de la Verdad suprema, Dios, nos hará plena y perfectamente felices. Dicha contemplación es ultra mundana, como también lo es la felicidad lograda. La contemplación plena de Dios no se da ya en la vida terrenal sino en la vida posterior a la muerte, a la cual esta vida terrenal debe ordenarse y supeditarse. Para el aquinate este mundo no se basta a sí mismo y, aunque tiene un pleno sentido y valor en sí mismo, lo que sucede en él se ordena al otro mundo, al que accederemos luego de la muerte del cuerpo.

Pero además de las potencias de conocimiento intelectuales, el ser humano tiene potencias de conocimiento sensibles que provienen exclusivamente de su cuerpo, al igual que los animales. Los cinco sentidos del cuerpo son las principales fuentes de conocimiento sensible. Estas potencias de conocimiento son las menos perfectas y menos jerárquicas del ser humano.

Si la felicidad consiste en la unión de la potencia más perfecta con su objeto propio, ¿qué puede suceder cuando se unen las potencias menos perfectas –las sensibles– con sus objetos propios? Aparece una delectación y un placer limitados, pobres, cuyos efectos son poco duraderos y escasamente satisfactorios para un ser de aspiraciones como es el ser humano. La desesperación y el tedio no tardan en aparecer dado que los placeres sensibles no terminan de satisfacer a un ser humano hambriento de “algo más”.

Por supuesto, los placeres sensibles del cuerpo son de acceso inmediato, más fáciles de obtener. Es lo que propone nuestra cultura: placeres a la mano, disponibles al instante. De poca cuantía por supuesto, pero disponibles inmediatamente. Alcanzar la felicidad que nos brindan la actividad intelectual es más arduo y no tan inmediato. Se requiere un esfuerzo constante durante algún tiempo para alcanzarlos. Por ejemplo, fumar un cigarrillo o tomar un trago de una bebida alcohólica causan un placer inmediato, comparados con la ardua tarea que conlleva a estudiar algún conocimiento filosófico humano.

Así las cosas, nuestro mundo contemporáneo se ha especializado en poner casi todas sus esperanzas para el logro de la felicidad en los bienes sensibles, corporales y materiales. El resultado es más que obvio: desesperación e infelicidad a mansalva; reincidencia constante en búsqueda infructuosa de la felicidad en los placeres sensibles que lleva al abuso de drogas legales e ilegales; una auto reducción de la vida humana a la animalidad; un hedonismo materialista exacerbado; etcétera. El hombre de hoy es un profesional del nihilismo pues es lo que la cultura imperante le propone. Y él se deja tiernamente conducir.

San Agustín, el obispo de Ipona, decía: “Nos hiciste para ti y nuestro corazón se encontrará inquieto hasta que descanse en ti”. ¿Podrán los líderes del mundo nihilista y materialista en que vivimos, sean ellos políticos, profesores, maestros de escuela y madres y padres, dar un golpe de timón para que sus liderados puedan comenzar a brevar de la fuente de la verdadera felicidad? Nuestra esperanza está puesta en ello.

¿Pero cómo habrán de hacer para ayudar a otros si ellos mismos, los mencionados líderes, tienen encarnados en sí mismos y en sus vidas estos modos materialistas de obrar y de ser? ¿No son, acaso, como ciegos que conducen a otros ciegos? Pobrecito este mundo; es conducido por ciegos, que conducen a otros ciegos directamente hacia el fondo del pozo. ¿Será por eso que Cristo dijo: “mi reino no es de este mundo”?

¿Dónde tenemos centrada nuestra vida?

Si el ser humano es, considerándolo fenomenológicamente, multidimensional, es decir que posee diversas dimensiones constitutivas, nuestra vida podrá estar centrada en cualquiera de ellas. Como un modelo preliminar de las dimensiones constitutivas del ser humano podemos decir que el mismo posee una dimensión corporal y física, una dimensión psíquico-emocional, otra dimensión mental-intelectual y por último una dimension espiritual.

La vida de cada persona en un determinado momento no puede estar centrada más que en una sola dimensión. Las más comunes, estadísticamente hablando, son las vidas centradas en la dimensión psíquico-emocional y en la dimensión mental-intelectual. Ambas corresponden al Ego, entendido este como la imagen que tenemos de nosotros mismos. No lo que somos (que lo da la visión espiritual) sino lo que creemos que somos.

Humildemente creo que si alguna finalidad posee esta vida terrenal, es ir migrando el centro de nuestra vida desde las dimensiones “menores” a las “mayores”, es decir, de las menos “evolucionadas” a las que más lo están, si se me permite la expresión. La aspiración máxima de nuestra vida debería ser, considerado este modelo, el centrar nuestra vida en la espiritualidad, alejándanoso cada vez más de la materialidad, sin por eso llegar a negar su importancia.

¿Dónde se encuentra el mundo de hoy? En las antípodas: centrados en el mundo del Ego, el mundo se debate entre el materialismo hedonista a ultranza y el nihilismo pesimista. Por eso el mundo está como está. ¿Ustedes qué opinan?

Relaciones entre la ciencia, la espiritualidad y la fe parte 1

La periodista Silvana Alvarez me hizo una entrevista para hablar sobre temas relacionados al ser humano como la expansión de la conciencia, las relaciones entre la ciencia y la espiritualidad, así como muchos otros. Ella se encuentra realizando un trabajo de investigación muy interesante al respecto para lo cual estuvo entrevistando especialistas en la materia. Al parecer, para ella yo soy uno de ellos ;) . A ver que digo en esta primera parte:


Por cierto, entre los datos que menciono, hay un error de fechas. ¿A ver quién lo descubre? El que lo haga se ganará una copia gratuita de mi libro “De víctima a protagonista“.

Desarrollando la intuición

Todos podemos desarrollar nuestra conciencia para incrementar nuestra intuición. Para ello debemos entender que nuestro sistema intuitivo nos está hablando todo el tiempo, a cada momento. Pero ¿realmente lo estamos escuchando? Escuchar la voz de nuestra intuición y comprenderla puede ser realmente crítico al momento de triunfar en la vida. Ya en tu trabajo, en tus relaciones, ya en tu creatividad, ya en tus planes al futuro: tu intuición siempre te guiará.

Afortunadamente podemos desarrollar esta habilidad en nuestro propio beneficio. Sin embargo esto requiere tanto de paciencia como de práctica. Se parece mucho a aprender un deporte nuevo o tocar un instrumento musical. Desarrollar la intuición es una inversión sumamente rentable, a corto y largo plazo.

Absolutamente todas las personas tenemos intuiciones, por lo que este desarrollo no es excluyente a ningún ser humano. Nuestra intuición es uno de nuestros sentidos innatos; esto quiere decir que nacemos con ellos, al igual que por ejemplo el olfato. Es un don natural. Utilizar esta intuición es algo muy natural: es aquello que las personas hacían antes de que hubiera teléfonos, celulares, mensajería instantánea y muchas otras formas de comunicación.

A continuación te presentamos algunos pasos breves para desarrollar este sentido tan importante:
Intenta con un poco de meditación. Un modo excelente de incrementar tu intuición es por medio de la meditación. Meditar es algo muy sencillo incluso para cualquier principiante. Simplemente siéntate en un lugar cómodo y concéntrate en tu respiración. Un principiante debería empezar con un período de 10 a 15 minutos de meditación. Realmente se ha probado que meditar mejora considerablemente la intuición.

Di una plegaria o una oración religiosa. Cuando nos conectamos con nuestra intuición, nos estamos conectando con Dios para pedirle su guía. ¿Qué mejor modo de iniciar este proceso que diciendo una plegaria o una bendición a Dios? La intuición no es un tema religioso pero sí es espiritual. Conectarte a tu lado espiritual también incrementa tu intuición.

Busca la clarividencia. La clarividencia es el medio que tiene tu intuición para enviarte imágenes a través del ojo de la mente. Es también un camino a la felicidad. Tal vez veas una imagen de tu hermana cuando intuyas que debes llamarla. O puedes ver una imagen del tipo de auto nuevo que sería más conveniente comprar para ti y tu familia.

Escucha a la clariaudiencia. La clariaudiencia es la intuición hablándonos en susurros y a veces en forma de música u otros sonidos armoniosos. Presta atención cuando tu intuición te envíe sonidos que te guían o te transmiten algún mensaje. Muchas personas tienen una intuición que les habla a través de sensaciones empáticas. Cuando eres empático usualmente sientes las emociones de las otras personas y sus condiciones físicas. Sientes lo que tu cuerpo está tratando de decirte acerca de las personas y del mundo que te rodean.

Conoce el clariconocimiento. El clariconocimiento es uno de los sentidos más interesantes porque las personas no sienten una sensación o ven o escuchan nada—simplemente saben cosas. Pero no saben realmente cómo es que saben aquello. Presta atención si en algún momento sabes de repente cosas a las cuales prácticamente no tienes acceso. Seguramente sea tu intuición hablándote por medio del clariconocimiento.

La espiritualidad en práctica

Hoy en día es comun oir hablar hablar de espiritualidad constantemente, ya sea en los diarios, las revistas y en otros medios de comunicación. Pareciera ser que se está convirtiendo en un movimiento muy poderoso, o en una moda. Pero he dejar en claro que cuando digo espiritualidad no estoy hablando necesariamente de religión, sino de algo completamente distinto. Al decir espiritualidad, hago referencia a una conexión con lo divino, y no con las instituciones divinas, lo cual es el caso de la religión; esta conexión es lo que muchos místicos llaman “unión con Dios”. Aunque no es del todo frecuente, es posible que esta conexión se realice a través de un camino religioso.

La paloma de la espiritualidad

Cierta vez, un pastor en una especie de organización de miembros de distintas religiones dijo que el ser pastor espiritual no convierte a esa persona necesariamente en un pastor exitoso. Dicha declaración dice algo profundo en sí misma, creo. La espiritualidad no es algo bueno si solo trata de mantener edificios o sistemas, los cuales son básicamente las pequeñas unidades de poder que todos necesitan con el fin de ser capaces de funcionar en la sociedad actual. Las personas espirituales recurren a otra fuerza de poder que es compartida por todos y todo.

Uno puede tener una gran carrera trabajando dentro de una institución religiosa, intentando adentrarse en el mundo de la espiritualidad. El propio espíritu puede secarse allí, y esto puede conducir a la desesperación, a la corrupción del alma, e incluso puede desencadenar enfermedades físicas y psicosomáticas que lleven a la muerte del individuo. Pero aún peor que ello, puede llevar a un cambio radical de pensamiento y a un endurecimiento del corazón que llevará a una posterior muerte espiritual.
Por eso reiteraremos que es importante entender la diferencia entre religión y espiritualidad.

Ken Wilber, el llamado filósofo de la conciencia, dice que en espiritualidad hay dos tipos de prácticas: traslativas y transformativas. Las primeras, las traslativas que según él corresponden a la religión, nos mantienen anclados en el mismo nivel en que nos encontramos, sin permitirnos progresar en la espiritualidad. Las segundas, las traslativas o de la espiritualidad genuina, son las que realmente nos hacen avanzar en el camino de la espiritualidad.

¿Qué es el Misticismo?

Más y más personas nos han estado preguntando últimamente “¿A que te referís con la palabra místico?” Parece que hay un montón de nociones borrosas y confusas y simples ideas erróneas sobre la palabra. Y, sin embargo, quizás es una de las palabras más importantes que apuntan hacia una verdad fundamental acerca de quiénes somos. El misticismo se relaciona con el tema sobre cómo podemos llegar a vivir dentro de la plenitud de nuestra verdadera naturaleza.

En un sentido muy real, porque el misticismo se refiere a la esencia de la vida, es audaz incluso para tratar de definirlo. Las palabras son insuficientes, a menudo en la forma de tratar de entenderlo. A lo que se refiere la palabra “mística”, es a una calidad de presencia que está más allá literalmente y antes que cualquier palabra. Sin embargo, y al igual que otros, nos sentimos obligados a tratar de acercarnos lo más que podemos a concebir su significado ya que habla de nuestra naturaleza original. Les pedimos perdón de antemano por la terrible insuficiencia del lenguaje y los límites de nuestra propia visión de estos reinos de un misterio infinito sagrado.

Un místico es alguien que, por encima de todo en la vida, desea saber, pero no en el sentido de saber intelectual, sino sobre la verdad más profunda de la existencia. El místico, sin embargo, mira más allá de un foco exclusivo o preocupado de esta supervivencia terrenal o auto actualización hacia algo más. Él busca descubrir la verdad más profunda de nuestro ser como almas encarnadas, a fin de comprender nuestro mayor potencial como reflejo de Dios, para hacer realidad nuestra plenitud en el terreno de todos. El interés primordial en la vida de el místico es descubrir la verdad, para conocer a Dios, para comprender toda la naturaleza del hombre. El místico ve todo lo que corresponde a la vida como una oportunidad abundante de descubrir, comprender y expresar lo Divino.

El Misticismo florece de una curiosidad insaciable de entender las preguntas esenciales de la vida: asuntos de Dios, de la creación, del infinito y del potencial humano de conocer la verdad. El místico es, en realidad, el último científico que, mirando más allá de lo aparente o evidente en todos los asuntos, pregunta: “¿Es esto que estoy viendo una realidad o ilusiones que derivan del temor?” “¿Qué existía antes de este sentido de realidad?” “¿Qué existía antes de mis construcciones mentales, mis creencias, mi propia identidad?” “¿Quién es este que observa y se auto refleja?” “¿Qué es la propia fuente de la vida?”