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Etimología de la palabra líder

Comprender en profundidad las raíces etimológicas del término “líder”, nos ayudará a adentrarnos en la comprensión de uno de sus significados más interesantes referidos a nuestro estudio. Existen dos orientaciones etimológicas con respecto al término que nos ocupa. El primero de ellos, más débil y discutido, corresponde a la etimología proveniente de la lengua latina. La segunda, tal vez la más aceptada, asumida por la Real Academia Española, corresponde a la consideración de la palabra líder como un anglicismo, es decir, una palabra derivada de la lengua inglesa, pero pasada al español a través de un proceso llamado barbarismo. Ambas etimologías, sin embargo, parecen encontrar un antecesor común en la lengua indoeuropea mediante la partícula leit de dicha lengua. En las lenguas sajonas, esta partícula ha sido encontrada con certeza como un antecedente de la palabra leader del inglés, no siendo la certeza aplicable en forma contundente a la raíz latina, pues algunos autores sospechan que la raíz latina antigua pudo tener como antecedente indoeuropeo a la mencionada leit, mientras que otros no creen que pueda provenir de dicha lengua. A continuación consideraremos ambas vertientes, ya que las mismas son pasibles de arrojar luz sobre el tema que nos ocupa.

Desde la etimología latina
La palabra “líder” podría encontrar su origen —recordemos que este origen es discutido— en la partícula “lid”, que proviene del latín lis-litis (nominativo y genitivo latinos, respectivamente). Su significación original en la lengua latina es: disputa, querella o proceso. De esta manera y según su etimología, el líder es quien inicia o se encuentra inmerso en una querella, disputa o proceso. Este significado es verdaderamente interesante pues, coloca al líder, no como alguien con una postura pasiva frente a la realidad, sino como alguien que tiene una postura activa de disputa mediante la cual, se supone, quiere cambiar algo de su entorno inmediato. Disputar, de cualquier modo, no necesariamente ha de significar pelea o riña, el cual es el sentido semántico más extendido en nuestros días. Si nos remitimos también a la etimología de esta palabra, encontramos dos partículas latinas de las cuales proviene. La primera, dis, significa separar o separadamente. La segunda, puto o putare, es un verbo latino que significa podar o limpiar. De este modo, una disputa es un proceso mediante el cual se separan o distinguen elementos de algo para limpiarlos o podarlos, para remover sus partes malas y nocivas. Si forzamos una aplicación de este sentido al liderazgo, el líder será, entonces, quien tendrá la claridad para separar o analizar algo en sus elementos constitutivos, de tal manera de separar los elementos nocivos, que no sirven e impiden su crecimiento. La palabra querella, también se encuentra relacionada coherentemente con la significación que venimos profundizando. El término querella proviene del latín querela, que significa queja o lamentación. Es justamente lo que sucede con la actividad del liderazgo, ya que, en los que no quieren cambiar, ni podar o separar de sí sus partes disfuncionales, se encuentra la queja, sobre la que debe actuar el líder.
Sintetizando, entonces, podemos decir que la palabra líder significa etimológicamente: actuar de manera tal de tener cierta lucidez para separar y distinguir las partes constitutivas de algo o de alguien, de tal manera de remover de ellas las que no son convenientes para su crecimiento y desarrollo, produciendo por este procedimiento cierta queja o dolor. En el líder, entonces, encontramos algunas notas características que pueden seguirse de su significado etimológico. El líder es el que ve, según cierta claridad mental e intelectual, lo que es disfuncional, incorrecto o inadecuado en algunas de las partes constitutivas de algo o de alguien. Este algo o alguien puede ser una persona, un proceso o una cosa. El líder, además de verlo, lo separa, lo quita y lo poda. De esta manera y según este modo de entender, el líder es el que remueve aquellas partes de las cosas, de las personas o de los procesos que les impiden crecer, desarrollarse y ser genuina y plenamente lo que son o aspiran a ser, en forma natural. El líder es un curador de personas y de cosas que no funcionan bien, ya que puede vislumbrar en las mismas lo que les impide progresar, y les ayuda a removerlo, no sin cierto dolor que puede producir quejas.

Uno de los aspectos más interesantes que surge de este estudio de la palabra que nos ocupa, nos orienta a que el líder ha de poseer una cierta capacidad intelectual especialmente desarrollada pues, para poder vislumbrar lo que ha de ser quitado, removido o podado de algo o de alguien, debe ser un experto conocedor de la naturaleza de ese algo o ese alguien. En el caso del liderazgo, al tratar con personas humanas, el líder debe ser un conocedor profundo de la realidad y naturaleza del ser humano, lo cual tratamos de explicar con cierta profundidad en el capítulo anterior. Aquí tenemos otra justificación de la razón de ser de dicha explicación. El líder debe ser un experto de todo lo que se encuentre relacionado con la naturaleza humana pues, ciertamente, debe liderar a personas humanas. Es con ellas, en el fragor del equipo, que puede lograr las visiones colectivas por él propuestas.
Por cierto, uno de los aspectos más nocivos y perjudiciales que se observan en las organizaciones de nuestros días, es el hallazgo de supuestos líderes —falsos líderes en realidad— que conocen poco y nada de la naturaleza humana. Ni siquiera, lamentablemente, se conocen a sí mismos, y aún así quieren liderar a otros. Se manejan torpemente como un elefante en un bazar, rompiendo y destruyendo elementos muy valiosos a cada paso. El líder genuino y auténtico debe ser un estudioso constante de la naturaleza humana, pero no solamente desde alguna de sus dimensiones, lo cual conducirá necesariamente a un reduccionismo, sino del conjunto de ellas. El líder debe ser un experto conocedor de la corporeidad del ser humano, de sus aspectos psíquicos y emocionales, de su estrato mental e intelectual y, por último, debe ser un experto en espiritualidad. Ya se dará cuenta el lector el por qué el liderazgo fracasa constantemente en nuestros días. Vive el constante drama de aspirar a liderar a seres humanos, pero no los es esencia y profundidad. No sabe qué son.

Desde la etimología sajona
Si consideramos a la palabra líder como derivando del inglés leader, la cuál es la acepción que toma, como dijimos, la Real Academia Española, debemos remontarnos a la consideración etimológica de dicha palabra. Leader significa, en su carácter verbal y en términos generales, guiar por un camino, servir como indicador de ruta y ser un canal o conductor para algo, entre otras acepciones.
Su etimología proviene del inglés medio leden, que a su vez proviene del inglés antiguo laeden, que a su vez encuentra su raíz en el indoeuropeo leit. Si profundizamos un poco más, podemos verificar que el término leader aparece alrededor del año 1300 mediante el vocablo ladere, que se forma con el vocablo ya mencionado leden, proveniente del inglés medio, sumado a la partícula –er, que designa a una persona o cosa que realiza la acción del verbo. Leden aparece por primera vez alrededor del año 1125 proviniendo del inglés antiguo ya mencionado laeden, que significa acto de ir con alguien. Finalmente se llega al indoeuropeo leit, significando avanzar o ir hacia delante.

De esta manera, y según lo que hemos mencionado, líder significa, según la etimología de la lengua inglesa, el acto de guiar para avanzar e ir para adelante. Ahora bien, el guía no es solamente el que conoce el camino sino también el que conoce las aptitudes y capacidades de quienes recorren el camino. Por esto, el líder no es solamente el que conoce el camino que le lleva desde el lugar donde está hasta el que desea estar, el camino de la misión, sino también el que conoce en profundidad las aptitudes de sus liderados. Por este motivo, dando otra prueba adicional a lo expuesto en el capítulo segundo donde decíamos que el líder debe conocer lo que es un ser humano, puesto que se ocupa de liderarlos, esta etimología nos demuestra la necesidad de tal conocimiento. En esto concuerda también con al etimología latina. Sus sentidos son similares. Así las cosas, encontramos otra prueba de que el líder ha de ser un experto conocedor de la realidad del ser humano, y del camino que desea ayudarle a recorrer.

La palabra guía proviene de una antigua raíz indoeuropea llamada weid, que significa ver. Este ver no es solo superficial sino profundo y contemplativo, ya que quien guía por cualquier camino de que se trate debe conocer con máximo detalle los menesteres y secretos del mismo. El guía es el que contempla y conoce en profundidad el camino, lo muestra, y ayuda a recorrerlo.

El líder es como un jardinero podador y guía de personas
Es menester remarcar aquí que las dos líneas etimológicas estudiadas, la latina y la sajona, llegan a una idea bastante común y similar de lo que es el liderazgo. Desde el latín decíamos que al líder le corresponde actuar de manera tal de tener cierta lucidez para separar y distinguir las partes constitutivas de algo o de alguien, de tal manera de remover de ellas las que no son convenientes para su crecimiento y desarrollo, produciendo por este procedimiento cierta queja o dolor. Desde la etimología sajona, proveniente del inglés, decíamos que al líder le corresponde el acto de guiar para avanzar e ir para adelante.

Todo este estudio etimológico antedicho nos lleva a plantear la metáfora de comprender al líder como una especie de jardinero que se ocupa de podar todo aquello que en las personas impide su crecimiento. Una vez hecho esto les ayuda a crecer y a desarrollarse, alcanzando el máximo de potencial de que es posible. Aquí aparece por primera vez uno de los sentidos más profundos de la esencial del liderazgo: el servicio. Si bien esto lo explicaremos con profundidad más adelante, podemos apreciar que una de las características esenciales del líder es ponerse al servicio de sus liderados. Para ello, como dijimos y lo volvemos a repetir por su capital importancia, ha de ser un experto conocedor de la naturaleza humana para saber efectivamente qué es lo que le ayuda a desarrollarse y qué se lo impide, cuáles son sus objetivos propios y la finalidad de sus vidas. El líder no puede desconocer cuál es el sentido último de la vida del ser humano. De este modo, profundizando la necesidad de que el líder, como dijimos, se ha de encontrar al servicio del desarrollo de sus liderados, ayudando a los mismos a remover o cambiar aquellos aspectos de sí mismos que le impiden crecer y perfeccionarse, y una vez hecho esto, guiándolos, como quiere la etimología sajona, a sus más grandes destinos de grandeza.

El liderazgo, entonces, no es una actividad que ha imponer conductas desde el exterior de las personas sino que, conociendo en detalle a las mismas, ha de estimularlos a quitar y cambiar desde dentro de sí, todo lo que le impida desarrollarse como ser humano. Esto puede entenderse desde el punto de vista, ya sea personal, relacional, organizacional o cualquier otro. Una vez hecho esto, debe guiarlas por el camino de alcanzar los logros propuestos y desarrollar en actos y en obras en el mundo todo su potencial posible.

Tomado del libro “La esencia del liderazgo” de Hugo Landolfi (de próxima aparición)
Por Hugo Landolfi

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