Liderazgo según Hugo Landolfi Rotating Header Image

Hugo Landolfi

¿Dónde tenemos centrada nuestra vida?

Si el ser humano es, considerándolo fenomenológicamente, multidimensional, es decir que posee diversas dimensiones constitutivas, nuestra vida podrá estar centrada en cualquiera de ellas. Como un modelo preliminar de las dimensiones constitutivas del ser humano podemos decir que el mismo posee una dimensión corporal y física, una dimensión psíquico-emocional, otra dimensión mental-intelectual y por último una dimension espiritual.

La vida de cada persona en un determinado momento no puede estar centrada más que en una sola dimensión. Las más comunes, estadísticamente hablando, son las vidas centradas en la dimensión psíquico-emocional y en la dimensión mental-intelectual. Ambas corresponden al Ego, entendido este como la imagen que tenemos de nosotros mismos. No lo que somos (que lo da la visión espiritual) sino lo que creemos que somos.

Humildemente creo que si alguna finalidad posee esta vida terrenal, es ir migrando el centro de nuestra vida desde las dimensiones “menores” a las “mayores”, es decir, de las menos “evolucionadas” a las que más lo están, si se me permite la expresión. La aspiración máxima de nuestra vida debería ser, considerado este modelo, el centrar nuestra vida en la espiritualidad, alejándanoso cada vez más de la materialidad, sin por eso llegar a negar su importancia.

¿Dónde se encuentra el mundo de hoy? En las antípodas: centrados en el mundo del Ego, el mundo se debate entre el materialismo hedonista a ultranza y el nihilismo pesimista. Por eso el mundo está como está. ¿Ustedes qué opinan?

Acción, reacción y creación

Gandhi decía que la acción tiene que ser una creación y no una reacción. Lo que quería decir, me parece, es que la reacción como respuesta a una acción tiene muy poco de creativa y de genuina, porque queda presa de la acción de la cual depende. De este modo, una reacción es siempre un acto muy condicionado por la acción ante la cual, justamente, reacciona.

Por eso, en nuestras acciones hemos de ser creativos, tratando de desprendernos de la influencia de las acciones que padecemos para comenzar a manifestar nuestro ser genuino y profundo a través de nuestros actos. Cuando nos pegan en una mejilla, decía Jesucristo, podemos también poner la otra mejilla, ser creativos, en vez de devolver el golpe, siendo reactivos. Un acto creativo habla de nosotros; un acto reactivo, en cambio, no habla de nosotros sino de la acción de otra persona de la cual depende. La reacción nos mantiene presos; la creación, en cambio, nos hace libres, genuninamente humanos.

Por Hugo Landolfi

Relaciones entre la ciencia, la espiritualidad y la fe parte 1

La periodista Silvana Alvarez me hizo una entrevista para hablar sobre temas relacionados al ser humano como la expansión de la conciencia, las relaciones entre la ciencia y la espiritualidad, así como muchos otros. Ella se encuentra realizando un trabajo de investigación muy interesante al respecto para lo cual estuvo entrevistando especialistas en la materia. Al parecer, para ella yo soy uno de ellos ;) . A ver que digo en esta primera parte:


Por cierto, entre los datos que menciono, hay un error de fechas. ¿A ver quién lo descubre? El que lo haga se ganará una copia gratuita de mi libro “De víctima a protagonista“.

Expansión de la conciencia y felicidad

Una de las acepciones que podemos utilizar para comprender aquello a lo que la palabra conciencia se refiere, implica asociarla con nuestro modelo interpretativo de la realidad. Así, nuestra conciencia, entendiendo por esto a todo el mundo del que somos concientes, y cómo es él mismo, es nuestro estado de conciencia actual.

Si también dijimos que nuestra capacidad de ser felices se encuentra relacionada con dicho modelo, podemos decir que el camino a la felicidad es un camino de expansión de la conciencia. Esta expresión, “expansión de la conciencia”, se refiere a un camino mediante el cual el modelo interpretativo de una persona se va ajustando cada vez más a la realidad. A lo que el mundo en verdad es y no a lo que creemos en nuestro modelo que es. Podemos asociar, entonces, la felicidad a nuestra capacidad para ser realistas, en el sentido de que nuestro modelo interpretativo, del cual nunca vamos a poder deshacernos, sea lo más fielmente parecido a la realidad. A modo de ejemplo podemos plantear una comparación: si el modelo interpretativo que poseemos de la realidad fuera como una fotografía de la misma, podemos decir que el mismo se ajustará tanto más a la realidad cuanto más realista sea la fotografía. El problema es que vivimos en mundos interpretativos notablemente distorcionados, los cuales si los comparamos con la realidad, no se parecen casi en nada. Por eso sufrimos y somos infelices, porque creemos que nuestro mundo distorisionado es el mundo real. Creemos que nuestro mapa es el territorio, pero hemos de recordar que el mapa siempre será un mapa, y que el territorio será siempre algo mucho más grandioso y extraordinario de lo que cualquier mapa pueda representar.

Ser felices se encuentra, entonces, al alcance de la mano. No es fácil, por supuesto, pero es posible. Debemos expandir para ello nuestra conciencia actualizando nuestro modelo intepretativo para que, cada vez más y paulatinamente, se parezca a la realidad.

Conciencia de la víctima y el protagonista

El modelo de víctima a protagonista, plantea y propone abandonar una de las mayores distorsiones interpretativas de las personas. El mismo se encuentra en la base de muchos problemas y sufrimientos de las personas, además que incluye el problema de la responsabilidad humana. Realizar el pasaje de víctimas a protagonistas, lo cual vamos a intentar ayudarlo a realizar, es simplemente un primer y pequeño paso en el camino de la expansión de la conciencia y, por ende, un gran paso en el camino de la felicidad.

Tomado del libro “De víctima a protagonista” de Hugo Landolfi

¿El líder nace o se hace?

Para quienes tuvieron inconvenientes en escuchar la entrevista sobre liderazgo que me hicieran en Radio Palermo, hemos subido la misma también a youtube. Les recuerdo que la misma trata sobre si el líder nace o se hace, y sobre qué es el liderazgo.

Entrevista sobre liderazgo a Hugo Landolfi en Radio Palermo

En días pasados me han realizado una entrevista radial en el programa Café Holístico, conducido por el Licenciado Pablo Nachtigall, que se emite por Radio Palermo de Buenos Aires. El tema del programa y de la entrevista fue el liderazgo, y me han realizado, entre otras, las siguientes preguntas: ¿Qué es el liderazgo? ¿Líder se nace o se hace? ¿Cuáles son los lugares u organizaciones donde es más importante el liderazgo?

Seguidamente podrán escuchar el audio de la entrevista completa y apreciar mis respuestas sobre el tema. Espero que escriban sus comentarios y opiniones.

¿Qué es el ser humano?: Un micro cosmos

El ser humano es un ser de tal magnitud que reúne en sí mismo, de una manera asombrosa y magistral, a las características y propiedades más descollantes y significativas de cada uno de los diversos reinos y dimensiones de lo existente, los cuales pueden ser solamente encontrados en forma separada y aislada —aunque estrechamente vinculadas—, en el extenso y maravilloso Universo en el cual vivimos. Sin embargo, conviene no confundir los reinos o dimensiones de lo existente, o sus características y propiedades, con sus correlatos en el ser humano. Son, de hecho, dos mundos distintos. Si consideramos propiamente al ser humano, sabemos que existe algo en él que es propio y característico del mundo de la materia; pero el ser humano considerado integralmente no es solamente eso, ni se logra definirlo y limitarlo si se lo identifica solamente con ello. Sabemos también que el ser humano incorpora en sí algo del mundo animal, incluyendo y trascendiendo a la vez al mundo material; pero tampoco él es solamente eso, ni ese aspecto logra tampoco definirlo y abarcarlo es su complejidad.

La dimensión mental dice también presente en él, pero la mencionada dimensión tampoco logra definirlo completamente ni termina por agotar la definición de lo que él en esencia es. Finalmente, el extremo dimensional más perfecto y evolucionado del Universo finito también se manifiesta en el ser humano. La dimensión espiritual se muestra en él de un modo contundente y, si bien la misma es una de las características esenciales de lo que significa ser humano, tampoco esto logra definirlo acabadamente, pues el ser humano no es solamente un espíritu, como muchos supuestos maestros de la nueva era nos quieren hacer creer sino, más bien al contrario, el ser humano es un ser multidimensional donde las principales características de todas las mencionadas dimensiones dicen presente, pero no logrando ninguna de ellas agotarlo y definirlo en sí mismo. Es necesario aclarar que entre cada una de las características mencionadas de las distintas dimensiones de lo existente existe una marcada jerarquía que nos provee un ordenamiento para ellas.

Algunos pensadores han propuesto que el ser humano es como un micro cosmos, es decir, un cosmos en miniatura, tratando de ilustrar el hecho de que en él conviven, de una manera sutil y genial, aspectos significativos de todas aquellas dimensiones anteriormente mencionadas del Universo. Y creemos que la metáfora es completamente válida para ilustrar lo que nos ocupa.

Por Hugo Landolfi

Pasos para construir la vida que deseamos

Paso uno: Aceptación de las circunstancias presentes y de la realidad.
Pararnos en nuestra propia verdad no implica un acto de juzgar a los demás, ni de asumir ninguna culpa, ni es algo por lo cual avergonzarse, sino que se trata de crear una vida auténtica en oposición a la vida superficial basada en las ilusiones y las decepciones de uno mismo. A veces debes admitir que tiendes a enfadarte cuando no consigues lo que quieres, o que siempre haces lo opuesto a lo que tu madre te dice que hagas, o que cuando llega la hora de un exáme no estudias todo lo que podrías. Aceptar la realidad de lo que somos es el primer paso para poder cambiar y mejorar eso que somos. Sin aceptación no hay cambio.

Paso dos: Aceptar la responsabilidad de tus acciones y tus palabras.
No fui yo, yo no lo hice. Estas frases tal vez puedan funcionar para un niño de cinco años pero no para un hombre de cuarenta. Si realmente fuiste tú quien hizo aquello, aprende de tu error, crece y sigue adelante. Si te ves constantemente en esta postura, nuestro libro “De víctima a protagonista” puede ayudarte a salir de allí.

Paso tres: Compromiso para entender y comprender las profundidades.
Anímate a hacerte las grandes preguntas existenciales como ¿quién soy? ¿De dónde vengo? ¿Cuáles son mis sueños, mis esperanzas, mis miedos? ¿Qué es lo que me detiene a estar donde deseo estar? Nuestro libro “Construye to obra y rómpete” puede ayudarte a reflexionar sobre estos temas.

Paso cuatro: Deja ir la culpa, la vergüenza, el orgullo y el ego.
El orgullo es el ancla que te mantiene fijado en el egocentrismo, lo cual puede hacerte creer que eres el centro del Universo y actuar en consecuencia. La culpa es la rama que cargas para golpearte a ti mismo cada vez que te equivocas. La vergüenza es lo que puedes sentir cuando descubres que, después de todo, eres humano.

Paso cinco: Construye firmes cimientos.
Cualquier cosa que construyas sobre cimientos débiles no durará demasiado. Elige cuatro piedras angulares para tu base que estén centradas en valores humano, como el amor, la integridad u honestidad, la compasión y tal vez la paciencia. Haz una reconstrucción total de tu sistema de creencias, una renovación espiritual descartando todo lo que no sirva a estos fines.

Paso seis: Busca las herramientas específicas que necesitas.
“Recuerda saltamontes, lo que un carpintero construye con su martillo una maestra lo construye con sus palabras”. No es una buena idea pedir prestado a tus vecinos sus herramientas, ya es hora de invertir en unas nuevas y que sean propias para dar tus propios frutos. Intenta algo diferente y si no funciona prueba con algo más, eventualmente encontrarás la herramienta que haga lo que estés buscando. No dejes de buscar tus propias y específiacas herramientas, pues sino te ocurrirá lo que dice la famosa frase: “Cuando la única herramienta que poseemos es un martillo, todo se parecerá a un clavo”.

Paso siete: La salud emocional y física cultivan la mente corporal.
El único camino hacia ellas es simplemente caminar hacia ellas, buscarlas sin detenernos y hacernos tiempo para dedicarle. Puedes enterrar tu cabeza en la arena todo lo que quieras, pero ello no impedirá que alguien pase por allí y te dé un cabezaso. Pero no hay necesidad de temer este nuevo camino puesto que ya tienes las herramientas necesarias para curarte. Aprende a ser tu propio curador; si no puedes, busca ayuda.

Paso ocho: La paz interior y silencio cultivan el espíritu.

La paz interior y el silencio espiritual llegan cuando aceptas quién eres en realidad, cuando sabes dónde estás y qué cosas te quedan por hacer. Es ese momento en el que deseas estar justo donde estás, cuando eres feliz.

Paso nueve: Despierta a tu conciencia.
Si prestas atención, te darás cuenta que estás despierto y mirando todo lo que la vida tiene para ofrecerte, incluyendo sus ilimitadas posibilidades, la dicha y sus bendiciones. ¡No más caminar dormido por tu camino de vida!

Paso diez: Camina por la vida con gracia, dignidad y gratitud.
Este es casi un imperativo y una obligación para el viaje de la vida.

Nos gustaría que compartas con nosotros cuáles han sido las herramientas que en tu vida te han ayudado a construir la vida que deseas. Escríbelo a continuación.

El modus operandi de los gestores de la Tv basura es análogo al del narcotráfico

Cuando hablamos de Modus operandi, nos referimos a una expresión que deriva de la lengua latina y que se utiliza habitualmente en la lengua castellana de uso cotidiano. Significa “modo de operar o de ejercer una actividad”. Implica la idea de un modelo operativo bajo el cual funciona algún tipo de organización, en función de la cual la misma es regida. Es un modelo —modus—, que además opera —operandi—, es decir, es un modelo cuyas actividades se hacen manifiestas en el mundo en el cual vivimos mediante obras y acciones específicas de sus actores y gestores. Estas acciones afectan de una determinada y particular manera a las personas que son objetivo de sus actividades y que, por ende, consumen sus productos o servicios.

Cualquier modus operandi, entonces, se puede representar y simbolizar mediante un conjunto de pasos operativos interrelacionados que, a la manera de un esquema productivo, desarrollan de principio a fin su actividad. Este modelo operativo interrelaciona, mediante diversos pasos o estadios, los modos y maneras en que los actores de un determinado proceso organizativo opera en un medio social determinado.

El modus operandi que vamos a considerar se puede aplicar a un conjunto de actividades que son todas análogas entre sí, es decir, que funcionan bajo un modelo operativo organizacional común. La diferencia entre ellas radica, sin embargo, en el producto o servicio específico que la operación promueve. Nuestro estudio demostrará que este modelo se aplica en forma análoga y similar en diferentes áreas del quehacer humano. Las áreas de las que específicamente nos ocuparemos son todas ellas nocivas para la salud y el desarrollo saludable del ser humano, como ocurre en las actividades relacionadas con la generación de contenidos televisivos de muy baja calidad —la TV basura—, en el ejercicio político dominado por argumentos falaces y sofísticos y en las actividades del narcotráfico, entre otras.
En principio podemos decir que el modelo que nos ocupa trata de la distribución y consumo, por parte de un segmento considerable de la sociedad, de un producto o servicio determinado. El producto o servicio en cuestión es esencialmente, en los casos que nos ocupan, nocivo para la salud, el bienestar y el desarrollo humano, considerando este no solamente desde el aspecto de la salud física, que sin duda se encuentra incluido, sino también abarcando los aspectos de salud psíquicos, emocionales, mentales y espirituales de la persona. De esta manera, entonces, este producto o servicio se descubre complemente nocivo para el funcionamiento actual normal y deseable, y para el desarrollo futuro del ser humano considerado integralmente, en sus distintas dimensiones.

El modus operandi puede resumirse en los siguientes pasos:
1) La existencia de un producto o servicio nocivo y perjudicial para el ser humano. Este producto o servicio es generado o producido por personas, grupos de personas u organizaciones que, en su operar y con relación al producto que ofrecen, tienen sin cuidado el bienestar y la salud del ser humano, ya sea que se trate de la salud física, psíquica, emocional, mental o espiritual. Su operar se caracteriza por una falta completa de escrúpulos y por violar sistemáticamente los valores más profundos que caracterizan a la especie humana.
2) El producto o servicio se ofrece mediante determinados canales de distribución, legales o ilegales, al público en general, pero recibe mayor adopción y es mayormente consumido por las personas que pertenecen a los estratos sociales más indefensos, de menores recursos económicos y que se encuentran más expuestos a conductas de riesgo. Esto significa que el consumo de estos productos se profundiza en los sectores de la población que son especialmente vulnerables a los mismos.
3) Existe un aval, connivencia o complicidad explícita o implícita de los organismos de control y de las personas que los conforman, ya sean estatales o privados. Estos organismos y personas son los encargados de velar por el cuidado y la seguridad de las personas correspondientes a los estratos sociales con mayor riesgo y vulnerabilidad, en las cuales el producto o servicio nocivo cala más profundamente. Estas personas y organizaciones, atentando contra la propia naturaleza de su función y contra la vocación de lo que han elegido, en lugar de ejercitar su acción de cuidado y protección, se corrompen y prostituyen, entregando en bandeja la cabeza de sus supuestos protegidos al lobo de turno.
4) La población en riesgo que consume el producto en general se hace altamente adicta al mismo, agravando su problema y haciendo cada vez más compleja su solución. Esto genera masas de consumidores dedicados y constantes de los productos o servicios nocivos, con el consiguiente perjuicio social.
5) Se produce un gran retorno monetario para los actores que generan el producto nocivo, una parte del cual puede ser destinado a comprar las voluntades de quienes, corrompidos y prostituidos, tienen que velar por el cuidado de las personas en riesgo.
6) El gran retorno de dinero hace que se reinvierta cada vez más en el producto inicial y en el pago de coimas a funcionarios corruptos, cerrando el círculo vicioso que ilustra esta actividad.

El siguiente esquema trata de ilustrar lo manifestado:

Modus Operandi del narcotráfico y la TV basura

El caso de la Tv basura
Que el modelo operativo precedente ilustre el funcionamiento de las organizaciones dedicadas al narcotráfico no le sorprenderá a nadie. Lo que sí puede sorprender es el hecho por nosotros verificado de que la generación de contenidos basura para la televisión sigue un modelo operativo idéntico. Cuando hablamos de los contenidos de la, así denominada, televisión basura, nos referimos a contenidos televisivos que, no solamente no educan al ser humano, sino que atentan contra su dignidad y valores más profundamente humanos. El hecho de que un programa televisivo no eduque al televidente, no necesariamente lo transforma en un exponente de la televisión basura, ya que existen muchísimos ejemplos de programas de excelente calidad que no necesariamente educan al televidente. De hecho, no se supone actualmente que la tarea primordial de la televisión sea educar, aunque este es un tema discutible.

Sin embargo, cuando la programación televisiva atenta, lisa y llanamente, contra los valores humanos más profundos, contra lo que específicamente de humano tiene el ser humano, estimulándolo a reducirse a sus aspectos más bajos y elementales, podremos tener un claro indicio de que nos encontramos frente a un exponente de la televisión basura. Todo ejercicio televisivo que no reconozca, honre y estimule el crecimiento y desarrollo del ser humano en forma integral, considerando sus aspectos físicos, psíquicos, mentales y espirituales, puede ser considerado genéricamente como televisión basura. Los ejemplos sobran. Entre ellos habremos de mencionar a los programas donde podemos apreciar un humor chabacano y de bajo contenido artístico, sin un guión o idea definida, caracterizado por insultos constantes y bromas de muy mal gusto. Programas donde las mujeres y los hombres, casi al borde de la más extrema pornografía, se desnudan en cámara a cualquier horario, ejercen juegos de alto contenido erótico y simulan relaciones cuasi sexuales. Programas que estimulan el juego de azar compulsivo, estimulando a sus televidentes a votar por las cosas más intrascendentes mandando mensajes de texto por celular. Etc., etc.

Todo el abanico de personas que se encuentra detrás de la ideación y realización de este tipo de programas, obsesionados por el rating y por los suculentos ingresos que dejarían de percibir si el mismo bajara, no dudan en violar y perimir todos los valores que hacen que el ser humano sea un ser humano y no un animal. Este tipo de programación procura un reduccionismo del ser humano, “animaliza” al televidente, ofreciendo solo alimentos de muy mala calidad para sus dimensiones más bajas.

El ser humano prostituido
La peor especie que opera detrás de estos sistemas viciosos, sin embargo, es la de las organizaciones y personas que se han comprometido y han manifestado su vocación de velar por la salud de las personas. Renunciando a sus propios principios, las venden al mejor postor. Ya que los productores y generadores de la televisión basura no necesariamente han de poseer la intención de cuidar la salud de sus consumidores, ni nunca han de haberse comprometido en ello, no son la especie más nociva, mediocre y pusilánime —de alma pequeña— de este perverso sistema, como sí lo son quienes, habiéndose comprometido a cuidar de alguien, no solo no lo cuidan, sino que lo entregan servido en bandeja a sus depredadores. Es el ser humano prostituido, profundamente corrompido, que vemos habitualmente ambular, entre otros muchos sitios, por los corredores de organismos de control televisivo, por juzgados y muchos otros entes de control.

La palabra prostitución deriva del término latino compuesto: pro y statuo. Pro significa “delante de”, y statuo significa “estar parado”, pero también significa disponer de uno mismo. Así, la palabra prostitución en principio nos remite a algo que está parado delante de…, algo que se ofrece, que se muestra, que está en venta. Así, esta primera acepción nos dice que la persona prostituida tiene algo para vender y se encuentra en una actitud de mostrarlo para venderlo, usualmente al mejor postor. También, comparativamente, prostituir significa profanar. Lo profano es lo que ha dejado de ser sagrado, lo corrompido.

Sintetizando, entonces, la persona prostituida es una persona que se encuentra en una actitud de mostrar algo que tiene en venta, buscando el mejor postor, a través de lo cual llega a corromperse, a dejar de ser sagrado, a perder su grandeza humana.

El hecho de prostituirse en el ser humano en general, responde a un modelo bastante sencillo y particular. En primer lugar ha de tenerse algo sumamente valioso para la esencia y naturaleza misma del ser humano. Recordemos que en el caso del ejemplo tradicional de la prostitución corporal sexual, las mujeres u hombres prostituidos poseen algún sumamente valioso para la naturaleza del ser humano, lo que en ese caso que su propia intimidad y sexualidad. Eso sumamente valioso, debe ofrecerse en venta a cambio de dinero u otro bien, logrando, al momento de llevar a cabo la transacción, perder eso valioso que poseía la persona. Esto le hace transformarse en un persona profanada y corrompida, renunciando por ese hecho a la posesión misma se eso sumamente valioso, y perdiendo parte de su dignidad como ser humano.

El funcionario que no vela por lo que se ha comprometido a cuidar, es la más execrable de las prostitutas ya que, emulando maravillosamente la actividad, se pavonea frente a los potenciales compradores del bien que cuida, entregándolo al mejor postor, renunciando a su visión y misión.

A veces pedimos a Dios que haga de este mundo un mundo mejor. ¿No somos acaso nosotros mismos, los seres humanos prostituidos, quienes hemos hecho de este posible paraíso un infierno?

Por Hugo Landolfi, filósofo
Este artículo puede descargarse desde este enlace. Puede distribuirse y copiarse libremente en la medida en que se cite siempre al autor y se realice un enlace a este sitio.

El árbol que no quería dar frutos

Existen árboles de todo tipo: los hay muy frondosos y fornidos, árboles que dan excelentes frutos en el momento del año adecuado. Estos frutos son un manjar para el paladar, y proveen nutrientes y vitaminas a todos los que los consuman.

Arbol con frutos

Hay otros árboles que crecen bastante, pero no son tan frondosos ni fornidos como los de la categoría anterior. Los árboles de este grupo dan bastantes frutos, pero la fruta no es todo lo jugosa y dulce que podría haber sido.

Hay otro grupo de árboles que no se desarrolla mucho, quedando más bien pequeño y dando muy pocos frutos. Los escasos frutos que da no pueden comerse debido a su acidez. Son ese tipo de frutos que la gente escupe cuando los prueba.

Arbol seco

Hay un último grupo de árboles que no se desarrolla en absoluto y casi no da frutos. Su existencia es casi completamente vana ya que no da ni ofrece aquello para lo cual vino al mundo.

Si nuestra vida humana pudiera compararse compararse con los grupos de árboles, en función de la calidad y cantidad de frutos que damos al mundo, ¿en qué categoría te podrías?