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Hoy quiero hacer unas breves reflexiones sobre el tema de la Televisión Basura, tema que preocupa notablemente a un grupo de personas de la sociedad contemporánea y que, de alguna manera, se halla presente de forma muy intensa en los horarios de la televisión de los distintos países, y que son programas que, en general, son mirados por chicos y adolescentes.

Voy a hacer algo inusual: voy a dejar de demonizar a la televisión basura en sí misma, los cuales son esos programas que en cada país tienen sus nombres propios y que cada uno conoce, y en cambio, voy empezar a reflexionar sobre qué nos pasa a nosotros, los seres humanos, que necesitamos o que nos abocamos a mirar este tipo de programas.

Quiero partir con un ejemplo muy elemental y que tiene que ver con el reino animal. Si nosotros vemos o tenemos un animal, un perro por ejemplo, y ese perro lo vemos que periódicamente come basura, tenemos dos maneras de mirar el problema de que el perro come basura: una manera implicará centrarnos en la basura y decir: “¿Qué pasa con la basura? Es mala la basura! Hay que eliminar la basura”. Otro modo implicará centrarnos en el perro y decir: “¿Qué le pasa al perro que come basura?”. ¿Qué pasa con él que come algo que le hace mal, que lo enferma y que lo daña?

Son dos enfoques completamente distintos.

Un modo dice: “Es mala la basura”, y se orienta hacia que el problema es la basura, a la cual hay que sacarla, hay que eliminarla del campo de acción del perro. Y otro modo es pensar en lo siguiente: “¿qué le pasa al perro que come basura?” Porque no es normal que coma basura, porque le hace mal, porque lo daña, porque lo enferma. Aquí el problema ya no será la basura sino el perro.

Y podemos llevar esto al caso que estamos pensando: El ser humano y la televisión basura.
Hablamos de la televisión basura en el sentido de programas de televisión de baja calidad, o de muy baja calidad, que van en contra de los valores y aspiraciones más profundos de los seres humanos, y que incluyen a todos los contenidos que ya conocemos de dudosa calidad, en la consideración de los cuales no vamos a detenernos porque no es el caso. Pero si nosotros vemos un ser humano abocado diariamente a mirar dos, tres, cuatro horas de televisión basura, ¿qué vamos a hacer? ¿Vamos a decir: “Es mala la televisión basura”; “Son malos los que hacen la televisión basura”; “Habría que prohibir los programas de televisión basura”?

Podremos decir también:
“Qué barbaridad este nuevo programa, miren lo que hacen, miren los demonios que han hecho este programa!”, refiriéndonos a los productores y a los conductores de este programa a los cuales a veces se los demoniza. Ese es un modo de plantear el problema, como ya digimos. Y el otro modo es: “¿Qué le pasa al ser humano, qué pasa en su corazón y en su alma con esa persona que pasa tantas horas mirando este tipo de programas?”.

Al igual que el perro que comía basura: ¿qué le pasa a este ser humano que come basura y que la mete por sus ojos y llena su alma y su corazón de este tipo de cosas? Y reo que aquí está la clave del problema. Digamos que no vamos a poder evitar nunca, como el perro no va a poder evitar encontrarse con basura cuando va caminando por la calle, encontrarnos con programas de muy baja calidad, pero sí vamos a poder evitar, o vamos a poder encontrar un camino para poder evitar, a través de la reflexión sobre lo que pasa en nosotros, consumir este tipo de programas.

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La pregunta, en definitiva, debe ser: ¿Qué pasa en las familias donde los padres permiten a los hijos ver programas de televisión basura? ¿Por qué los dejan alimentarse con basura, llenar su alma de cosas malvadas o de contenidos de baja calidad? ¿Qué pasa en ellos? Olvidémonos de la basura; orientémonos a preguntarnos qué pasa en el ser humano, en su corazón.

Y de este modo, si nosotros pensamos de esta manera, en realidad debemos agradecerle a la televisión basura. Yo creo que hay que agradecerle. Como hay que agradecerle a la basura que come el perro.

¿Por qué? Porque si yo veo al perro comiendo basura, me voy a dar cuenta que el perro está enfermo. Entonces yo le puedo agradecer a la basura que me haya mostrado que el perro está enfermo, porque si no hubiera existido la basura, yo no me hubiera dado cuenta. No hubiera visto el síntoma que me muestra la enfermedad. El síntoma no es la enfermedad sino un producto de la enfermedad, y generalmente confundimos el síntoma con la enfermedad.

Del mismo modo tenemos que agradecerle a los gestores de la televisión basura que hagan sus miserables programas porque, cuando nosotros consumimos esos programas, podemos darnos cuenta de que nuestro corazón y de que nuestra alma está enferma. Y por eso debemos agradecerles, porque nos invitan a recorrer un camino para descubrir qué nos pasa a nosotros que consumimos esas cosas que nos hacen mal, que nos dañan, que no nos ayudan a crecer, que nos hunden en la depresión, que nos hacen peores seres humanos. ¿Qué pasa con nosotros que consumimos eso? ¿Qué pasa en las familias donde es un hábito durante la cena mirar ese tipo de programas? ¿Qué pasa con estas familias!!!!?

Este es el síntoma no es la enfermedad. La enfermedad está en el corazón del ser humano.

Entonces la idea de estas reflexiones es poder empezar a descubrir que no es mala la basura, ni es mala en sí misma en un sentido que hay que eliminar la televisión basura. Dejémosla porque no la vamos a poder eliminar. Lo que sí vamos a poder cambiar es lo que está en nuestras posibilidades de acción, en nuestro obrar. Nosotros vamos a poder descubrir qué pasa en nosotros que necesitamos llenarnos con estas cosas. Debemos descubrir qué vacíos estamos cubriendo con estos sistemas de evasión y de menosprecio de la naturaleza humana.

¿Qué pasa en nosotros? Esta es la pregunta primordial.

Y este camino es el que tenemos que recorrer: el camino de descubrir qué pasa en nosotros. ¿Qué sentido tiene nuestra vida, qué sentido tiene la de nuestra familia? ¿Realmente amamos a nuestros hijos si los dejamos exponerse a este tipo de programas? ¿Cuál es la enfermedad que tenemos por la cual comemos y nos alimentamos de basura? ¿Cuál es la enfermedad de nuestra alma? ¿Cuál es, el sinsentido, la depresión, cuál es? Eso es en lo que hay que indagar y, en todo caso, nos mostrará lo que hay que curar.

No nos propongamos eliminar la TV Basura, agradezcámosle que nos muestre la enfermedad de nuestra alma porque al mostrárnosla vamos a tener la posibilidad de curarla, de descubrir cuál es esa enfermedad y de recorrer un camino de sanación.

Es fácil demonizar a la TV basura o a sus creadores. Lo difícil es mirar para adentro, a nuestro interior, y comenzar a reflexionar sobre nuestra contingencia existencial, sobre nuestra vida limitada, sobre el sentido de la misma y sobre lo que queremos para la misma.

La hora de evadirse culmina cuando tú lo decides.

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