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Se sugiere para una
alimentación balanceada mantener
y respetar los
horarios de comidas, ya sea
almuerzo o cena, de un día
para otro y no saltearse ninguna
de ellas.
Distribuir
la alimentación en
cuatro
ó cinco ingestiones de comidas al día (desayuno,
almuerzo, merienda y
cena).
El desayuno mañanero:
Recomendamos
levantarse y salir de la cama con tiempo
suficiente para
dedicarse a las obligaciones de
aseo y cuidado personal
(incluyendo el lavarse los
dientes) antes de
tomarlo para así despertar el hambre. Un desayuno
balanceado tomado a las apuradas es
igual a un
desayuno pobre; por lo tanto es
necesario dedicar el tiempo
necesaria para sentarse y evitar
el combinar la ingestión del desayuno
con otras distracciones como por
ejemplo, leer el diario.
Tener presente que esta comida
es una de las más
fundamentales del día. Se debe
agregar al menos un lácteo y
algunos cereales (galletitas, cereales,
pan tostado, panes variados,
etc.). Si además se incluyen
jugos de frutas, mucho mejor.
El Almuerzo y la meriendas de
la tarde: evitar
los productos de producción
industrial, snacks, y bebidas
colas o gaseosas pues son
productos y alimentos que llenan,
es decir, producen sensación de
saciedad, pero que
no nutren ni alimentan (alimentos
con un
elevado contenido de
calorías).
Se debe facilitar la ingesta de
panecillos preparados en casa,
jugos y productos derivados de
la leche, sin
abusar de los embutidos, salames
y quesos con alto contenidos de
grasas. |
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