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Como ya dijimos, las comidas
rápidas están cada vez más a
nuestro alcance, y un factor
importante es que no son nada
favorables para nuestro cuerpo,
pues tienen un alto contenido de
grasas, azúcares y sodio, entre
otros.
Lo que deberíamos intentar es
evitar estos alimentos buscando
alternativas más sanas como
ensaladas, lácteos y derivados,
carnes magras etc. O, si
deseamos comerlas, lo ideal es
de una forma moderada y
esporádica. Se recomienda
principalmente acompañarlas, con
ensaladas, y no condimentarlas
con demasiados aderezos.
Las comidas rápidas han sido
la solución aparentemente justa
para la problemática del tiempo
mal empleado. Siempre están
listas, tienen precios
razonables y son alternativas
fáciles y disponibles para
cocinar en casa.
Pero todo tiene alguna
desventaja y la lista
correspondiente a la alimentación rápida es bastante extensa.
Fundamentalmente, se
caracterizan por: un alto
contenido de calorías, grandes
cantidades de grasas (en las que
se incluyen, también en grandes
cantidades: las grasas
saturadas, las hidrogenadas y un
esteroide, que en exceso causa
problemas a nuestro sistema
cardiovascular, el colesterol) y
así mismo enormes cantidades de
sal y, en el caso de las
gaseosas, de azúcar. Además,
debemos mencionar el enorme
tamaño de sus porciones, que
aumentan a casi el doble todos
estos ingredientes.
Sin
embargo, según los
especialistas, a diferencia de
las dietas para los adultos, las
de los
adolescentes nunca deben
ser restringidas, sino que la
clave principal es el
equilibrio. Con esto queremos
decir que pueden consumirse
comidas chatarras, por ejemplo
una vez por semana, pero deben
ser equilibradas luego con otros
alimentos sanos dentro del menú
hogareño. |
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