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Las
arterias coronarias son aquellas
que suministran sangre al
músculo del corazón el cual es
habitualmente llamado miocardio. En el
momento en que estas se
obstruyen se produce el infarto
de miocardio, conocido también
como necrosis del músculo
cardiaco. Se manifiesta
principalmente por un dolor
brusco e intenso en la zona del
pecho, el cual se irradia hacia
los hombros, los brazos y la
espalda. El dolor suele estar
acompañado de una sensación de
opresión. Estos síntomas suelen
ser los mismos que los que se
perciben durante la angina de
pecho, pero el malestar es más
intenso. En muchos casos es
posible que no aparezcan
síntomas de dicha afección. En
este caso se diagnostica por
casualidad, durante la
realización de un
electrocardiograma en un chequeo
rutinario.
Si el paciente no recibe
tratamiento inmediato, el
infarto puede complicarse e
incluso derivar en una detención
cardiaca o en una insuficiencia
cardiaca aguda. Otras
complicaciones que pueden surgir
tras un infarto de miocardio son
el edema de pulmón o los trastornos
del ritmo cardiaco (arritmias).
En caso de sufrir una necrosis
del músculo cardiaco se administra en primer lugar, un analgésico potente acompañado de oxigeno. Luego, es imprescindible eliminar el coágulo que se forma en el interior de la arteria mediante una inyección intravenosa o por perfusión de un fármaco trombolítico
(un medicamento que disuelve el
coagulo).
Este método es eficaz solo si se aplica durante las 6 horas
inmediatamente siguientes al infarto. De caso contrario, se pueden presentar efectos secundarios y contraindicaciones. Otros fármacos que pueden ayudar como complementos o alternativas de los anteriores son los anticoagulantes y los antianginosos. Si estas medidas son insuficientes, es necesaria la revascularización urgente que puede lograrse mediante una angioplastia coronaria transluminal percutanea o por medio de la derivación aortocoronaria, mejor conocida como bypass
coronario. |
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