|
La visión que ha inspirado la
fundación de nuestra escuela y el desarrollo de los cursos que en ella se
imparten tiene su piedra angular en un objetivo que es el último y el más
importante de nuestro sistema pedagógico: constituirnos —a nuestra vez—
como agentes de enseñanza, maestría, coaching y liderazgo para despertar y
poner en práctica la grandeza dormida dentro de los seres humanos se
acerquen a nosotros con ansias de excelencia y perfeccionamiento.
Esta visión radica en un entendimiento sustancial: es el ser humano una
criatura que llega al mundo cargando un destino de amplitud y grandeza,
con una capacidad intrínseca para alcanzar metas y logros significativos…
pero con todas las potencialidades y capacidades necesarias para recorrer
el camino y alcanzar tales resultados dormidas.
La palabra “dormidas” —la cual aquí se utiliza de manera metafórica— desea
significar el hecho de que para el ser humano el hecho de traer al mundo
toda esa grandeza que radica dentro de él requiere inexorablemente de un
entrenamiento constituido por prácticas y hábitos determinados y
específicos. Estas prácticas y hábitos sólo son posibles —fundamentalmente
durante los primeros trancos del camino— a través de una enorme convicción
y dedicación, a la vez que de una relación de enseñanza, maestría y
liderazgo externos.
El hecho de ayudar a las personas a “despertar” y poner “en juego” la
grandeza que duerme dentro del propio ser redundará —lo cual, al mismo
tiempo, forma parte de nuestra visión— en la conformación de ámbitos más
perfectos y plenos, donde actúen las mencionadas personas. Entre estos
ámbitos podemos incluir, a modo de simple ejemplo, la atmósfera familiar,
el espacio empresarial y laboral, el contexto social y cultural de la
ciudad y población donde las personas residan, las relaciones de amor y
amistad, los vínculos de parentesco, etc., esferas de relaciones todas que
irán evolucionando hacia un grado de desarrollo y plenitud mucho más
elevado.
|